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Desesperación y shock en la más argentina de las ciudades europeas

logotipo de LA NACION LA NACION 18/08/2017

Los argentinos en Barcelona no pasan inadvertidos: además de Lionel Messi, que hace historia en el club de fútbol catalán, la ciudad es una de las más elegidas por la gente de nuestro país, y se calcula que allí viven más de 100.000 argentinos. Ayer, el atentado los tomó por sorpresa, a pesar de encontrarse en un continente expuesto a los ataques terroristas. El hecho de presenciar un atentado simplemente no está en el imaginario argentino.

María Affranchino, de 28 años, vive desde hace un año en Barcelona. Todas las tardes camina de regreso a su casa por la calle Gran Vía o por la plaza Cataluña. Ayer, afortunadamente, optó por el primer camino: "Estaba volviendo a mi casa y de repente veo un patrullero a toda velocidad que se mete a contramano en un calle y a un montón de gente desesperada que corre hacia mí. Pasaban llorando y gritando y me empujaban; había un helicóptero que sobrevolaba el lugar. Trataba de entender qué pasaba, pero jamás imaginé que pudiera ser un atentado", dice.

"Una señora me explicó que había ocurrido un ataque, pero nadie sabía cómo había sido: si había unas personas tirando tiros, si habían puesto una bomba; no sabía con qué encontrarme ni hacia dónde correr. Era un caos todo", agrega María, que finalmente logró llegar sana y salva a su hogar.

Más tensión sufrió Victoria Tarando, de 24 años, que está de visita en la ciudad catalana con cinco amigas. Después de pasar la mañana en un tour, a la tarde se separaron en dos grupos de tres para hacer compras.

Luego de comprar una pollera en una tienda sobre La Rambla, salieron a la calle y se encontraron con un tumulto de gente con cara de pánico observando hacia un mismo lugar.

"No entendíamos nada, pensamos que había ocurrido un choque, pero de repente todos salieron corriendo y la calle se empezó a vaciar; así que entramos en una confitería y nos encontramos con un señor golpeado y cientos de caras con expresión confundida. Entendimos que algo grave había pasado, pero no sabíamos qué hasta que alguien explicó que hubo un atentado", cuenta Victoria.

"En el local logré comunicarme con mi familia para decirles que estaba bien. En un momento mi papá desesperado me pregunta en qué café estaba, porque al mismo tiempo uno de los sospechosos del atentado se había encerrado en un restaurante a media cuadra de donde nos encontrábamos nosotras. Podría haber elegido mi bar para meterse. Realmente sentí que me iba a morir", dice horas después, más tranquila, aunque todavía en shock.

Los mozos del lugar continuaron atendiendo, repartiendo aguas y tranquilizando a las personas.

"Mañana vuelvo al local a agradecerles y a darles un regalo. Había mucha solidaridad entre todos; estaba agarrada de la mano con mis amigas y con otros desconocidos. Nos reíamos, llorábamos. En un momento me quebré y una china, que creo que no hablaba ni inglés, me mira y me tiende la mano. No me voy a olvidar nunca ese gesto", agrega.

Después de dos horas de encierro, la policía los fue liberando en grupos de tres personas y pudieron regresar al hostel.

Consternación entre los jóvenes en Barcelona © David ArmengouDavid Armengou Consternación entre los jóvenes en Barcelona

Pablo Panossian vive desde hace más de siete años en Europa: trabajó en Italia, Irlanda y Francia, y desde hace ocho meses reside en Barcelona. Estaba en su oficina cuando el ataque ocurrió.

"Siempre provoca un shock escuchar estas noticias. Este tipo de atentados pasa en todos lados, pero no se pueden prever ni descubrir con anticipación porque cualquiera alquila un auto y se lleva puesta gente. Hay que seguir viviendo", concluye.

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