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Cierra zoológico de Buenos Aires, animales siguen enjaulados

logotipo de Associated PressAssociated Press 23/05/2017 Por LUIS ANDRÉS HENAO, Associated Press

BUENOS AIRES, Argentina (AP) — El rugido de los leones, el bufido de los rinocerontes y las trompetas de los elefantes siguen mezclándose con la cacofonía de las bocinas de los buses y el chillido de los autos que pasan por uno de los sectores más transitados de Buenos Aires.

Un año después de que el zoológico de la capital cerrase sus puertas tras funcionar durante 140 años y fuese transformado en un parque, cientos de animales siguen enjaulados, en un ruidoso limbo.

El gobierno de la ciudad de prometió en julio del año pasado que reubicarían a los más de 1.500 animales del zoológico en santuarios de Argentina y el exterior, pero todavía no se ha acordado nada. Y un nuevo proyecto maestro anunciado el martes sigue sin aclarar cómo piensan hacerlo. Muchos de los animales están tan habituados a la vida del zoológico que los expertos temen que mueran si son trasladados, incluso si los sueltan en reservas de animales.

Los ecologistas se quejan asimismo de que los animales viven en jaulas y sitios cerrados anticuados, considerados inhumanos en los tiempos modernos, y afirman que el nuevo proyecto municipal no dice cómo se va a mejorar su situación.

“Esto está mal y va para peor”, declaró Claudio Bertonatti, ex director del zoológico y quien trabaja como consultor de la Fundación Azara, un organismo no gubernamental. “Está todo dado para que el Arca de Noé naufrague”.

El zoológico fue inaugurado en 1875 en lo que era un tranquilo barrio suburbano, pero hoy se encuentra en el medio de una zona urbana llena de avenidas muy concurridas y de “colectivos” (autobuses) que pasan a toda velocidad cerca de los animales.

El primer director decidió que los animales debían ser alojados en edificios que reflejasen sus países de origen. Se construyó una réplica de un templo hindú para los elefantes asiáticos. Las jirafas fueron encerradas en una estructura estilo islámico y un panda rojo en una pagoda china. Muchos de esos edificios se encuentran todavía en el predio de 18 hectáreas, pero necesitan reparaciones.

Cuando el alcalde Horacio Rodríguez Larreta anunció el cierre del zoológico el año pasado, dijo que los animales eran un “tesoro” y que no podían permanecer en cautiverio entre tanto ruido y contaminación.

Desde entonces fueron liberados algunos cóndores y unos 360 animales rescatados del tráfico fueron enviados a otras instituciones. Pero ni un solo animal propiedad de la municipalidad fue transferido.

Las autoridades municipales dicen que el proceso resultó más difícil de lo que esperaban. Por de pronto, cerraron el zoológico antes de que entrase en vigor la legislación necesaria para autorizar muchos traslados. Hace poco contrataron un funcionario para que estudie qué animales pueden ser trasladados y les busque destino. Y no está claro cuántos pueden soportar el traslado ni quiénes estarían dispuestos a aceptarlos.

El martes se reveló un proyecto para expandir y modificar el diseño del parque. Pero hay quienes se quejan de que no da detalles sobre lo que se va a hacer con los animales.

Una coalición de una docena de ecologistas y de agrupaciones de veterinarios difundió el 28 de abril una carta exhortando a las autoridades a que digan qué animales se quedarán permanentemente en el parque y en qué condiciones.

Agregó que los únicos cambios que hace el nuevo proyecto son “la modificación del nombre, el aumento del costo de la entrada, la clausura de sectores y el aumento de la cantidad de personal sin que esto impacte en mejores condiciones para los animales”.

Los animales enfrentan un menor stress porque se redujo la cantidad de visitantes permitidos. Ahora se admiten 2.000 personas diarias, comparado con las 10.000 de antes. Y no hay acceso a algunos hábitats de los animales.

Una mañana reciente, Garoto y Prota, una pareja de rinocerontes grises, nadaban cerca de la orilla en su laguna y abrieron sus bocas enormes, mostrando sus dientes, mientras Guille, su cachorro, los miraba curioso.

En otro sector cercado, las jirafas Shaki y Buddy y su cachorrito Ciro sacaban sus largas lenguas para beber agua en recipientes de plástico amarillo ubicados en un techo.

Sandra, la orangutana, disfrutaba feliz un césped instalado hace poco en su sector. Se hizo famosa en todo el mundo cuando un juzgado argentino dijo en el 2014 que tenía los mismos derechos legales que los humanos. Ya no es exhibida.

El gobierno de la ciudad “no ha agrandado los recintos. Hay cambios de infraestructura menores, pero hay un deterioro absoluto. Y por supuesto que los animales sufren”, expresó Juan Carlos Sassaroli, un veterinario que en el pasado trabajó en el zoológico. “Lo que queremos es que el zoológico sea un instrumento de conservación. Que no sea un parque para caminar perros, porque ya tenemos eso”.

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