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Aumentan los riesgos en sendero que une México y Canadá

logotipo de Associated PressAssociated Press 28/06/2017 Por BRIAN MELLEY, Associated Press

LOS ÁNGELES (AP) — Anya Sellsted había escalado pasos cubiertos de nieve y cruzado peligrosos ríos durante su recorrido por el Sendero del Pacífico. Hasta que se topó con el invierno californiano.

Al tratar de cruzar un riachuelo en el Parque Nacional Yosemite, pisó un tronco y perdió el pie, cayendo al agua debajo del madero. El agua estaba agitada y helada, y una mochila de 25 kilos (55 libras) la sumergía.

No había nadie cerca que la pudiese ayudar y fue arrastrada por el agua, golpeándose contra rocas antes de conseguir aferrarse a unas ramas y salir del atolladero.

“No podía parar de gritar y llorar”, relató Sellsted, quien se tomó un whiskey para calmarse.

Sellsted es una de numerosos senderistas que han pasado por situaciones peligrosas al emprender el recorrido de 4.265 kilómetros (2.650 millas) por el Sendero del Macizo del Pacífico, que este año está cubierto de nieve, la cual ha hecho crecer los ríos y riachuelos y, en muchos casos, convertido la aventura de tu vida en una pesadilla.

Los senderistas han sobrevivido a avalanchas, caídas en la nieve y otros incidentes en ríos embravecidos. La mayoría de ellos optaron por la prudencia y tomaron caminos más bajos, evitando la peligrosa Sierra Nevada, el tramo más alto y escarpado del recorrido, que abarca toda California, Oregón y el estado de Washington.

El trayecto es una dura prueba de resistencia, pero no particularmente peligroso. Año tras año se hace más popular y atrae a más de 3.000 senderistas de todo el mundo que intentan cubrir toda su extensión en menos de seis meses. Menos de una cuarta parte completaron la empresa el año pasado.

Dada la extensión del sendero y la posibilidad de nevadas en la Sierra y en la Cordillera de las Cascadas, la mayoría de los senderistas parten desde el desierto en el sur de California a principios de la primavera, en la esperanza de que la nieve se habrá derretido para cuando lleguen a las montañas.

Más de una docena de personas se han ahogado en ríos de la Sierra Nevada a alturas bajas, incluido uno en el Yosemite y tres en el Parque Nacional de las Secuoyas (Sequoia National Park), y los rangers de la región le recomiendan a la gente que lo piense dos veces antes de intentar cruzar aguas agitadas.

Marcus Mazzaferri, de 25 años, de Seattle, sobrevivió a duras penas a una caída en un riachuelo del Yosemite. Tuvo que dejar ir su mochila para poder regresar a tierra, pero de todos modos terminó cayendo por una cascada. Perdió todo su equipo y tuvo que saltar y correr en círculos toda la noche para combatir el frío.

Se perdió al buscar ayuda al día siguiente y ya estaba cayendo presa del pánico cuando se topó con un equipo que despejaba la nieve.

“Recuerdo la sensación de no saber si iba a sobrevivir o no”, relata Mazzaferri.

En las redes sociales se ven muchas fotos y videos de ríos rápidos con precarios puentes de madera y a senderistas sin camisa con agua hasta la cintura y sus cargas en la cabeza. En el Paso Forester de la Sierra Nevada, el punto más alto del sendero, de 4.000 metros (13.200 pies), la nieve hace que cueste mantener el pie. Paisajes majestuosos muestran extensiones inacabables de nieve blanca y picos escarpados blancos y grises.

Jack Haskel, de la Pacific Crest Trail Association (Asociación del Sendero del Macizo del Pacífico) recomendó a los senderistas en Facebook que esperen a que se derrita más la nieve para iniciar el recorrido, afirmando que algunos podrían morir de no hacerlo.

“Todavía no está listo para nosotros”, expresó. “Las condiciones son más dignas de montañistas que de senderistas”.

Brien Bower, de 25 años y un experimentado montañista de Seattle, dice que la Sierra Nevada atrae dos tipos de personas: los que dicen que todos van a morir y los que se aventuran en el sendero.

Bower completó al trayecto hace dos años, pero volvió a intentarlo y dijo que estaba dispuesto a regresar si sentía que se tornaba demasiado peligroso.

Contó que en una ocasión se detuvo a medir la estabilidad de la nieve y desató una avalancha que lo arrastró 120 metros (400 pies), sobre un peñasco de seis metros (20 pies), en cuatro segundos.

Dijo que, milagrosamente, se mantuvo encima de la nieve y no sufrió lesiones serias. Pocos días después unas aguas agitadas lo alejaron de su camino. Se enfermó y finalmente abandonó la marcha.

“La gente se encomienda a su buena fortuna o tiene que aprender a manejarse muy rápido”, expresó.

“Me equivoqué al pensar que podía hacer esto”, comentó Sellsted. “Recibí una lección de humildad en poco tiempo”.

De todos modos, llegó más lejos que la mayoría al cubrir 1.600 kilómetros (1.000 millas) en California.

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