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Historias mínimas que reflejan que el fútbol es un símbolo de paz

logotipo de LA NACION LA NACION 19/08/2017

Abrumado por el atentado en Barcelona, con la fragilidad a cielo abierto, España trata de recuperar como puede el pulso de todos los días. En tiempos de víctimas y de reconstrucción, el fútbol se ofrece como un escondite entre el dolor por la muerte de 14 personas y 120 heridos. La liga abrió sus puertas con el honor a los caídos -minutos de silencio y banderas alusivas en los escenarios- y con el renovado impulso que la convierte en una de las competencias más atractivas del mundo.

Todas las entidades de Primera y Segunda División tendrán un recuerdo en honor a tamaño dolor. "Se rendirá homenaje a las víctimas y sus familiares tras la tragedia ocurrida en la ciudad de Barcelona", fue el comunicado oficial de la Federación. Y así comenzó: los gestos en Leganés y Valencia fueron conmovedores, más allá de los goles de sus mínimos triunfos. Respeto, emoción, solidaridad y la convicción de unidad, que el deporte suele ofrecer cuando el dolor es gigante. El impacto recorrió otros escenarios, como en Bayern Munich, en el arranque de la Bundesliga.

Antes de los entrenamientos, también hubo un minuto de silencio: imágenes de futbolistas instalados en el círculo central, con el vacío a modo de escenografía, recorrieron el planeta.

Los gestos, lógicamente, excedieron el fútbol: en todos los sitios en donde hubo alguna competencia, se creó una atmósfera conmovedora. Como en la presentación de la Vuelta de España de ciclismo.

Detrás de la angustia, la pelota volvió a rodar. Tal vez, la liga siempre tiene el mismo final, repartido entre Real Madrid -el último campeón, ganador de la Supercopa y arrollador-, Barcelona -melancólico y repetido, aplacado por la salida de Neymar- y algún intruso sorpresivo. Es que, de los últimos 10 torneos, repartidos entre los dos gigantes -primero o segundo-, apenas se colaron Atlético de Madrid, el campeón en la temporada 2013

2014 y Villarreal, subcampeón en 2008/2007. En ese contexto, en el que nuestra flamante Superliga parece acercarse -los grandes, cada vez más inalcanzables-, hay un grupo de tres entrenadores y 36 jugadores argentinos que prometen dejar su huella.

La Liga, será, seguramente, para Real Madrid o Barcelona: en esto, no hay suspenso que desvíe la mirada. Detrás del título y la clasificación para la próxima Champions (habrá cuatro cupos directos), se descubren, en esta temporada, con los ingresos de Getafe, Levante y Gerona, la certeza de que cada vez son más los equipos humildes, que pelean otras historias, menores; como la permanencia. Atlético de Madrid, siempre con el pragmático Diego Simeone, no pudo realizar incorporaciones, por una sanción, lo que lo deja en una situación de mayor debilidad frente a los desafíos heroicos.

Real Madrid está un par de escalones por encima del resto. Principalmente, de Barcelona. Después de la paliza táctica y psicológica de la Supercopa (3-1 y 2-0), con Cristiano a media luz y con cuatro partidos suspendido luego de la expulsión y el exceso, quedó en evidencia que Zinedine Zidane encontró el pulso perfecto. Con Marco Asencio, como revelación (y pensar que a punto estuvo de arreglar con Barcelona) y las firmas de siempre, como Casemiro, Marcelo, Ramos, Modric, Isco y tantos otros. Ya no es una formación de estrellas: es un elenco con mayúsculas. "Tengo un equipo espectacular. Si los hay, no se notan los cambios", cuenta Zidane. Ernesto Valverde es la contracara: aún no encuentra la sintonía, derrumbado -como el equipo que dirige-, luego del repentino adiós de Neymar, que precisaba otros aires para volar aún más alto. "Tenemos que concentrarnos en la liga", alcanzó a decir, suplicando que Messi no decaiga. Que no repita, en el Camp Nou, antiguas imágenes seleccionadas. Apenas sumó a Paulinho, un volante que llega de China: no parece ser la solución. Hoy, al menos, le sobra billetera (222 millones de euros por Neymar) y le falta lo más sensible: reactivar la Masía y comprar mejor. El choque con Betis, mañana, será un conmovedor homenaje a corazón abierto.

Barcelona tendrá una camiseta especial: colocará el lema #TotsSomBarcelona (Todos somos Barcelona) en la parte delantera; atrás, todos dirán "Barcelona", lo que será todo un símbolo.

Del concierto de argentinos -desde Messi, a Alexander Szymanowski, un hábil volante de Leganés; de Augusto Fernández, que vuelve al ruedo en Atlético de Madrid a Jonathan Calleri, que ensaya reinventarse en Las Palmas-, es Sevilla, ahora dirigido por Eduardo Berizzo, el equipo con mayor presencia albiceleste. Ex conductor de Celta, ocupa el lugar de Jorge Sampaoli, que ahora tiene un desafío estelar. Siete argentinos (Nicolás Pareja, Gabriel Mercado, Walter Montoya, Éver Banega, Joaquín Correa, Guido Pizarro y Franco Vázquez) tendrán la aventura de mantener a Sevilla en la elite. Ese mismo juego tendrá en sus manos Simeone, en Atlético de Madrid (Axel Werner, Augusto Fernández, Nicolás Gaitán, Luciano Vietto y Ángel Correa), que ahora, más que nunca, deberá recargar su clásico combustible espiritual.

Uno x Uno

Atlético de Madrid: Diego Simeone (DT); Axel Werner, Augusto Fernández, Nicolás Gaitán, Luciano Vietto y Ángel Correa.

Barcelona: Javier Mascherano y Lionel Messi.

Celta de Vigo: Facundo Roncaglia y Gustavo Cabral.

Alavés: Luis Zubeldía (DT).

Deportivo La Coruña: Federico Cartabia.

Eibar: Gonzalo Escalante.

Espanyol: Pablo Piatti.

Getafe: Damián Martínez, Nicolás Gorosito y Daniel "Cata" Díaz.

Las Palmas: Leandro Chichizola, Jonathan Calleri, Sergio Araujo y Hernán Toledo.

Leganés: Nereo Champagne, Martín Mantovani, Ezequiel Muñoz, Alexander Szymanowski y Mauricio Dos Santos.

Málaga: Emanuel Cecchini.

Real Sociedad: Gerónimo Rulli.

Sevilla: Eduardo Berizzo (DT); Nicolás Pareja, Gabriel Mercado, Walter Montoya, Éver Banega, Joaquín Correa, Guido Pizarro y Franco Vázquez.

Valencia: Ezequiel Garay.

Villarreal: Mariano Barbosa y Leonardo Suárez.

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