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Alborozo en la última tanda de refugiados que recibe EEUU

logotipo de Associated PressAssociated Press 07/07/2017 Por JULIE WATSON, Associated Press

SAN DIEGO (AP) — Ali Said se escapó de Somalia hace dos décadas después de que una granada le voló una pierna. El año pasado recibió un balazo en la otra pierna cuando ladrones intentaron robarle en un campamento de refugiados en Kenia.

Hoy Said, padre de siete hijos confinado a una silla de ruedas, se siente increíblemente afortunado como uno de los últimos refugiados que recibe Estados Unidos antes de que entren en vigor las nuevas restricciones inmigratorias de Donald Trump.

“Todavía no puedo creer que estoy en Estados Unidos”, declaró Said a la Associated Press el jueves, sonriendo con dos de sus hijos a su lado. “Durante el vuelo decíamos que todo esto es un sueño. Y cuando llegamos al aeropuerto de Los Ángeles finalmente nos dijimos, ‘¡lo logramos!”.

El programa de admisión de refugiados quedará en suspenso el 12 de julio, en que se espera se cubra el cupo de 50.000 admisiones fijado para el actual año fiscal --el más bajo en una década--, según el Departamento de Estado.

Cuando se llegue a esa cifra, solo se admitirá a refugiados que tengan familiares directos o lazos comerciales con Estados Unidos mientras duren las restricciones, que regirán durante 120 días.

Said está consciente de que tuvo suerte y de que si el trámite se demoraba una semana más, tal vez no hubiera podido venir. Ni él ni su esposa ni sus hijos de dos a 15 años, tienen lazos directos con Estados Unidos.

“Tenía miedo de que cerrasen nuestros casos”, confesó. “Hubiéramos tenido una vida muy dura”.

Cuenta que los refugiados en el campamento de Kakuma donde vivía hablaban constantemente de las restricciones a la inmigración y a los refugiados que impuso Trump, que según organizaciones defensoras de los refugiados le cerrarán las puertas a muchas de las personas más vulnerables.

Actualmente hay 65 millones de personas desplazadas por la guerra y la persecución en el mundo, la cifra más alta de la historia, según la agencia de refugiados de las Naciones Unidas. Generalmente se da prioridad a los casos más graves, en los que las personas corren más riesgos.

Pero las nuevas normas de Estados Unidos podrían hacer que las personas más vulnerables sean ignoradas y se dé prioridad a aquellas que tienen familiares.

“Esto es lo que no cuadra”, dijo David Murphy, director ejecutivo de la oficina del comité Internacional de Rescate en San Diego. “Identificamos a las familias según las necesidades y ahora resulta que tienen que tener vínculos con Estados Unidos”.

Said esperó ocho años que aprobasen su reubicación como refugiado y llegó a temer que nunca se podría ir de Kakuma, un campamento que funciona desde hace 25 años y donde viven unos 172.000 refugiados.

Hace un año unos ladrones irrumpieron en su vivienda y trataron de violar a su esposa, según contó. Said, quien usaba muletas tras perder la pierna derecha al estallar una granada en 1993, recibió un balazo en la pierna buena al hacerles frente. Un vecino mató a tiros a uno de los asaltantes. Los hijos de Said presenciaron todo.

El balazo le fracturó la cadera, que todavía no ha sanado. Espera recibir atención médica ahora que está en Estados Unidos.

Said dijo que toda la familia durmió plácidamente en su primera noche en Estados Unidos en un motel de San Diego.

“No me gusta el que otros como yo no puedan venir aquí”, expresó. “La vida allí es muy dura. No importa lo mucho que trabajes, no tienes para satisfacer tus necesidades básicas”.

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Los reporteros de la Associated Press Alicia A. Caldwell y Matthew Lee colaboraron en este despacho desde Washington.

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