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Qatar 2022, el Mundial más compacto de la historia: los estadios y cómo planifican el proyecto en el desierto

logotipo de LA NACION LA NACION 16/07/2018 LA NACION
Un vendedor muestra la Copa del Mundo en el mercado de Doha © LA NACION Un vendedor muestra la Copa del Mundo en el mercado de Doha

Fútbol en menos de un mes y ocho estadios en un radio que apenas supera los 40 kilómetros. Tras la aventura por el extenso territorio ruso, Qatar protagoniza el día después, mientras espera que su proyecto llegue con vida de acá a cuatro años y medio. La cuenta atrás transforma en una eternidad los 1587 días que faltan para el 21 de noviembre de 2022. Con la excepción de la suspensión por la Segunda Guerra Mundial, jamás se esperó tanto entre una Copa del Mundo y la siguiente. Con puntos de contacto con Rusia en cuanto a denuncias y sospechas, en el camino a Qatar se reflotarán los sacudones, más allá de que Moscú haya despedido un certamen que no mostró grietas desde la organización. Será otra previa que estará bajo la lupa. En caso de superar la presión internacional, en 2022 llegará el Mundial imposible, el de la billetera inagotable. El Mundial más compacto de la historia.

Con actividad durante 27 días, el domingo elegido para la final no es casualidad: el 18 de diciembre se celebra el Día Nacional de Qatar, la fiesta popular por excelencia de un país que tiene una superficie que equivale a la mitad de la provincia de Tucumán.

El desierto que será Mundial

Más fuerte, más alto, más lejos. Y más verde. Qatar crece a un ritmo frenético, entre autovías, arquitectura de vanguardia y un crisol de razas que se relaciona bajo el mandato del inglés. Y con una costanera desde donde se podría trazar una perfecta división arquitectónica de cada costa de la bahía. Al sur sobresalen el Museo del Arte Islámico y el tradicional mercado Souq Wakif. Al norte, con el Sheraton como piedra basal, se divisa el skyline perfecto.

Los árboles y el agua de los rociadores están transformando el desierto en una gran extensión de césped y palmeras. Viveros que trabajan a ritmo industrial y más de 10 mil árboles de todo el mundo están cambiando el paisaje. Mismo plan para los ocho estadios presentados: grupos de investigación trabajan para probar los campos de juego. Una idea que no tiene ayuda de la naturaleza: el pico de lluvia en Doha es de 14 milímetros en enero. El total anual apenas supera los 71 milímetros. Para noviembre y diciembre, la temperatura promedio estará en los 25 grados, un Mundial en invierno algo distinto al que se vivió en Sudáfrica 2010 o Argentina 1978.

Qatar 2022 se apoya en un plan titulado "Las 7 C": compacto (distancias que permitirán ver todos los partidos saltando de estadio en estadio), conectado (están construyendo líneas de subte y el tren de alta velocidad), de legado sustentable (llamado "catálisis"), sin emisiones de carbono, con centros de excelencia, con cultura y creatividad, y con "The Corniche" -la costanera de Doha- como punto de conexión. Con estadios y fan fest donde se controlará la temperatura, con escenarios desmontables (el estadio Ras Abu Aboud podrá trasladarse a otra ubicación o convertirse en múltiples instalaciones), y otros con innovaciones como "la sala de estimulación sensorial" (un espacio especial para personas con dificultades para el aprendizaje).

"Creo que lo que pasó en Rusia cambió la percepción a futuro", apuntó Fatma Al Nuaimi, directora de comunicación de Qatar 2022, en diálogo con la prensa en Moscú. Al Nuaimi no le esquivó a dos temas que giran alrededor del próximo Mundial: las leyes laborales y la religión. "Qatar progresó mucho en lo que respecta a los derechos laborales", dijo. La crítica internacional le apunta al "kafala", el sistema que obliga a los trabajadores inmigrantes a tener un responsable de su condición jurídica, a quien le entregan el documento. Amnistía Internacional habla de "explotación corporativa", mientras que informes sindicales calculan miles de muertos en las obras. "En 40 años de vida crecimos y nos desarrollamos más que otros países que llevan siglos", destacaron hace tres años en una reunión a la que tuvo acceso LA NACION en las oficinas del Supremo Comité para el Desarrollo y el Legado de Qatar. Desde el ministerio se defienden ante las consultas sobre las condiciones laborales de la mano de obra que llega desde Nepal, Pakistán, India, Sri Lanka, Kenia o Filipinas (de los 2,5 millones de habitantes en la península, solo 300 mil son qataríes). Una auditoría laboral a la que tuvo acceso el New York Times en el último mes encontró trabajadores con 72 horas semanales de ocupación y 124 días consecutivos sin descanso. Eso sí, algunas voces críticas empezaron a bajar la voz en los últimos tiempos: la Organización Internacional del Trabajo retiró una queja formal presentada en 2014, mientras que desde Qatar aceptaron un acuerdo de cooperación.

El otro punto en la mira es el alcohol, prohibido por el Islam. Es una afrenta consumirlo en las calles, y no se consigue en los bares. Solo se puede comprar en los hoteles y a precios exorbitantes. "Durante el tiempo que dure el Mundial estará disponible en áreas designadas", informaron desde el comité organizador. La prensa británica ironizó que "los lugares lejanos específicos" no va a ser otra cosa que "enviar a los fanáticos a tomar alcohol al desierto". En la FIFA, con una cervecera como socia comercial, aguardan señales qataríes.

Moscú ya es historia. Y se suma a una lista que incluye a sedes emblemáticas de finales como Roma, Berlín, Montevideo, Buenos Aires, Londres o Río de Janeiro. Ahora espera Lusail, un proyecto inmobiliario ubicado a 27 kilómetros de Doha que tendrá un estadio para 86 mil espectadores, edificios para 450 mil habitantes, y 22 hoteles. Hasta ayer arena, ahora es un obrador que apunta a ser un distrito de lujo. El fútbol dejará atrás la tradición para mudarse a Lusail, la ciudad que todavía no existe.

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