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Corrección a despacho: REP-GEN ARGENTINA-REPRESORES HIJOS

logotipo de Associated PressAssociated Press 13/06/2017 Associated Press

BUENOS AIRES (AP) — En un despacho de The Associated Press del 7 de junio sobre la conformación de un grupo de hijos de represores de la última dictadura argentina, la AP interpretó erróneamente que uno de sus objetivos era pedir perdón por los crímenes cometidos por sus padres. Sin embargo, no buscan pedir perdón, sino sólo condenar los crímenes, exigir justicia y exponer sus experiencias.

A continuación presentamos una versión corregida de la historia:

Hijos de represores argentinos condenan crímenes de sus padres

Por ALMUDENA CALATRAVA

BUENOS AIRES (AP) — Siete mujeres caminan con timidez mientras sostienen una pancarta en la que reconocen su mayor dolor: ser hijas de quienes mataron, torturaron e hicieron desaparecer a miles de argentinos durante la última dictadura militar.

“Fueron 40 años de silencio, de vergüenza, de culpa. Muchas de nosotras pasamos momentos muy difíciles y queremos que la gente sepa que estamos a favor de la verdad, la memoria y la justicia”, dijo a The Associated Press Laura Delgadillo, integrante de “Historias desobedientes”, el grupo que reúne a los hijos de los represores que repudian el accionar de sus progenitores durante la dictadura de 1976 a 1983.

El padre de Laura era Jorge Luis Delgadillo, quien nunca fue procesado por la justicia argentina, aunque su hija asegura que “actuó en la represión” desde los servicios de inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires. El hombre estuvo 10 años cuadrapléjico y ya falleció.

Más de una docena hijos de represores conformaron un grupo que ahora busca compartir sus amargas experiencias familiares, condenar públicamente los crímenes de sus padres y aportar su grano de arena en el proceso de memoria y justicia.

La primera aparición pública de la organización fue en la última marcha contra la violencia de género realizada el 3 de junio en Buenos Aires en la que mostraron su desazón por el dolor infringido por sus padres y su repudio a cualquier tipo de violencia. Y su presencia no pasó inadvertida.

Ese día sólo participaron siete mujeres del grupo, que hasta ahora suma unas 15 personas, y mientras caminaban algo tensas con el cartel en que se leía “Historias Desobedientes, hijos e hijas de genocidas por la memoria, la verdad y la justicia”, varias personas se acercaron a fotografiarlas.

El primer paso lo dio la hija del represor Miguel Etchecolatz, quien el 10 de mayo participó en una marcha contra un controvertido fallo de la Corte Suprema que validó la aplicación de una reducción de pena a un condenado por delitos de lesa humanidad.

La medida, que generó un masivo rechazo en Argentina, llenó de vergüenza a Mariana D., quien hace un año se cambió el apellido paterno y sólo se identifica con la letra inicial para no ser asociada al exjefe de policía de 88 años que cumple condena a cadena perpetua.

Casi de inmediato otros hijos de represores repudiaron a sus padres en las redes sociales. “Esos que gritamos en sus caras la palabra asesino.... podríamos juntarnos”, propuso Erika Lederer. Su padre, Ricardo Lederer, era obstetra en un centro de detención clandestino en el que a las detenidas que daban a luz les eran arrebatados sus hijos recién nacidos.

A Lederer se le unieron Liliana Furió y Analía Kalinec.

“Queríamos sanar heridas conjuntamente”, dijo Furió a la AP. Su padre, Paulino Furió, sufre demencia senil y purga una pena de reclusión perpetua en su domicilio. “Nos sentíamos sumamente solitarias, no teníamos idea de que había tanta gente en la misma situación”, comentó.

Furió, que ya había manifestado su rechazo a los represores en pequeños círculos y desde la “militancia política”, ahora afronta elogios, pero también críticas e incluso amenazas por su salida a la escena pública de una forma tan frontal.

“Hemos visto reacciones bastante positivas pero también algunas con frases de amenaza”, dijo. “Una parte de mi agenda (de contactos) no me va a llamar más e incluso alguna parte de la familia, pero son riesgos que hay que correr”, sostuvo.

“Historias Desobedientes” ha recibido apoyos y mensajes de ánimo de familiares de desaparecidos como Delia Giovanola, quien en 2015 recuperó a su nieto sustraído por los militares.

“No quisiera estar en su pellejo porque debe ser tristísimo tener un padre que a la noche besaba a sus hijos y al día siguiente torturaba y violaba”, afirmó a AP Giovanola, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. “Quisiera decirle (a los hijos de los represores) que no es su culpa”, señaló.

Su nieto Martín Ogando, hijo de desaparecidos, coincidió. “Son víctimas, no eligieron ser hijos de”.

Furió se siente orgullosa de su “catarsis” y la de sus compañeros. “En América Latina es inédito... por eso nos escriben desde Brasil, Perú y nos dicen ‘los felicitamos, en nuestros países hay impunidad absoluta’”.

La mujer recordó que un día su padre le espetó que no estaba arrepentido de lo que había hecho y que su madre lo apoyaba. Furió señaló que a pesar de todo los quiere y que “es muy doloroso” el proceso por el cual un hijo termina rechazando lo que representa la persona que lo crio.

El grupo advirtió que no quiere generar “falsas expectativas” con información que pueda brindar a la justicia.

Los represores se han mantenido en silencio sobre el destino de los 30.000 desaparecidos que dejó la dictadura, según organizaciones humanitarias. Las voces de sus hijos eran las que faltaba escuchar en el proceso de reconstrucción de la historia reciente de Argentina.

Kalinec, que ha perdido contacto con su familia, dijo a la AP que no descarta la posibilidad de que pueda “surgir algún dato que pueda aportar a los juicios” que se llevan a cabo contra exmilitares. Pero aclaró que el “principal aporte es sumarnos a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia” que comenzaron las organizaciones humanitarias.

“Humildemente pensamos que podemos sumar nuestro relato a la memoria colectiva de nuestro país sobre esos años tan oscuros”, dijo.

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Contribuyó con esta nota el periodista de The Associated Press, Paul Byrne, en Buenos Aires.

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