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Fe, esperanza e inversión con impacto social

logotipo de LA NACION LA NACION 20/08/2017

CIUDAD DEL VATICANO (The Economist).- "No se puede servir a Dios y al dinero", dice la Biblia. Pero la iglesia siempre lo ha intentado. En la Edad Media los monasterios eran lo que hoy se llamaría empresas sociales. Producían pan, libros y otros productos. Y a un monje franciscano se le atribuye haber codificado la contabilidad de doble entrada.

En estos tiempos, la iglesia católica e instituciones relacionadas con ella controlan muchos miles de millones de dólares. Parte está invertido para obtener ganancias; parte va a obras de bien. Las dos actividades se han considerado separadas. Pero en el pontificado del papa Francisco esa divisoria se desdibuja. La inversión de impacto -que busca ganar dinero y hacer el bien al mismo tiempo- crece en importancia. También provoca algo de controversia.

En 2014, el Papa, hablando en una conferencia sobre la inversión de impacto, llamó a los cristianos a redescubrir "esta preciosa y primordial unidad entre las ganancias y la solidaridad". Algunas instituciones católicas con activos para invertir -incluyendo los jesuitas, las Hermanas Franciscanas de María y la administradora Ascension Investment Management- dedicaron parte de sus inversiones a fondos de impacto.

Mientras tanto, se han formado nuevos fondos de impacto católicos, como unos que están en el Oblate Internacional Fondo de Inversión Pastoral, que tiene a su cargo los recursos de más de 200 organizaciones católicas de más de 50 países.

Por ahora, el capital católico dedicado a inversiones de impacto totaliza sólo unos US$ 1000 millones. Pero los activos de la Iglesia tienen el potencial de transformar el tamaño del mercado de la inversión de impacto. Y podrían transformar el modelo de financiación de la Iglesia: de "secuencial", en el que la Iglesia primero adquiere riqueza y luego la reparte, a uno "paralelo".

Esto causa ansiedad en algunos círculos católicos. A algunos les preocupa que ganar dinero con filantropía no se compadece con el imperativo moral de cuidar de los necesitados. Otros temen que se pierda contacto con beneficiarios de la generosidad.

La iniciativa fue inspirada por el Papa, pero es encabezada por organizaciones como los Servicios de Socorro Católicos y otros entes, y por un nuevo "dicasterio" (división de la administración de la Santa Sede). Nada apunta a una reforma total de la filantropía de la iglesia. Se ve a la inversión de impacto como una estrategia prometedora, pero sólo complementaria. El impacto no es sustituto de la caridad.

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