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Banville, el estilista que ganó el Príncipe de Asturias

logotipo de La Tercera La Tercera 05/06/2014 http://www.latercera.com

Fue George Simenon. Pero no con su paradigmático Inspector Maigret, sino con otras de sus novelas policiales. John Banville las leyó sin demasiada fe, pero terminó impresionado: en su sencillez lograba una inesperada profundidad. Quiso algo parecido. Tomó un guión para televisión que nunca vio la pantalla, lo ajustó por allá y por acá y, quizás tan importante como eso, se creó otra identidad: con el seudónimo de Benjamin Black, en 2006 debutó en la novela negra con El secreto de Christine. Tenía 62 años y empezaba de nuevo. A esas alturas, Banville había sido crítico literario, se había metido en la cabeza de científicos como Copérnico y Newton, cargaba con la fama de ser el mejor estilista irlandés y había ganado un Premio Booker. Todo eso llevó a que ayer ganara el Premio Príncipe de Asturias de Literatura.

Autor de novelas como El intocable y El mar, entre varias otras, se impuso en el galardón que entrega la Fundación Príncipe a dos finalistas de bastante mayor fama: el japonés Haruki Murakami y el inglés Ian McEwan. Banville recibirá un premio de 50 mil euros (casi ) y pasa a integrar una lista de premiados que incluye a Philip Roth, Leonard Cohen y Margaret Atwood. El jurado destacó su "inteligente, honda y original creación novelesca". Y agregó: "Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano".

Enterado del premio, que también le dará una escultura diseñada por Picasso, Banville agradeció principalmente su procedencia española, la tierra de Miguel de Cervantes. "Ciertamente, fue el primer gran novelista de la era moderna. Por eso estoy encantado de lograr un premio allí, en un país con una historia cultural extraordinaria", dijo a la agencia EFE el autor, que en su última faceta resucitó a Philip Marlowe, el detective de Raymond Chandler, en la novela La rubia de ojos negros, firmada por Black.

Considerado por años un "escritor para escritores", Banville escapó de la chapa con sus policiales. Vía Benjamin Black, se encontró con el gran público. Va rápido: desde su debut en 2006, ha publicado ocho novelas negras. La mayoría están protagonizadas por el solitario patólogo Quirke. En todas, el escritor ha mantenido prácticamente intacta su devoción por el lenguaje. Ya lo dijo el crítico George Steiner: "Banville es el mayor estilista de la lengua inglesa".

No es primera vez que trabaja con investigadores. O agentes. O espías. En una de sus mejores novelas, El intocable (1997), Banvi-lle exploró la vida de Anthony Blunt: profesor de Cambrigde, Caballero del Reino Unido e historiador del arte, fue también espía de la Unión Soviética en Inglaterra. Cuando salió a la luz su doble vida cayó en desgracia.

"El novelista, como lo conocemos, es una especie de agente secreto, viviendo entre humanos y constantemente recolectando información, acumulando inteligencia", le dijo a La Tercera hace unos años. El empezó buscando entre genios: su carrera literaria despegó con la llamada Trilogía de las revoluciones: Copérnico (1976), Kepler (1981) y La carta de Newton (1982), perfiles de científicos, que también son mapas de mentes matemáticas.

Ganador del premio Franz Kafka 2011, en 1989 disputó por primera vez el Booker con El libro de las pruebas, una novela sobre Frederick Montgomery, un científico que tras meses a las deriva termina matando a una mujer durante el robo de una pintura. Ganó el premio, finalmente, en 2005, por El mar, el relato de un historiador que con la muerte acechándole se pone a recordar su vida. "Un thriller existencial", lo llamó Rodrigo Fresán.

Hombres maduros en crisis también protagonizaron sus últimas dos novelas, Los infinitos (2009) y Antigua luz (2012). Paralelamente, Banville no ha dejando la crítica literaria, disciplina con la que se inició en los 70 en el Irish Times. La más famosa de sus reseñas fue una estocada a un contemporáneo: llamó "ridícula" y "desalentadoramente mala" a Sábado (2005), la aclamada novela de McEwan. Todavía escribe asiduamente en The New York Review of Books.

Lo último de Banville fue un desafío peligroso y confirma su estatus: a pedido de la familia de Raymond Chandler, ícono de la novela negra contemporánea, revivió a su personaje, el detective privado Philip Marlowe, en La rubia de ojos negros. La novela, en Chile desde pocos días, narra un caso clásico: una rubia millonaria llega donde el investigador pidiéndole que busque a un antiguo amante. Bien tratado por la crítica, el libro consigue resucitar a Marlowe sin que Banville pierda su estilo. "Como dijo también Chandler, a mí me importa poco quién mata al mayordomo; lo que verdaderamente importa es el estilo. Incluso se puede escribir sobre nada, pero hacerlo bien, con arte", dijo el escritor al presentar el libro.

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