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China les prohíbe el alcohol a sus funcionarios

logotipo de LA NACION LA NACION 28/08/2017

PEKÍN.- El policía Chen Lusheng tenía reputación en su oficina de bebedor sin límites, pero terminó por encontrarlos. Tras una opípara cena con funcionarios locales cayó en un sofá, fue llevado al hospital y declarado muerto por coma etílico. Se lo consideraba honesto y por su aguante era el elegido para representar al cuerpo policial en las cenas con los políticos locales con los que conviene confraternizar.

Fue una de tantas muertes de funcionarios chinos registradas en los últimos años y que cíclicamente reavivan el debate sobre la cultura del alcohol en el país asiático.

La provincia de Guizhou impuso esta semana la ley seca a sus funcionarios. Es la sexta provincia en hacerlo, pero no es una más, porque de sus montañas sale el grueso de la producción nacional de baijiu o vino blanco, que trasiegan los chinos con cualquier excusa.

La regulación afecta a todos los empleados en estamentos gubernamentales y compañías estatales y prohíbe que se compre alcohol con fondos públicos. Los funcionarios ni siquiera podrán catarlo en horario de oficina ni en almuerzos. Sólo se contemplan excepciones en eventos de negocios o recepciones a extranjeros, y en ese caso el departamento disciplinario concretará las cantidades permitidas. Las transgresiones serán castigadas sin compasión y los altos cargos responderán de lo que beban sus subordinados, aclaró Zhang Ping, vicesecretario provincial de Disciplina.

Una ley nacional prohibió en 2012 los licores caros en cumplimiento de la campaña contra la corrupción y el despilfarro ordenada por el presidente Xi Jinping. Las provincias de Zhejiang, Heilongjiang, Jilin, Anhui y Xinjiang profundizaron con entusiasmo en esa vía antes de Guizhou. Los tiempos convulsos de la política china aconsejan la adhesión ciega al líder por encima de costumbres milenarias o de la industria local.

Para Anthony Saich, catedrático de la Escuela Kennedy de Harvard, la medida podría explicarse por las ganas del nuevo secretario provincial, Sun Zhiqang, de agradar a Xi Jinping. Pero la campaña contra la corrupción trasciende la eliminación de enemigos políticos a la que con terquedad alude la prensa global: "Ha ido más allá de lo esperado e intentado cambiar la cultura del partido y moderar su comportamiento". Su éxito, paradójicamente, ha provocado que muchos gobiernos frenen proyectos lícitos por miedo a que sean tildados de corruptos y que la burocracia se haya acentuado, afirma Saich.

Las acciones de Moutai, la principal marca de baijiu, han caído ya un 2,8 %. Quizás esa cifra no sugiera ningún drama, pero su capitalización bursátil supone la mitad del PBI provincial de Guizhou de 2016, según la prensa local. Es un drama. Aquella prohibición de 2012 ya minó las ventas y sólo un año después fue aprobada la ley seca en el ejército porque las pruebas médicas revelaban multitud de hígados castigados.

Cualquier comida oficial se riega con baijiu, un aguardiente con más de 37 grados. Las botellas se vacían encadenando ganbeis (brindis), que obligan a vaciar el vaso de un trago. Un ganbei muestra a una persona sincera y viril con la que se puede negociar. El anfitrión quedará en muy mal lugar si no ofrece abundante bebida al invitado y éste, en uno peor si la rechaza.

Los perjuicios del consumo de alcohol por parte de los empleados públicos son varios: el quebranto del erario, la mala imagen de funcionarios encerrados durante horas en reservados de restaurantes y su escasísima eficacia cuando vuelven a sus quehaceres, si es que vuelven.

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