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China apuesta a rejuvenecer sus ciudades para empujar la economía

logotipo de LA NACION LA NACION 27/08/2017

SHENYANG, China.- Las grandes plantas industriales color ladrillo marrón que aparecen a los costados de las rutas eran en un tiempo la columna dorsal de esta ciudad llena de hollín. Hoy resultan anticuadas y nadie las quiere, y la región es una de las que tiene más problemas dentro de la economía china.

Pero a poca distancia, un parque industrial recién creado da motivos para el optimismo. Liu Qi, el presidente del PQI Industrial Technology Group, inauguró allí en 2016 una fábrica de US$ 18 millones, equipada con robots que producen autopartes para el fabricante alemán BMW.

La fábrica y los más de 200 puestos de trabajo que ha creado es sólo una parte pequeña de un gran plan encabezado por el gobierno chino para rejuvenecer Shenyang, una ciudad de ocho millones de habitantes, reemplazando industrias estatales que andan a los tropiezos con manufactura moderna y compañías startup.

"Cuando las cosas tocan fondo, existe una oportunidad para que las cosas comiencen a ir hacia arriba" , dijo Liu Qi, de 46 años.

Si se da el rejuvenecimiento eso moldeará el futuro no sólo de Shenyang, sino también, potencialmente, de toda la economía china. Los dilemas de la ciudad representan un problema más amplio: hay demasiadas fábricas improductivas cargadas de deudas que retroceden a medida que se desacelera la economía china.

La historia de Shenyang probablemente sonará familiar en lugares como los pueblos del medio oeste de Estados Unidos, que han visto importantes industrias declinar o partir. Se volcó una repentina bonanza a la construcción de torres de departamentos y shoppings en Shenyang. La ciudad sigue teniendo un aire industrial, con bloques de oficinas centrales diseñados de un modo y un color amarronado casi uniforme condicentes con sus complejos fabriles.

Pero al diluirse el impulso de inversiones chinas, Shenyang y sus fábricas comenzaron a apagarse. El año pasado la economía de la provincia de Lianong en el nordeste, de la que Shenyang es la capital, se redujo 2,5%, una cifra chocante en un país acostumbrado a una expansión aparentemente sin fin. Otras ciudades importantes han aventajado a Shenyang en el desarrollo de las compañías de alta tecnología y de servicio que se espera que den impulso al futuro crecimiento de China.

En Estados Unidos el presidente Trump piensa eliminar normativas, reducir los impuestos corporativos y renegociar acuerdos comerciales para hacer que vuelvan los empleos fabriles a pueblos en problemas.

En el mundo la intervención estatal para intentar estimular la economía local no es inusual. Pero los funcionarios en China, como sucede a menudo, han adoptado un enfoque de intervención mucho más directa. Con incentivos e iniciativas generosos intentan atraer inversiones a la región para modernizar sus industrias.

Shenyang es una prueba crucial. La ciudad ha creado un fondo de US$ 7 millones para dar apoyo a industrias de alta tecnología, ha prometido un premio de US$ 30.000 para algunas firmas de tecnología y ofreció reducir la tasa del impuesto corporativo para compañías en sectores que se busca promover.

La fábrica de Liu se inauguró dentro del Parque Industrial de Manufactura de Equipo chino-alemán, creado a fines de 2015 para tratar de atraer producción avanzada de robótica, autopartes y otros sectores industriales. El gobierno ofrece un descuento del 30% sobre las tierras, normativa laxa y otros beneficios para las compañías que se establecen allí. PQI ahora está negociando beneficios en materia de alquileres y tierras baratas para su actual fábrica y para inversiones futuras.

Las autoridades de la ciudad también buscan persuadir a graduados universitarios locales de que creen compañías en Shenyang, ofreciendo subsidios. El esfuerzo está concentrado en un centro comercial de restoranes de comidas al paso y outlets de computadoras, al que se lo llama Calle de las Startups y la Innovación desde 2015.

Los contribuyentes de Shenyang aportan al esfuerzo. Algunos empresarios consiguen vivienda subsidiada, con alquileres por el equivalente de US$ 30 al mes. Este año Phoenix Valley recibió aportes de los gobiernos central y municipal de más de US$ 70.000. Funcionarios locales también ayudaron a los fundadores de la incubadora a negociar un alquiler barato para su sede.

De todos modos, la Calle de la Innovación palidece en comparación con los esfuerzos en centros como Pekín y Hangzhou, una ciudad en el este, que no sólo tienen sueldos más altos sino barrios enteros de centros de startups. Y los residentes de Phoenix Valley se quejan de que el capital de riesgo y el talento son escasos en Shenyang.

Otras iniciativas en la ciudad parecen estar generando más ruido que negocios. En abril Shenyang inauguró una filial de la zona de libre comercio provincial, en la que las compañías pueden beneficiarse de menos burocracia, tierras baratas y otras ventajas. Pero las reglas de la zona no requieren que estos empresarios inicien operaciones allí. Tian Jiawei, gerente de una compañía agropecuaria con sede cerca de Shenyang, registró una firma de exportaciones e importaciones, pero no tiene planes de abrir una oficina o contratar trabajadores. "No sé bien qué exenciones impositivas puedo conseguir, pero no quería perder la oportunidad", dijo.

Lo que es más problemático, los programas de incentivos de Shenyang no son algo único. "Cada provincia y ciudad en China tiene políticas para alentar la inversión y las startups" dijo Zhao Xijun, vice decano de la facultad de Finanzas de la universidad Renmin de Pekín. "Si las ciudades del nordeste hacen lo mismo no podrán competir con las que les llevan la delantera".

El resultado es que, incluso con sus funcionarios activos, China puede encontrar que revivir sus pueblos industriales le resulta tan difícil como a los países occidentales. "Shenyang aún tiene un largo camino por recorrer" dijo Liu, el dueño de la fábrica. "Es como pasto quemado a ras de tierra. Va a volver a crecer. Pero por el momento no se ve".

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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