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El asado del miércoles: una costumbre que persiste, pero con restricciones para no alterar la dieta

logotipo de LA NACION LA NACION 16/08/2017

PORT ELIZABETH, Sudáfrica.- La costumbre de reunir al equipo en torno a un asado tiene tantos años como los Pumas. No hay caso: donde hay argentinos, hay asado. Las crónicas de 10 años atrás dan cuenta de fastuosas tablas de carne preparadas por el kinesiólogo Sergio "el campeón" Carossio y Martín Scelzo en la era del Tano Loffreda. Pero fue a partir de la asunción de Agustín Creevy a la capitanía que esta especialidad nacional se convirtió casi en un ritual obligatorio todos los miércoles previos a los partidos. Ni siquiera el advenimiento del profesionalismo acotó este hábito criollo. Eso sí: hoy los asados están enmarcados en una estricta dieta que deben seguir al pie de la letra todos los jugadores.

El "día libre" de los Pumas amaneció frío, nublado y ventoso. Al mediodía se largó a llover fuerte. El hotel Radisson Blu de esta ciudad, donde están los jugadores, no tiene parrilleros. La carne no es mala, pero los cortes son distintos a los que se acostumbran del otro lado del Atlántico. No importa. Los miércoles hay asado.

Creevy se levantó temprano y se encargó de comprar la carne. Valiéndose de unos tachos cortados al medio longitudinalmente y de unas rejas a modo de parrilla en un sector del estacionamiento techado del hotel, el capitán y Nahuel Tetaz Chaparro se pusieron el traje de asadores, una tarea que tradicionalmente les cabe a los primeras líneas. El médico Guillermo Botto también es un reconocido especialista como asador.

Lo que fue cambiando fue el contenido. "Antes era una asado como el que se come en la Argentina, con achuras y todo eso. Pero desde el año pasado, a partir de que pusieron nutricionistas, tratamos de cuidarnos un poco. En general son carnes magras", cuenta Tomás Cubelli. Los jugadores tienen medidos microscópicamente las calorías, grasas y los carbohidratos que pueden consumir.

Otra cosa que cambió fue el concepto de "día libre". El mismo devino en un día sin entrenamientos, ya que si bien la jornada es bastante relajada, por la tarde los jugadores deben someterse a sesiones de kinesiología, fisioterapia y análisis de video. Para peor, la tormenta frustró las intenciones de algunos de cruzar a la playa a tomar unos mates, algo que parece sencillo pero es imposible los días en que hay entrenamiento.

El ingreso al profesionalismo, como se ve, se extiende a todos los ámbitos de la vida. La costumbre del asado, no obstante, se mantiene inalterable y cumple con la función de integrar más al grupo.

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