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Boicot al Mundial 1978: cuando el mundo miró hacia Argentina

logotipo de Infobae Infobae 24/05/2014 Emma Donada
Boicot-Mundial-Argentina-1170-5.jpg © Boicot-Mundial-Argentina-1170-5.jpg Boicot-Mundial-Argentina-1170-5.jpg

"Mostramos al mundo, cómo somos los argentinos", decía una publicidad del gobierno militar para el Mundial de Fútbol en 1978. En Europa, no se esperó a la Junta de Videla ni a su propaganda para averiguar y formarse opinión sobre la situación que se vivía en la Argentina.

La Historia

Hacía 2 años que François Gèze, un joven ingeniero francés, había regresado de Argentina donde había vivido un tiempo, cuando, a fines de 1977 se reúne en París con sus compañeros del Comité de Apoyo a las Luchas del Pueblo Argentino (CALPA) para ver " qué se podía hacer en esa oportunidad". Faltaban pocos meses para el Mundial de Fútbol de 1978, del cual la Argentina era sede.

El mismo año, se ponen en contacto con el grupo de izquierda independiente Quel Corps? -¿Cuál cuerpo?- muy crítico del uso capitalista y masificado del deporte.

De este encuentro nace el COBA (Comité de Boicot al Mundial de Fútbol en Argentina) "con la idea muy simple de que no se puede jugar al fútbol cerca de los campos de concentración", contó Gèze a Infobae.

En ese entonces, si bien la opinión pública en Europa se movilizaba desde 1973 en solidaridad con Chile, ignoraba mayormente la situación argentina.

"La caida de Salvador Allende y la recepción de refugiados chilenos había generado una alta sensibilización en la esfera pública europea", escribió Marina Franco en el artículo Derechos humanos, política y fútbol (Entrepasados, 2005)

En cambio, los exiliados argentinos llegaban en forma más gradual y hacía tan sólo dos años que se intensificaban los pedidos de asilo a países como Francia u Holanda, donde el boicot fue más fuerte.

A eso se agregó también el hecho de que, al contrario de Chile, el gobierno destituido no era socialista como el de Allende, y el Partido Comunista, por razones de alianza económica de la Unión Soviética con la dictadura argentina, negaba el carácter dictatorial de la junta militar. Ello a pesar de una política local represiva que se decía anticomunista.

Además, viendo el descrédito y aislamiento del gobierno de Pinochet por no esconder la represión, Videla había procedido de forma mucho más "discreta". Todo ello impidió, en un primer tiempo, una condena masiva en Europa contra las violaciones a los derechos humanos en Argentina, como sí pasaba en el caso chileno.

No obstante, François Gèze asegura que, en 1978, el nivel de información sobre el terrorismo de Estado era "bastante bueno". Los militantes exiliados, los familiares, abogados y activistas de los derechos humanos, como Gustavo Roca por ejemplo, aseguraban la comunicación entre ambos continentes; sólo faltaba un medio para que se difundiera en el gran público, tanto en Argentina como en el exterior, subraya.

"Decidimos armar una campaña para decir que Francia no tenía que ir a Buenos Aires para el Mundial", continua Gèze. El comité sumaba unas 40 personas que vinieron todas de forma independiente. Pronto, se crearon 200 comités más en toda Francia.

La campaña de boicot -"sin celular, ni internet" en aquella época- se extendió en los medios y a través de carteles, boletines, grabaciones musicales y documentos fílmicos. Personalidades del ámbito de la cultura, como Yves Montand, apoyaron la movida mientras que el mundo deportivo rechazó el boicot. "Muchos no querían saber nada", recuerda François Gèze.

L'Équipe, el diario especializado más leído de Francia, apoyó por "razones deportivas" la realización del Mundial.

En enero, el COBA publicó una parodia de ese diario llamada "L'Épique" que trataba con humor negro los crímenes de la dictadura en Argentina.

Boicot-Mundial-Argentina-1170-4.jpg "Miren el Mundial en Videlacolor" "Argentina 78: la masacre continua ... ¡ahora el Fútbol!" Tapa de L'Épique, parodia de l'Équipe

"Contra la dictadura en Argentina: boicot a la Copa de 1978. No hay Fútbol entre los campos de concentración", reza el cartel a continuación.

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Si bien el tema era la Argentina, la campaña estuvo hecha por y para europeos. En 1978, unos treinta años después del Holocausto judío, la temática de los campos de concentración impactaba fuertemente al público desde los carteles. "La dictadura argentina era denunciada como "fascista"; Videla era asimilado a Hitler", explica Marina Franco en su artículo.

"Evidentemente, estos tópicos discursivos formaban parte del imaginario europeo para el cual el fascismo y el nazismo eran marcos de referencia obligados del autoritarismo y la violencia y por tanto movilizadores fáciles y efectivos en una campaña de este tipo" escribe Franco.

"Fue una cosa increíble", recuerda Gèze, en relación al efecto de la campaña. Porque aunque la selección francesa fue de todos modos a competir por la Copa en Argentina, el impacto en la opinión pública creó un precedente. Al año siguiente, en 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) visitó Argentina tras tres años de recibir "avalanchas de reclamos" por parte de las víctimas y familiares de desaparecidos y presos políticos.

Si bien no se pudo lograr ninguna acción de justicia inmediata como consecuencia de la visita, los documentos y testimonios recogidos fueron material, años después, para el Nunca Más.

La Junta, que pensaba legitimarse con el Mundial y mostrar una buena imagen, tuvo que contestar el "ataque" que calificaba de "campaña antiargentina". En 1979, el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, ordenó imprimir 250.000 calcomanías autoadhesivas, en dos tamaños, con el lema "Los argentinos somos derechos y humanos". La etiqueta se pegaba en los autos que circulaban por las calles de Argentina, como rechazo de las acusaciones de violación de los derechos humanos.

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El boicot del Mundial de 1978 iniciado en Francia por el COBA permitió dar cuenta de la realidad argentina de aquel entonces que quedaba oculta por el drama chileno.

La campaña de Gèze y sus compañeros marcó un antes y un después en la imagen de la dictadura argentina en el exterior y rompió el relativo aislamiento de los exiliados argentinos. Sin embargo, no hubo una adhesión masiva al boicot por parte de éstos y su posición al respecto no fue tan sencilla, aunque sí tenían protagonismo en la denuncia de la represión.

Marcos Lohlé, ex-exiliado en Holanda, y Eric Domergue, un franco-argentino radicado entonces en París, cuyo hermano fue secuestrado y asesinado por la dictadura, contaron a Infobae su propia experiencia, la que será material de otra nota, segunda entrega de este informe, el próximo sábado.

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