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El "espía sin nombre" que declara por la muerte de Nisman

logotipo de Clarín Clarín 11/09/2018 clarin.com
Acto en el Cementerio Israelita de La Tablada, a tres años del asesinato de Alberto Nisman. Fotos Alfredo Martinez © Proporcionado por Arte Gráfico Editorial Argentino S.A. Acto en el Cementerio Israelita de La Tablada, a tres años del asesinato de Alberto Nisman. Fotos Alfredo Martinez

El espía sin nombre entró al caso Nisman por la ventana, casi tres años después del crimen del fiscal, y quedó en un rincón del expediente. Diez meses después, la Justicia lo buscó y lo encontró: el fiscal Eduardo Taiano lo citó a declarar para este miércoles a las 10 en la causa en la que investiga la muerte de Nisman. Una muerte que para la Justicia, hoy, es un asesinato.

El espía sin nombre tiene un apodo, Cato, y fue nombrado por primera vez en la tercera declaración de Rubén Benítez, el principal de los custodios que debían cuidar a Nisman el fin de semana en que lo hallaron muerto.

Aunque Benítez declaró en el caso el 20 de enero de 2015 -sólo dos días después de la muerte de Nisman- recién se refirió a Cato en noviembre de 2017.

Contó que un día Nisman se lo presentó en un auto de la ex SIDE que usaban para custodiarlo. Y que él no hablaba mucho con el custodio sin nombre “porque yo le esquivo a esa clase de personas”.

Contó que Cato se sumó a reforzar la custodia de Nisman -en la que Benítez estaba desde 2003- junto con otro hombre de la ex SIDE apodado “Chiquito”, y que ellos "siempre viajaban en el asiento de atrás".

Según Benítez, todo esto fue después del juicio de la AMIA que terminó en 2004. Cato siguió en su función durante más de un año hasta que un día, en la puerta de la UFI AMIA, Nisman le dijo que se volviera a su destino y Benítez no lo vio nunca más.

Eso es lo que Benítez declaró.

Para la Gendarmería, las manchas de sangre en el lavatorio del departamento de Nisman prueban que el fiscal estuvo de rodillas y que fue asesinado en esa posición, frente a la bañera. © clarin.com Para la Gendarmería, las manchas de sangre en el lavatorio del departamento de Nisman prueban que el fiscal estuvo de rodillas y que fue asesinado en esa posición, frente a la bañera.

Luego admitió que, después de eso, Cato lo llamó "un par de veces" para ir a tomar un café pero que él, insistió, nunca más tuvo contacto con él. Se desprende del relato que eso debió ocurrir en 2005, a lo sumo 2006.

Los dichos de Benítez quedaron así hasta junio pasado, cuando uno de los informes reservados de la Policía Federal sobre entrecruzamiento de llamadas le advirtió a la fiscalía de Taiano que Benítez había hablado por teléfono con un hombre de apellido Carnero o Garnero el lunes 19 de enero de 2015, cuando el país se despertaba conmocionado por la noticia de la muerte de Nisman.

Carnero o Garnero era el apellido de Cato, según chequeó luego la fiscalía con los registros de la SIDE.

Recién allí el espía sin nombre tuvo identidad. Ese nombre completo -que ahora se reserva por razones legales- es idéntico al titular de la línea con la que Benítez habló al día siguiente de la muerte de Nisman y apenas un día antes de que él mismo fuera a declarar en la causa por primera vez.

Fue una llamada de dos minutos de duración, cerca de las seis de la tarde.

Si Benítez y Cato interrumpieron todo contacto luego de que el espía se fuera de la custodia de Nisman, en 2005, ¿por qué hay un llamado entre los dos al día siguiente de la muerte del fiscal, en 2015?

Y si fue un llamado que sólo buscaba información sobre lo que había ocurrido con Nisman, ¿por qué Benítez lo ocultó y sólo fue descubierto por el trabajo de la Policía Federal, varios meses después?

Lo que creen en la fiscalía es que si el asesinato de Nisman pudo ser organizado y ejecutado en algún estamento de los servicios de Inteligencia porque el fiscal había denunciado a la ex presidenta Cristina Kirchner -como ordenó la Cámara Federal que se investigue-, el llamado oculto entre un espía y el principal custodio de Nisman podría arrojar algún dato para la hipótesis de una "zona liberada" durante el fin de semana en que ocurrió el crimen.

Benítez fue el policía que salió a decir que Nisman le había pedido un arma durante un encuentro que tuvieron a solas.

Es lo mismo que luego dijo Diego Lagomarsino -dueño del arma con la que mataron a Nisman-, ahora procesado y con prisión domiciliaria por ser considerado partícipe necesario del crimen.

Benítez lo declaró al día siguiente de su llamada secreta con Cato, el "espía sin nombre" que llega ante la Justicia este miércoles, más de tres años después de la muerte del fiscal.

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