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El momento de Cristiano Ronaldo: los caprichos, su evolución y la ayuda de Zinedine Zidane

logotipo de LA NACION LA NACION 14/08/2017

BARCELONA.- Desde Real Madrid cuentan que Cristiano Ronaldo tenía la sensación de que ya no era el jugador fetiche de su presidente, Florentino Pérez. Al portugués le gusta que lo mimen todo el tiempo y sus problemas con el fisco español (está acusado de defraudar cerca de 15 millones de euros), sumado a la insistencia desde la jefatura blanca por darle cabida a Gareth Bale, le hacían prever a Cristiano que su futuro estaba lejos del Santiago Bernabéu. Pero el portugués tiene dos valedores inquebrantables: Zinedine Zidane y sus compañeros.

El técnico francés impone un respeto más arraigado en su DNI que en sus conocimientos tácticos. El vestuario blanco entiende a Zidane como uno de los suyos, sobre todo Cristiano. Los dos saben que se trata eso de que todos los pesados focos blancos del Madrid posen sobre sus espaldas. El campeón del mundo con Francia en 1998, le hizo entender al Nº7 dos aspectos claves en su evolución como futbolista: la primera es que tiene que descansar; la segunda, abandonar la línea de cal. Cuando antes de la llegada de Zidane parecía impensable, hoy Cristiano entiende que se tiene que dosificar durante la temporada y que ya no hace tanto daño con su despliegue físico, cuando se orilla en el ala izquierda. Este domingo contra el Barcelona, Ronaldo entró en el segundo tiempo y jugó de 9. Suficiente para desparramar a Piqué y meter el segundo gol del Madrid, cuando el Barça andaba al acecho de Keylor Navas. El momento de Cristiano no se entendería nunca sin la mano de Zidane.

También el grupo del Real Madrid cuida a Ronaldo. Aunque es verdad que algunas chiquilinadas y actitudes del portugués sacan de quicio a sus compañeros -en el inicio de la temporada pasada tuvo un fuerte cruce con Tony Kroos, el alemán acusó al portugués de no ayudar al equipo en defensa-, en el vestuario del Bernabéu aseguran que Cristiano "es un buen tío y da la cara por el equipo". "No se entiende eso que dicen que Cris no juega bien en los partidos grandes. Eso es un tontería", afirman desde el vestuario del Bernabéu. Lo hizo ante la Juve en la final de la Liga de Campeones, lo volvió a hacer este domingo en el Camp Nou. Eso sí, cada vez que firma un gol en un duelo clave ya parece sinónimo de que hay que verle los abdominales. No le salió bien su arrebato narcisista en la casa del Barcelona, vio la amarilla por sacarse la camiseta y después lo expulsaron por supuestamente simular un foul en el área. Se encendió Ronaldo después de ver la roja, hasta empujó al árbitro. Una rabieta que le costó cinco partidos de suspensión.

En el Madrid están indignados. No sólo con la actuación del árbitro, sino también con la decisión del Juez Único de Competición. "No sé si fue penal, pero la segunda tarjeta es fuerte", dijo Zidane, tras el partido en el Camp Nou. En el vestuario del cuadro blanco no entienden como el árbitro expulsó a Cristiano por simular, cuando Luis Suárez exageró la caída en el penal para el Barça, que Messi cambió por el gol del empate. "Suárez puede hacer cualquier cosa adentro del campo y no le pasa nada. Y a Cristiano lo expulsan, cuando en realidad se cayó en el área", aseguran desde el vestuario del Madrid. La entidad blanca recurrirá la sanción, aunque no tienen demasiadas esperanzas.

El miércoles Cristiano no estará en la vuelta de la Supercopa de España en Madrid y se perderá el estreno en la Liga ante el Deportivo en Galicia. A sus 32 años, el portugués se reinventa y no hay manera de apagar su hambre de gol. En España suma: 285 goles en 265 partidos. Un promedio de 1,07 por duelo. Nada mal.

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