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Entre el dominio de los grandes y la esperanza de un fútbol mejor

logotipo de LA NACION LA NACION 27/08/2017

Empezó por fin la Superliga, y aunque admito que el prefijo "súper" aplicado al fútbol argentino suena demasiado ambicioso, casi diría audaz, debo reconocer que hoy, por lo menos, existe un marco de referencia sin precedentes entre nosotros. El tiempo dirá si se trata apenas de un parche, pero la carta de presentación ha mejorado respecto a lo que había antes: los clubes han tenido que regularizar sus economías y los jugadores han cobrado lo que les debían. No es todavía el cambio de fondo que muchos anhelamos y que debería abarcar el fútbol como un todo, pero vale como aire de esperanza.

Claro que, en lo puramente futbolístico, por ahora lo de "súper" no quiere decir nada. El torneo comienza marcando una disparidad creciente: River y Boca han conseguido abrir una brecha. El poderío económico de ambos no sólo les permite contratar refuerzos con edades como para rendir en alto nivel y categoría de selección, sino y sobre todo, sostener a muchas de sus figuras hasta alcanzar una cierta estabilidad en sus planteles, elemento primordial para ir subiendo la calidad de un equipo.

El juego colectivo debe tener cierta autonomía respecto de quienes lo ejecutan y la ausencia de un único futbolista no debería destruir los conceptos generales, pero es cierto que el funcionamiento se resiente al perder determinadas piezas. Pero también en este aspecto River y Boca gozan de una indudable ventaja respecto del resto. Porque gracias a su músculo financiero tienen capacidad para invertir en sustitutos de peso si alguna figura se va, o incluso hasta para guardarse jugadores en las gateras, como Boca en el caso de Wanchope Ábila.

A partir de estas premisas habrá que analizar qué pueden aportarle a sus equipos algunos de los futbolistas recién llegados y qué tipo de oposición puede plantear el resto de los clubes.

En el primer punto, a simple vista da la impresión que a Guillermo Barros Schelotto le será más fácil adecuar a Edwin Cardona en el juego de Boca que a Marcelo Gallardo encontrar una función concreta para Enzo Pérez. El 10 colombiano promete mucho. Tiene talento, conocimiento, pegada, generosidad y personalidad suficientes como para ver en él trazos de Riquelme. La facilidad con la que conectó con Fernando Gago y Pablo Pérez puede darle a Boca la inteligencia y la serenidad que resultan imprescindibles para construir el juego.

Enzo Pérez aporta otras virtudes, como la versatilidad, la experiencia, la habilidad para romper desde la zona de volantes y el plus de ponerse la camiseta que siempre soñó vestir. Será misión del técnico ayudarlo a que encaje en un medio campo -Ponzio, Rojas, Nacho Fernández y Pity Martínez- que llegó a funcionar muy bien el torneo pasado, misión que puede llevarle cierto tiempo de trabajo. Gallardo tendrá que definir bien cuál es el rol de cada jugador y lograr que sus funciones no se superpongan, que cada uno encuentre su lugar y sus espacios para entrar y salir de las jugadas. En ese sentido, se me ocurre clave la presencia avanzada de los laterales para crear superioridades por afuera y evitar que el único delantero quede muy desprotegido y el equipo pierda peso en ataque.

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