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El azote de las pandillas llega a suburbios de NY

logotipo de Associated PressAssociated Press 28/04/2017 Por CLAUDIA TORRENS, FRANK ELTMAN y COLLEEN LONG, Associated Press

BRENTWOOD, Nueva York, EE.UU. (AP) — Tarde en la noche se escucha el rugido de helicópteros y se encienden focos que apuntan hacia los jardines de las casas. Mucha gente sabe lo que está pasando sin necesidad de hacer preguntas.

“Piensas, ‘Dios míos, ¿al hijo de quién le tocó esta vez?’”, comenta Stephanie Spezia, quien reside desde hace años en esta localidad suburbana en el corazón de Long Island, que padece el azote de violentas pandillas callejeras asociadas a la Mara Salvatrucha 13 salvadoreña.

Se les atribuye 11 asesinatos de gente mayormente joven descubierta en bosques y terrenos baldíos de Brentwood y la vecina Central Islip en este año escolar solamente.

El baño de sangre la da munición al presidente Donald Trump en sus férreas posturas contra la inmigración ilegal. El mandatario ha atribuido las muertes a que se permite el ingreso de la “escoria” extranjera.

El secretario de justicia Jeff Sessions planeaba visitar el viernes una localidad cercana a un parque donde aparecieron este mes los cadáveres de cuatro jóvenes asesinados siguiendo los típicos rituales de la MS-13: repetidos navajazos que dejaron a las víctimas casi irreconocibles.

Como ocurre en El Salvador, Honduras y Guatemala, países azotados por las pandillas, los padres de estas localidades tienen miedo de dejar ir a sus hijos a la escuela. Los adolescentes dicen que cualquier pequeño desaire a un pandillero, sobre todo la negativa a sumarse a sus filas, puede llevar a la muerte. Cuando una escuela secundaria dispuso que los estudiantes no podían usar ningún atuendo relacionado con las pandillas, los pandilleros empezaron a decidir diariamente qué colores no se podían usar ese día.

“Los chicos se están quedando sin su adolescencia”, dijo Jennifer Alvarado, cuya sobrina de 15 años fue asesinada a machetazos en la calle el año pasado. “Puedes ver la angustia en sus caras cuando se preparan. Es como si se preparasen para la guerra”.

¿Cómo se explica que pandillas callejeras asociadas con América Central tengan semejante presencia en los suburbios de Long Island, a escasa hora y media de auto de Nueva York?

Las autoridades creen que la MS-13 tiene miles de miembros en todo el país, sobre todo inmigrantes de América Central. Es particularmente fuerte en Los Ángeles, donde surgió en la década de 1980.

Su mayor crecimiento se produjo cuando los pandilleros fueron deportados y enviados de vuelta a El Salvador en los años 90. Allí florecieron y se expandieron a Honduras. La MS-13 y otras pandillas controlan hoy barrios enteros, si no ciudades, violan mujeres, matan a estudiantes, así como a conductores de autobuses y comerciantes que se niegan a ser extorsionados. También asesinan a sus rivales y a muchachos que no aceptan ser reclutados.

La violencia ha generado una emigración masiva de gente que le escapa a esa situación, sobre todo jóvenes, que tratan de acogerse a una política estadounidense que permite a los menores de 18 años que llegan sin sus padres quedarse en el país temporalmente con parientes o amigos.

Desde mediados del 2013, Estados Unidos ubicó a 165.000 menores no acompañados. Long Island es uno de sus principales destinos. El condado de Suffolk, que incluye a Brentwood y Central Islip, recibió a 4.500. El vecino condado de Nassau, 3.800.

En una reciente redada en la que fueron detenidos 13 miembros de la MS-13 acusados de asesinato y otros delitos, siete de ellos habían llegado como menores no acompañados.

“No hay ninguna duda de que la MS-13 está reclutando a estos menores no acompañados”, declaró el jefe de la policía del condado de Suffolk Timothy Sini. Los muchachos “no tienen una red social establecida, o al menos muchos de ellos no la tiene, y la MS-13 les ofrece esa red”.

“Los obligan”, agregó. “Les dicen, ‘si no te unes, te mataremos’”.

