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Alemania va a las urnas y Merkel está a un paso de otro mandato

logotipo de Clarín Clarín 23/09/2017
PTB10. Putbus (Germany), 23/09/2017.- German Chancellor Angela Merkel (C), the leader of the German Christian Democratic Union (CDU) and top candidate for the general election, visits the tractor exhibition during an election campaign tour to a Thanksgiving funfair in Lauenburg part of Putbus in Mecklenburg-Western Pomerania, Germany, 23 September 2017. Angela Merkel is on election campaign tour for the general elections which are scheduled to be held on 24 September 2017. (Elecciones, Alemania) EFE/EPA/CARSTEN KOALL © Proporcionado por Arte Gráfico Editorial Argentino S.A. PTB10. Putbus (Germany), 23/09/2017.- German Chancellor Angela Merkel (C), the leader of the German Christian Democratic Union (CDU) and top candidate for the general election, visits the tractor exhibition during an election campaign tour to a Thanksgiving funfair in Lauenburg part of Putbus in Mecklenburg-Western Pomerania, Germany, 23 September 2017. Angela Merkel is on election campaign tour for the general elections which are scheduled to be held on 24 September 2017. (Elecciones, Alemania) EFE/EPA/CARSTEN KOALL

Alemania elige mañana un nuevo gobierno con el desafío de sostener la estabilidad en la Unión Europea, consolidar el crecimiento económico pese a la corriente proteccionista del otro lado del Atlántico y mantener a raya el avance de la extrema derecha, que podría llegar al Parlamento federal por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y convertirse en una fuerte oposición legislativa.

Más de 61,5 millones de votantes están convocados a las urnas en unas elecciones que probablemente abrirán un cuarto mandato de Angela Merkel al frente de la cancillería en Berlín. Ocupa ese puesto desde hace doce años. Según las encuestas, entre el 35 y el 38% de los alemanes apoyará a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y sus socios de la bávara Unión Social Cristiana (CSU). Como en Alemania no se forman gobiernos de minoría, la única incógnita es saber quién será su próximo socio de coalición en el ejecutivo.

El principal “pretendiente” de Merkel es el Partido Democrático Libre (FDP): los liberales esperan consagrar su regreso a la cámara baja y al poder para impulsar una agenda más dura con el sur de Europa (proponiendo por ejemplo que Grecia deje la eurozona) y también una política de fronteras cerradas e inmigración seleccionada según las necesidades de las empresas. Los sondeos dan alrededor del 10% de los votos a los liberales del FDP. También es posible que a ese “matrimonio” se les sumen Los Verdes, que aparecen con el 8% de intención de voto.

Otra opción es la continuidad total que representaría una coalición entre los cristianodemócratas de Merkel y el Partido Socialdemócrata del expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. Los socialdemócratas gobernaron durante ocho de los últimos doce años (2005-2009 y 2013-2017) como socios menores del ejecutivo, bajo el mando de Merkel y la CDU/CSU. Así y todo, intentaron presentarse como el cambio, un discurso que no prendió. Las encuestas les dan entre el 20 y el 24% de intención de voto.

Pese a los esfuerzos de Schulz por denunciar la creciente desigualdad, la campaña electoral alemana estuvo lejos de plantear una dicotomía entre dos modelos de país. En un contexto de sostenido crecimiento económico, bajo desempleo y estabilidad política, los grandes partidos solo discutieron superficialmente si más o menos igualdad o más o menos impuestos, pero sin peleas ideológicas de fondo. Temas como la extendida precariedad laboral, el aumentado riesgo de descenso de la clase media y la creciente pobreza en la vejez o en la infancia surgieron solo a partir de los reclamos de la gente que acudía a los actos electorales o a las tertulias de televisión.

El ambiente se fue calentando sobre todo con el ascenso de la Alternativa para Alemania (AfD). El ruidoso protagonismo de este partido étnico-nacionalista estuvo marcado por los grupos organizados que abuchearon a Merkel en los mítines en todo el país. Al mismo tiempo, sus líderes traspasaron todas las líneas rojas de la corrección política y el alto nivel de respeto habitual en la política alemana. Los candidatos Alexander Gauland y Alice Weidel hicieron de la provocación y el escándalo una estrategia de márketing, logrando dominar las redes sociales con sus salidas racistas y exabruptos revisionistas. Gauland por ejemplo llamó a “desechar” en Anatolia a una dirigente de origen turco y Weidel (una mujer joven y lesbiana que funciona de anzuelo en un partido mayoritariamente masculino, ultraconservador y viejo) advirtió de que solamente su partido es capaz de proteger a los gays de la “amenaza” que representan los inmigrantes musulmanes.

Con la AfD en el centro de la escena, el debate de la campaña electoral se centró en los temas socioculturales como la integración de refugiados o el papel del islam, lo que da un indicio de cuál podría ser la deriva de la política alemana en la próxima legislatura.

Los sondeos dan a la AfD alrededor del 10 por ciento e incluso el tercer lugar en las preferencias de los votantes. Su presencia como primer grupo opositor en la cámara baja podría influir en la continuidad de la política alemana hacia la Unión Europea en pleno proceso de divorcio de Gran Bretaña y también ahondar las diferencias entre los países del oeste y del este por los refugiados y los del norte y del sur por la crisis de la deuda. En política económica, los ultraderechistas apuestan a la libertad de mercado pero proponen sacar a Alemania del euro para dejar de pagar “por los sureños”

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