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Historia de superación: los sacrificios valen la pena y Belén Casetta lo sabe mejor que nadie

logotipo de LA NACION LA NACION 12/08/2017

LONDRES.- "Cansada, pero feliz". El esfuerzo de Belén Casetta al dejar la pista del Estadio Olímpico queda reflejado en sus piernas, pero también en su rostro. Los músculos dan señales de agotamiento, pero la sonrisa es imborrable. Minutos antes, la pequeña marplatense lo había hecho de nuevo: récord sudamericano en la final de los 3000 metros con obstáculos del Mundial de atletismo. Su nueva marca, de 9m25s99/100, la dejó en el puesto 11 -entre 14 competidoras- y significó un un recorte de diez segundos al registro del miércoles. A los 22 años, dice que ahora está preparada para que "venga lo que sea" y es consciente que su actuación la ubica como la argentina de mejor desempeño de la delegación de 10 atletas que llegó a Londres hace dos semanas.

Acostumbrada a competir sola cuando lo hace en el continente, este año apostó por dos cuestiones clave: concentrarse en la altura de Cachi -buscando mayor resistencia- y sumar experiencia en competencias con pelotón. Se dio cuenta en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, cuando sufrió lo que ahora disfruta. "El pelotón te empuja hacia adelante y lo aproveché, si me quedaba atrás quizás me entregaba", dice, en una conversación con LA NACIÓN a metros de la pista del Olímpico. Mientras se cierra la noche de un viernes que la tuvo cerca del horario central, sólo minutos antes de la final femenina de los 200 metros que contó con la holandesa Dafne Schippers como vencedora.

Casetta, que el miércoles había superado la serie de clasificación con récord sudamericano (9m35s78/100), y había quedado entre los 12 mejores tiempos de las 40 atletas participantes, fue por más y lo logró. Llegó a Londres para cumplir un sueño, y lo cumplió por partida doble. Estudiante de tercer año de medicina, dejará Londres para ir a Taipei, China, y recién volver en los últimos días de agosto al país. Minutos después de terminar entre las mejores del mundo en una prueba que no tiene los flashes de otras, pero impacta por su dinámica y las dificultades, ya sabe que la espera al regreso: las mesas de exámenes de septiembre.

-¿Y ahora? ¿En qué pensás cuando ves lo que lo que lograste en sólo 48 horas?

-Se me viene el recuerdo del sacrificio. De cómo sufro ir a entrenar a la altura. Eso lo sufro mucho. Estar aislada 21 días, lejos de la familia. Mi pareja (Facundo Giménez) me acompaña y es el que me ayuda en los entrenamientos [corre a su lado, le marca ritmos y funciona como liebre]. Antes entrenaba sola, pero ahora él es el que ayuda, el que me canta los tiempos. Lo tengo al lado y me empuja a correr.

-El Sudamericano, esta actuación en el Mundial, ¿qué sigue?

-Ahora me tengo que ir a Taipei, que está el Mundial universitario [los Summer Universiade 2017], y no voy a dejar de soñar de ir en busca de una medalla. Es otro nivel a este. Acá estaban las mejores del mundo. Ahora le apunto a ese viaje.

-¿Sos conciente de lo que lograste y la repercusión que tuvo en la Argentina?

-Sí, y tenía la presión de que sabía que tenía a todos los argentinos atentos con el tema del Mundial, que tenían la expectativa de que estaba en la final.

-Se hace foco en la doble vida, de la atleta que estudia medicina, ¿cómo complementás las dos actividades?

-Es muy difícil que el atleta estudie, por los viajes, por las invitaciones a otros torneos, las concentraciones. Es cuestión de organizarse bien, que la facultad de ayude, que te den una mano los profesores. Muchas veces me toman exámenes antes, o mueven la mesa para que pueda rendir. Eso ayuda mucho. Siempre me llevo material para estudiar. Es más, después del Mundial universitario tengo que llegar para las mesas de exámenes de septiembre. El estudio te ayuda para distraerte. No estoy pensando todo el tiempo en la carrera. Empezás a leer y tenés la cabeza enfocada en otra cosa.

-El miércoles habías bajado siete segundos de tu marca, ahora bajaste 10 segundos más...

-No lo puedo creer. Había mejorado en el Iberoamericano de Río de Janeiro 2016, como 13 centésimas, y corrí sola. Y ahora de correr con un pelotón, tener la experiencia que no tuve cuando fui a los Juegos Olímpicos, que fui sin experiencia de correr con pelotón. Este año me ayudó mucho la gira de Estados Unidos que hice, que no fui en muy buen estado, pero hice una marca de 9m45s, y ahí me agarró mucha confianza de decir 'bueno, si corríi con pelotón, en fuera de estado, e hice este tiempo, si voy a la altura me preparo para más'. Tenía la cabeza en eso. Y en entrar al Mundial. Hacer la marca para el Mundial. Ya me entrenaba para hacer menos de 9m42s. Fui al Sudamericano y corrí sola en 9m51s, pero las condiciones climáticas no me ayudaron para nada. Como estaba muy bien me fui otra vez a la altura.

-Y de la altura de Cachi a Londres, y ahora este logro en sólo dos días...

-Me sentí muy cómoda en la serie, y ya con la alegría que tenía de que iba a correr la final dije 'última no quiero salir'. Salí prendida al pelotón y dije ya está. En las últimas dos o tres vueltas ya se me estaba endureciendo todo, ya no daba más, pero me fijaba en la que tenía adelante mío, no me voy a salir del pelotón. Si me quedaba sola, me entregaba. El pelotón no es fácil, pero te ayuda.

Belén Casetta y una gran actuación global © LA NACION Belén Casetta y una gran actuación global

-¿Cuánto empuja el pelotón?

-¡Es increíble cómo te ayuda, increíble! Corriendo con pelotón es obvio que iba a mejorar. Ya sé que va a ser así ahora.

-¿Qué hablaste con el equipo argentino cuando saliste de la pista?

-Todos se quedaron con que el otro día me quedó aire para rematar en los últimos 200 metros de la serie, entonces todos pensaban que podía mejorar. Pero no me imaginé tanto.

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