Estás usando una versión más antigua del navegador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Convertir el agua en oro, el preciado don de Delfina Pignatiello

logotipo de LA NACION LA NACION 28/08/2017

Se zambulle en la gloria Delfina "Calu" Pignatiello, lejos del San Isidro de su cariño de adolescencia, en el que la natación es un sentimiento pasional que se funde con el estudio, la música, la lectura. Se zambulle y transforma en oro el agua de la piscina, y una vez que se sube al podio y suenan los compases del himno piensa que valió la pena renunciar voluntariamente al viaje de egresados para continuar progresando en el deporte. Seis días a la semana, cuatro de ellos en doble turno. Levantarse a las 5, nadar cuatro horas, ir al colegio, volver al agua tibia otras cuatro horas, una rutina demoledora que Calu arrastró con fe hasta coronar este éxito. Un doble título mundial.

A principios de año la elogiaba Bill Sweetenham, el australiano que asesoró a los mejores nadadores argentinos. "Con estrategia y roce competitivo (podría ser finalista en los Juegos Olímpicos). No hay que tener en cuenta sólo lo que hizo en el Mundial de pileta corta en Windsor, cuando fue récord argentino en 800 metros (en 2016). Tiene que pensar en pileta larga. Tiene ese potencial de final olímpica. Debe estar frecuentemente en un ambiente competitivo donde otras atletas la empujen".

A los 17, Pignatiello empieza a inducir la creencia de que verdaderamente está en camino de volverse una gran figura de la natación. En el 6° Mundial juvenil de natación, en Indianápolis, la Argentina está sexta en el medallero, por delante de Rusia, por ejemplo. Gracias a las distinciones que a fuerza de brazadas consiguió Delfina. La medalla de oro que conquistó ayer en la final de los 1.500 metros, con record argentino -al que redujo en 14 segundos- y con 30 metros de ventaja sobre su escolta,

"Aunque participe en torneos y concentraciones con los mayores, nunca dejé de ir a torneos de mi categoría. Y como siempre, trato de tomármelos lo más relajado posible", contaba a la nacion en febrero pasado, cuando anticipaba un futuro lleno de promesas. "Se me vienen dos años bastante moviditos con la cantidad e importancia de torneos: dos Mundiales en 2017 y en 2018 los Juegos Olímpicos de la Juventud, con otros torneos importantes en el medio que pueden ser clasificatorios para lograr marcas".

Al primer Mundial, en Budapest, el mes pasado, renunció para prepararse mejor para Indianápolis, pese a haber conseguido marca A para 400m, 800m y 1500m Libre. "Torneos de primera me van a quedar un montón pero el Mundial Juvenil es el último mío en esta categoría", explicó.

En Indianápolis demostró que la defección había valido la pena, con un fin de semana de ensueño: el jueves, primer puesto en los 800 metros libres, con record argentino: "Se cumplió un sueño", afirmó; el sábado, segundo lugar en los 400 metros libres, detrás de la húngara Anja Kesely, a la que había batido en los 800, también con record nacional. Ayer llegó la consagración en los 1.500 metros, nuevamente sobre la nadadora húngara. Oro, plata, oro. Dos campeonatos mundiales y un vicecampeonato. Un pergamino que enorgullece, que obliga a aplaudir hasta enrojecerse las manos. Una medida del logro alcanzado ayer: con su tiempo de 16m16s92, habría finalizado cuarta en la final de los 1500 libres del Mundial de mayores en Budapest. A un paso del bronce.

El año que viene, los Juegos Olímpicos de la Juventud, un acontecimiento que pondrá a Buenos Aires en el centro de la atracción deportiva con perspectivas de futuro, y no son pocos los que opinan ya que Delfina debería ser la abanderada nacional en el desfile inaugural, al frente de 120 jóvenes atletas compatriotas. Para eso le sobra experiencia. Es abanderada en el colegio Cardenal Spínola, en San Isidro, dónde hoy sus méritos se celebrarán como propios. "Desde chiquita fui muy aplicada -contaba en febrero-. Además, la natación es un deporte que te ordena muchísimo con los tiempos y las cosas que tenés que hacer".

"Delfina tiene un andar muy fluido en el agua, lo que la ayuda mucho", la cataloga Juan Carlos Martín, quien la entrena desde los 14 años y decide con ella las estrategias de competencia. "Ahora hay que seguir trabajando, tenemos por delante como la principal meta los Juegos Olímpicos de la Juventud. Más adelante la idea es terminar con el ciclo olímpico logrando clasificar a los Juegos de Tokio 2020, pero aún falta".

Delfina, zambullida a los 17 años en la gloria, ha transformado este mundial juvenil en un acontecimiento histórico para el deporte nacional. Dos medallas de oro, una de plata. Y el afán de continuar compitiendo, estudiando, soñando con un mundo mejor.

Más de LA NACION

image beaconimage beaconimage beacon