Casi 200 presuntos miembros de la MS-13 fueron detenidos desde septiembre. Entre las tácticas empleadas por Sini figuran un incremento en las patrullas, mayor cooperación con una fuerza de tareas del FBI y el uso de helicópteros para pillar pandilleros que se reúnen en las zonas boscosas.

Trump prometió erradicar las pandillas de Estados Unidos haciendo cumplir al pie de la letra las leyes de inmigración.

“Estamos arrestando a los MS-13 y sacándolos del país”, declaró esta semana a la Associated Press. “Son un grupo malo, alguien dijo que tan malo como al-Qaida, lo que es una referencia bien fea... Estamos en Long Island limpiando la escoria de la MS-13”.

El tono de Trump hace que algunos residentes le teman tanto a las autoridades como de las pandillas. Dicen que las pandillas no deben ser una excusa para hablar de la política inmigratoria sino que hay que enfocarse en la seguridad de la comunidad.

Los residentes de Brentwood y Central Islip, con una población combinada de 100.000 personas, dicen que estas localidades de viviendas modestas, depósitos y centros comerciales pequeños siempre han tenido mucha diversidad y han recibido a inmigrantes que tratan de darles una mejor vida a sus hijos.

Algunos lugareños sostienen que las autoridades son en parte responsables del crecimiento de las pandillas porque ignoraron ese problema por años.

La escuela secundaria Brentwood High School, con 4,200 estudiantes, no tiene los medios para ayudar a chicos que están solos al concluir las clases porque sus padres trabajan muchas horas. Hay pocos trabajadores sociales y consejeros, y las cámaras y los guardias que hay no alcanzan, según dicen.

“No pueden caminar por los pasillos por el miedo”, expresó Evelyn Rodríguez, madre de Kayla Cuevas, una muchacha de 16 años que fue asesinada el año pasado. Rodríguez dijo que su hija había sido hostigada por dos años.

En los meses previos a su muerte, Kayla estuvo involucrada en una serie de disputas con miembros y allegados a la MS-13, según los fiscales. Rodríguez dijo que su hija se plantó firme y terminó muerta.

Kayla y su amiga de toda la vida Nisa Mickens, de 15 años, caminaban por una calle cerca de sus casas cuando se toparon con individuos armados con bates y machetes que las atacaron.

Nisa fue encontrada muerta en una calle arbolada un día antes de cumplir 16 años. Tras una búsqueda de un día, Kayla apareció en una zona boscosa a una cuadra de su casa.

“La gente se perdió la oportunidad de conocer a una gran persona”, se lamenta el padre de Nisa, Rob Mickens, quien se ha postulado a la junta escolar para tratar de promover cambios. “Les hubiera encantado conocerla”.

Bertha Ullaguari dijo que notó que su hijo Jorge Tigre, de 18 años, pasó de ser buen estudiante, a punto de terminar la secundaria en la Bellport High, a simplemente no ir a la escuela.

Recibió dos cartas informándole que su hijo se ausentaba cada día. Le preguntó a su hijo qué estaba pasando, y él no le quiso decir.

“Allí están pasando cosas feas”, dijo Ullaguari con la voz temblorosa. Le dijeron que a su hijo le habían cortado los neumáticos de su auto. Se rumoreaba que eran las pandillas.

Hasta que hace dos semanas, cuando manejaba con su hija, recibió una misteriosa llamada. Una niña le dijo que Jorge estaba muerto junto con otros tres muchachos en un parque a 32 kilómetros (20 millas) de su casa.

“Casi nos matamos del susto”, dijo Ullaguari, una inmigrante ecuatoriana.

Los cadáveres de Jorge y de los otros tres muchachos fueron hallados con navajazos, los torsos desnudos y las manos atadas, a pasos de un parque.

“Le puede pasar a cualquier chico, en cualquier lado”, dice Evelyn Rodríguez. “Todos tenemos que estar conscientes de esto y estar unidos. No quiero que le pase a tu hijo”.

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Los reporteros de la Associated Press Sara Walsh y Michael Balsamo colaboraron con este despacho desde Los Ángeles.

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