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El problema de las tendencias exponenciales en la coctelera

logotipo de LA NACION LA NACION 27/08/2017

Con más de un millón de ejemplares vendidos, un premio Hugo en su haber y entusiastas de la talla de Barack Obama y Mark Zuckerberg, El problema de los tres cuerpos, del escritor chino de ciencia ficción Cixin Liu, se volvió un libro de culto en el ambiente de los tecnólogos. Liu imagina un futuro donde varias de las tecnologías exponenciales que hoy están en la frontera (nanomateriales, realidad virtual, física de partículas, etcétera) se entrecruzan y dan lugar a una "dinámica de lo impensado", como decía el periodista Dante Panzeri con respecto al fútbol. Los protagonistas de la novela de Liu vienen de la física, por lejos la ciencia que más novedades y protagonismo está aportando en la agenda de innovación de 2017.

En la física, el "problema de los tres cuerpos" es un dilema clásico que consiste en determinar, en cualquier instante, las posiciones y velocidades de tres cuerpos, de cualquier masa, sometidos a atracción gravitacional mutua y partiendo de unas posiciones y velocidades dadas (sus condiciones iniciales son 18 valores). Mientras que con dos cuerpos este dilema tiene solución con el método de cuadraturas integrales, con tres el camino se complejiza enormemente y da lugar a trayectorias caóticas en el sentido físico del término: pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden llevar a destinos totalmente diferentes.

Algo similar a lo que sucede hoy con las distintas tecnologías exponenciales que están estallando. Mientras que imaginar el impacto de cada una por separado (inteligencia artificial, Internet de las cosas, computación cuántica, biología computacional, la que sea...) parece una tarea posible (al menos en el campo especulativo), cuando estas fuerzas se meten en la coctelera y comienzan a interactuar entre sí, el futuro parece más abierto e imprevisible que nunca.

"Esto es justamente lo más interesante que podemos hacer hoy: ver cómo estas tendencias se combinan y nos llevan a resultados casi inimaginables", cuenta a LA NACION el economista argentino Sebastián Resano, de 35 años. Resano vive en Chile y trabaja para una empresa europea que opera con nuevos modelos de negocios que incorporan blockchain (la arquitectura de software que está detrás de las criptomonedas) e Internet de las cosas (sensores) a las cadenas logísticas del comercio global.

Una muestra de estas "carambolas a dos bandas" o efectos de segunda generación: quien logre avanzar primero con una computadora cuántica más sofisticada que las actuales (empresas como Google, Microsoft o IBM creen que tendrán versiones comerciales disponibles de aquí a entre cinco y diez años) podría hacerse de un poder para "minar" bitcoins muy superior al de los actuales jugadores, y desestabilizar los mercados de criptomonedas. Entre quienes están pensando en esta derivación, cuenta Resano, están los impulsores de "QRL", una criptomoneda resistente a un eventual ataque de computación cuántica (significa "Quantum Resistant Ledger").

El economista argentino cree que su campo profesional (la logística y el comercio global) está a punto de sufrir una profunda disrupción por una combinación de tecnologías exponenciales como IoT (sensores para containers, entre otras aplicaciones), contratos inteligentes y blockchain, que les darán a las transacciones una trazabilidad mucho más confiable y eliminarán intermediarios.

"Las tecnologías exponenciales tienen diferentes estadíos o niveles de madurez, al principio se basan en trabajos de laboratorio de ciencia básica o dura, muy específicos pero que se le tratan de dar alguna visión de impacto en algunas industrias, pero están más cerca del soñar despierto que con realidades concretas", explica Gustavo Aguirre, ingeniero aeronáutico y titular de la consultora de innovación BeLiquid. "Luego viene una etapa en donde los resultados son muy interesantes y la cosa comienza a tomar color, aunque seguimos en el laboratorio. Lo realmente fascinante es cuando se saca del laboratorio y se comienza a desarrollar a nivel industrial, con escala, en donde todo tiene que volver a diseñarse, desde los procesos de producción, la logística, el modelo de negocio, la financiación, el marketing, el branding, etcétera, la creación de un producto, una empresa o una industria", agrega.

Por ejemplo, Aguirre toma el caso de vehículos autónomos que mediante blockchain podrían ingresar en un contrato inteligente que establezca que el auto no funcione si el comprador no paga el viaje o incumple con una cuota del préstamo de la compañía para comprar el bien (Toyota y otras firmas ya están experimentando con este tipo de modelos híbridos). "Si a este combo le agregamos inteligencia artificial, quizás tengan entidad como ciudadanos, derechos y no siempre estén de acuerdo con nosotros. ¿Qué pasaría si nos mienten o nos engañan, o usan estrategias para convencernos de algo que quieren o se ponen de acuerdo con otros para actuar en forma corporativa? Muchas veces nos maravillamos con la tecnología y no entendemos los profundos desafíos a los que nos enfrentarán", completa Aguirre.

Para Kevin Frette, programador y experto en tendencias de futuro del Instituto Baikal, un trago posible de esta coctelera de tecnologías exponenciales es el de las redes neuronales cuánticas. "Con mayor poder de procesamiento se podrán mejorar los modelos de redes neuronales para trabajar con big data. Va a ser más fácil entrenar máquinas para clasificar cosas y hacer predicciones. Ahora mismo la inteligencia artificial está ayudando en el mejoramiento de la computación cuántica, y más tarde esta última se va a emplear para mejorar la inteligencia artificial. Van a crecer de la mano", anticipa Frette.

También se usa IA para mejorar Crispr, el método de edición genética que por su eficiencia fue bautizado como la "navaja suiza" de la biología computacional. "Con la mejora exponencial de estas cosas, más un montón de gente que pasa su tiempo en entornos virtuales, se me hace muy impredecible el futuro. No logro prever si las máquinas nos van a terminar reemplazando, o si nuestras versiones biológicas mejoradas lo harán antes. Estaría bueno ver el paso a paso. La tendencia que veo es el traslado casi absoluto al mundo virtual, y si se logra trasladar nuestra consciencia (yo soy de los que apuestan a que es posible), la biotecnología no va a tener mucho que aportar", especula el experto del Baikal.

Comentario al margen: el problema de los tres cuerpos al que hace referencia el libro de Cixin Liu, tiene una buena aplicación cotidiana en la cantidad de hijos: dos conllevan algún tipo de previsiblidad matemática, con tres el caos aflora. O como dijo Jerry Seinfeld con respecto a los chicos de 2 años: "Son como tener una licuadora encendida sin tapa".

sebacampanario@gmail.com

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