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El segmento más exigente, con los Pumas en su peor momento

logotipo de LA NACION LA NACION 28/08/2017

La gira a Nueva Zelanda y Australia, en el meridiano del Rugby Championship, es el segmento más exigente que deben enfrentar los Pumas año tras año. El poderío de los rivales y el desgaste que entrañan el viaje y el cambio de huso horario se conjugan para conformar una fórmula que a los argentinos les resultó imposible de descifrar. En las cuatro incursiones previas sólo conocieron la derrota: ocho, más la solitaria caída de 2015, cuando el certamen tuvo un formato reducido.

Es a lo que se enfrentará el seleccionado en su próxima escala. Luego de un fin de semana de descanso, se medirán en sábados consecutivos a los All Blacks en New Plymouth y a los Wallabies en Canberra. Dos equipos que dos días atrás jugaron uno de los mejores partidos en la historia de este certamen. De los neocelandeces ya se conoce su poder hegemónico; de los australianos se advirtió el hambre de recuperar la competitividad en el máximo nivel y, además, un arsenal ofensivo temible.

Al mismo tiempo, los Pumas transitan una etapa oscura, de la que necesitan encontrar con rapidez soluciones, puertas de salida, para sortear este tramo de dificultades extremas cuanto menos con dignidad. Un panorama sombrío, porque a la acumulación de derrotas se le sumó un déficit en el juego, ese que parece haber entrado en una crisis de identidad. Al menos eso dejó entrever la serie ante Sudáfrica, en la que terminaron dejando una imagen indecorosa entre tarjetas y riñas. Se trata del peor momento del seleccionado en los últimos tres años.

Los Pumas perdieron 11 de los últimos 13 Test-Matches, y las victorias se ofrecieron ante equipos de jerarquía inferior como Japón y Georgia. Un registro que no llega al infausto récord suscripto entre noviembre de 2012 y octubre de 2014, cuando sufrieron 20 derrotas en 22 partidos; entremedio de esa serie ruinosa, los éxitos ante Italia y Georgia como únicas alegrías.

El paralelismo sólo es válido en términos numéricos. Esencialmente, se tratan de dos realidades muy distintas, aunque igualmente esconden complejidades indisimulables. Aquella vez, los jugadores más representativos de los Pumas no jugaban la ventana de junio y llegaban al Rugby Championship con un calendario a contramano del de su temporada en Europa. Ahora, están atravesando una transición que se presentó más dificultosa de lo que se preveía a partir del ingreso al Super Rugby y la prescindencia de los que actúan en el Viejo Continente.

Siempre contemplando que en este certamen los Pumas se enfrentan a las tres máximas potencias del rugby mundial y sin perder de vista el objetivo principal que es la Copa del Mundo de Japón 2019, no se puede soslayar el hecho de que el equipo enseña rendimientos individuales y colectivos por debajo de sus posibilidades. Un retroceso que no debe esconderse, respecto de lo que se proyectaba para esta altura de la competencia.

Las dos duras derrotas ante Sudáfrica dejaron en evidencia que para ser exitosos es necesario cambiar el enfoque. No ganar a cualquier precio, tampoco resignar las virtudes que fue adquiriendo este grupo de jugadores a partir de la asunción de Hourcade, pero sí entender que jugar de todos lados y poner énfasis en el juego de ataque acaso no sea la fórmula adecuada para hacerle frente a los equipos que se exhiben superiores.

Reconocer esa diferencia es el primer paso para redescubrirse y relanzarse. Tomás Cubelli hizo una sentida autocrítica al respecto apenas terminó el Test que se jugó anteayer en Salta. "Estos dos partidos nos sirven para aceptar que esa es la diferencia que hoy hay entre Sudáfrica y nosotros. La única manera de corregirlo es aceptándolo y siendo honestos con nosotros mismos", dijo a la televisión local (los jugadores no hablaron con el resto de la prensa tras el partido, excepto por la conferencia de entrenador y el capitán). "Hay que ajustar cosas básicas para nuestra confianza que son el scrum y la disciplina. Lo tenemos que ver puertas adentro, pero hay que aceptar que ésa es la diferencia que hay entre Sudáfrica y nosotros. Si queremos jugar en el mejor rugby del mundo vamos a tener que cambiar o empezar a hacer una autocrítica".

Aquella racha adversa que se escribió entre 2012 y 2014 se cortó en el último partido del Rugby Championship 2014 con la victoria ante Australia en Mendoza. Un año después, los Pumas se entremezclaban entre las cuatro mejores selecciones del mundo al alcanzar las semifinales en Inglaterra 2015. En el medio hubo un cambio de entrenador. En esta oportunidad queda un año más de margen y sería indeseable llegar a una decisión tan drástica. Pero, cuanto antes, algo tiene que empezar a cambiar. El segmento más demandante del año, con el equipo concentrado durante dos semanas y prácticamente aislado, aparece como un buen momento para ensyar la autocrítica.

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