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Atentado en Barcelona: la vida y la muerte en un solo segundo

logotipo de LA NACION LA NACION 18/08/2017

Estupor, tristeza, congoja. Cualquier sentimiento humano resulta insuficiente para describir el estado de ánimo cuando ocurre una tragedia de esta magnitud, en un lugar tan característico de una ciudad amada por los turistas de todo el mundo incluso al nivel de los mismos catalanes.

Hace apenas dos meses, tuve la oportunidad de viajar con mi familia y caminar con ellos por esa misma zona varias veces, de ida y vuelta entre la monumental Plaza Catalunya y la estación Liceu del magnífico metro de la ciudad condal. Nuestro pequeño departamento estaba ubicado sobre la calle de Ferrán, a pocos metros del lugar donde se detuvo la furgoneta que atropelló y mató en un zigzagueo interminable.

Mientras disfrutaba del paseo y admiraba la variedad de tiendas y puestos callejeros, no podía dejar de pensar en el gentío que nos rodeaba, una masa humana multinacional que se movía frenética y algo apretada en ese recorrido desde la plaza hasta la zona de la Barceloneta.

En este momento, se trate de cualquiera de las grandes ciudades turísticas del mundo, es inevitable pensar en qué cualquier cosa puede pasar en las calles. El exceso de fuerzas militares, escaners y cacheos policiales en el ingreso a los lugares históricos y las tiendas instala la pregunta: ¿Qué pasaría si...?

Madrid, Munich, Manchester, Londres y muchas otras ciudades fueron golpeadas en sus rincones más débiles, aquellos donde el hormiguero de gente indefensa ya camina sin saber cuál será su destino, de qué lado caerá la moneda: la vida y la muerte en un solo segundo y a merced de la locura que sólo otro ser humano puede provocar.

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