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El incómodo presente del Ciclón: a San Lorenzo se le enturbia el futuro tras la eliminación de la Copa Argentina

logotipo de LA NACION LA NACION 21/08/2017

Desandan momentos distintos, como diferente es la jerarquía y el poderío individual que reflejan los planteles. San Lorenzo y Morón viven presentes de contrastes, realidades que finalmente quedan expuestas en la cancha. El Ciclón se mueve incómodo, pretende reinventarse después de una sangría futbolística que le quitó quilates y ahora lo deja desnudo; el Gallo camina con la soltura de aquel que derrocha confianza y que asimila sin nerviosismo la circunstancia que lo envuelve. La fortuna que venía acompañando al conjunto de Boedo en el segundo semestre encontró su límite y la derrota 1-0 es una estocada para un grupo que arrastraba heridas. Para Morón, la victoria tiene tintes de gesta, también es una continuidad del festejo grande que se regaló hace poco más de dos meses, cuando ascendió a la primera B Nacional. La Copa Argentina ofreció un episodio más de asombro. El campeonato que pone frente a frente a clubes de categorías dispares y que padeció varios desplantes de los denominados equipos grandes para darle forma al calendario escribió otro capítulo de luces y sombras.

Destemplado en el juego, San Lorenzo trepó un par de escalones en la Copa Libertadores y la Copa Argentina por los aciertos y la intuición de su arquero Nicolás Navarro. Con ese argumento, en las series de definición por penales, sorteó a Emelec, de Ecuador, en los 8os de final del máximo certamen continental de clubes, y también a Cipolletti, de Río Negro, por los 16os de final de torneo más federal. Pero caminar siempre por la cornisa tiene su riesgo y lo vivió el Ciclón, que desbarrancó ante el mínimo resbalón. La caída tuvo las mismas características que los tropiezos que arrastraba en el renovado ciclo del uruguayo Aguirre: languidez futbolística, escaso poder de fuego e individualidades que exhiben un nivel por debajo de la media. Un combo que impide observar con optimismo el futuro, que a la vuelta de la esquina tiene el inicio de la Superliga, frente a San Martín, de San Juan, y la serie con Lanús, por la Copa Libertadores.

Un gol en tres partidos, juegos en los que no logró imponerse en los 90 minutos, relata que los movimientos no fluyen con naturalidad en San Lorenzo. "No hay muchas explicaciones futbolísticas. Son derrotas que son durísimas y perdimos uno de los objetivos que teníamos. Cuando las cosas no salen, terminás perdiendo. Es el momento de redoblar el esfuerzo, no de tener desconfianza", la mirada del entrenador Aguirre, que ensaya variantes de nombres en un esquema táctico que no le responde. El 4-1-4-1 no le devolvió en resultados las expectativas que el uruguayo intuyó, como tampoco los intérpretes ayudan a ejecutar con claridad la propuesta. En la búsqueda de identidad y de ritmo, San Lorenzo movió piezas, rotó elementos, aunque la escasez de resultados de aquellos que tienen la responsabilidad alarma. Desconocido Belluschi, sin explosión Merlini, aislado Blandi, errático en el primer pase Mussis. Tampoco logró insertarse Alexis Castro, que carga con la pesada cruz de cumplir el rol que desarrollaba Ortigoza, el titiritero que marcaba los pasos del equipo. Los juveniles no siempre dan la talla: ayer, Conechny y Barrios no tuvieron injerencia; Reniero alimentó el espíritu como ante Cipolletti y hasta convirtió, aunque le sancionaron correctamente fuera de juego; un error de cálculo de Rojas derivó en el inicio de la acción del gol de Morón y las caras nuevas (Salazar y Gudiño) transitan el período de adaptación. "Tenemos mucho por mejorar, fuimos superados por equipos en teoría inferiores y eso no nos puede pasar. Hay que dar un plus. No le encontramos la vuelta, hay que trabajar y confiar en el proceso. Hay jugadores que se están adaptando al club y los juveniles hacen un esfuerzo", comentó el capitán Blandi.

Si la pesadumbre rodea cada movimiento de San Lorenzo, la felicidad rebalsa los pasos de Morón. Protagonista en 12 de los últimos 17 campeonatos de la primera B, concretar el ascenso se asemejaba a lidiar con un conjuro. Finalmente, la pócima la encontró con el entrenador Walter Otta, el 6 de junio pasado, después de superar a Platense y consagrarse campeón a cuatro fechas del final. Con la base del plantel que se coronó en el ascenso encaró la pretemporada y salió a disputarle la clasificación a San Lorenzo. De los titulares ante el Ciclón, solamente el arquero Julio Salvá no estuvo en la vuelta olímpica. "En el primer tiempo, San Lorenzo fue muy superior, ahí tuvimos suerte. Es difícil decir si merecimos ganar, pero estos jugadores no paran de darnos alegría. En el segundo tiempo nos paramos mejor y tuvimos nuestras oportunidades, porque antes del gol de Guzmán tuvimos oportunidades con Brito", resumió el entrenador, el arquitecto de una victoria que entrará en las páginas de gloria de un club que después de mucho sufrimiento se acostumbró a festejar.

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