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Fadanelli recrea un pasado no tan glorioso pero habitable

logotipo de Associated PressAssociated Press 08/06/2017 Por BERENCIE BAUTISTA, Associated Press

CIUDAD DE MEXICO (AP) — La adolescencia de Guillermo Fadanelli transcurrió en un lugar muy peculiar, al final del circuito que rodea a la Ciudad de México llamado Periférico, que por aquel entonces no era un círculo cerrado.

“Ahí se acababa el mundo. En cambio, si retornabas y seguías hacia el poniente y luego hacia el norte, podías llegar a Canadá”, dijo Fadanelli en una entrevista con The Associated Press. “Incluso nosotros nos contratábamos como arrieros de vacas de los establos vecinos para ganar algunos pesos”.

Su familia se mudó de la céntrica colonia (barrio) Portales, a uno de los primeros fraccionamientos a las afueras de la ciudad: Villa Cuemanco, donde pasaron de estudiar en escuelas públicas a privadas.

“Nos encontramos con un zoológico distinto”, recordó.

De este terreno fértil para la aventura y el conflicto surgen los recuerdos que dieron pie a su más reciente obra literaria: la novela biográfica “Al final del periférico”. Subraya que su relato no es totalmente fiel a la realidad.

“Yo creo que toda biografía es interesada y es como la novela, una mentira. Sin embargo, es una mentira que nosotros nos empeñamos en creer”, dijo Fadanelli, fundador de la revista y editorial Moho. “Creamos mitos y los ubicamos en el pasado. Nuestro lugar habitable está en el pasado vía la imaginación”.

Sus libros, que incluyen “La otra cara de Rock Hudson” (1998), “Lodo” (2002) y “Mis mujeres muertas” (2012), se caracterizan por tener tintes autobiográficos.

“Quizá por eso que volví otra vez a construir un mito de mí mismo, porque la autobiografía no es científica”, dijo sobre “Al final del periférico”, publicada por Random House a finales de 2016.

Nacido en la Ciudad de México en 1963, Fadanelli se autodenomina como un Raskolnikov mexicano y tiene una lectura favorita en “El libro del desasosiego” de Bernardo Soares (Fernando Pessoa). No es de extrañar que afirme: “La literatura es un buen paseo alrededor de la tumba”.

De su adolescencia tiene claro que no todo fue un sueño y en parte esto se debió a la estructura familiar tradicionalista que regía a la mayoría de los mexicanos en los años 70.

“Por supuesto lo que no extraño son las peleas de mis padres, la infelicidad materna”, dijo. “La familia como núcleo social se ha resquebrajado y eso es desde mi punto de vista una buena noticia. Yo quisiera pensar que las familias son una suma de individuos, no una pequeña mafia”.

“En ese entonces, y mi novela lo refleja, casi todas las familias eran desgraciadas y la mía no era la excepción”, añadió.

Lo que sí extraña de esos “días de aventura salvaje”, son las tardes con sus amigos, su juegos de béisbol, la atracción por las niñas y el misterio que representaba el mundo femenino para él. Incluso las peleas con sus amigos duraban unos pocos días.

“En ese entonces nos hacíamos daño de una manera natural y sin esperar otra cosa que la victoria pírrica, que tarde o temprano, o al día siguiente, se convertiría en fracaso”, dijo.

En la novela los grandes fracasos a los que constantemente se enfrentan Fadanelli y sus amigos se desprenden en buena medida de sus planes para hacer travesuras y maldades, desde espiar a parejas teniendo sexo hasta planear intoxicar a una familia.

“Creo que el pesimismo y la idea del fracaso inminente son importantes para el buen vivir, porque nada hay más terrible que la idea del éxito porque el éxito siempre te hace desgraciado”, señaló.

Fadanelli admite que fue feliz escribiendo este libro y que está orgulloso de conservar a un amigo de esa época... Aunque espera que nunca lo lea.

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