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Ilha Grande tiene lo que le falta a Río: playas limpias

logotipo de Associated PressAssociated Press 02/05/2017 Por PETER PRENGAMAN, Associated Press

VILA DO ABRAAO, Brasil (AP) — Una de las primeras cosas que el viajero percibe en Ilha Grande, o Isla Grande, es que no hay vehículos. El gobierno local prohíbe los autos privados, manteniendo el ritmo de vida tranquilo que los isleños defienden como fundamental para su identidad.

En los caminos de tierra y arena que discurren en paralelo a muchas playas, sin embargo, suele haber viajeros: decenas de cangrejos que avanzan lentamente a menos que se acerque algún humano.

"La vida aquí es simple", dice Rodison Marcos, un piloto de barco de 48 años nacido y criado en la isla. "No necesitamos relojes, ni corbatas ni autos”.

Tanto para los turistas extranjeros como para los brasileños, este lento desarrollo supone que esta tropical ofrece algo de lo que Río de Janeiro y las zonas próximas carecen desde hace años: playas limpias. En última instancia, fue la búsqueda de un océano inmaculado, donde mi esposa y yo estuviésemos cómodos dejando nadar a nuestros hijos, lo que nos atrajo.

La isla está a tres horas de viaje de Río, pero no hay una autovía o un puente que la conecte con el continente. Varios barcos cruzan cada día el pequeño estrecho que los separa desde tres puntos distintos. El relativo aislamiento supone que el servicio de telefonía celular es irregular e internet es a veces inexistente. Resumiendo, es un lugar para desconectar al tiempo que se sienten fuertes conexiones, porque todo el mundo parece conocer a todo el mundo aquí.

"Oh, van al lugar de Alex, el francés", me dijo un hombre después de llegar a Abraao y preguntar por cómo llegar a Playa Bica. "Déjenme conseguirles un barco taxi".

Nuestro bungalow de Airbnb estaba a otros 10 minutos de travesía en una inestable lancha motora, tras la que tuvimos que subir el equivalente a seis pisos de escaleras por un sendero escarpado a través de un exuberante bosque tropical. Todas las desventuras y el sudor valieron la pena una vez allí. Al mirar abajo vimos las azules aguas del océano mientras los monos saltaban entre los árboles.

La isla, de unos 200 kilómetros cuadrados (77 millas cuadradas), está inmaculada en parte por su inusual historia, que se remonta a la colonización portuguesa en el siglo XVI. Fue un nido de piratas, un colonia de leprosos y, más recientemente, una penitenciaría de máxima seguridad que acogió a algunos de los delincuentes más violentos del país, además de a presos políticos, durante parte de la dictadura de 1964 a 1985.

Varias rebeliones y fugas quitaron el sueño a los isleños y mantuvieron alejados a los inversionistas. En 1994, sin embargo, la cárcel Candido Mendes cerró sus puertas y fue demolida. Unos años más tarde, la Universidad del Estado de Río de Janeiro abrió un centro de investigación sobre medio ambiente y desarrollo sostenible.

Hoy hay numerosas posadas en Vila do Abraao, que tiene unos 3.000 habitantes. También hay lugares menos convencionales donde alojarse, desde villas frente a la playa a cabañas aisladas en la jungla. Las empresas ofrecen excursiones que van desde algunos de los mejores lugares de Brasil para practicar snorkel y buceo a rutas por unos bosques plagados de vida. Además, hay docenas y docenas de playas de postal que suelen estar vacías.

"Mire este agua", dijo Felipe Ricardo Brito, que vende caipirinhas, un coctel que combina cachaça brasileña y limas, en Playa Feiticeira. "Está totalmente limpia. No hay aguas residuales. Puede respirar aire puro".

Esto no ocurre en la mayoría de las playas dentro y cerca de Río, que acogió los Juegos Olímpicos de 2016. Una investigación realizada por The Associated Press durante 18 meses antes del inicio del evento deportivo halló altos niveles de bacterias y virus en los arenales de la ciudad. Solo un poco más de la mitad de los residuos de la urbe se tratan, lo que supone que toneladas de aguas fecales terminan a diario en la bahía de Guanabara y en playas próximas.

Sin embargo, aunque Ilha Grande no tiene problemas con las cloacas, está lejos de ser un paraíso medioambiental. Por ejemplo, en medio de la profunda crisis económica que vive el país, la isla tiene problemas con la recolección de basura.

A principios de año, la isla acaparó titulares a nivel nacional cuando cientos de bolsas de basura aparecieron esparcidas por Vila do Abraao. El gobierno local cambió a los responsables del servicio y prometió regularizarlo. Sin embargo, el problema aparece periódicamente, molestando a los isleños y creando una imagen poco habitual. Durante nuestra visita en febrero, podían verse cangrejos entre la basura.

También preocupa un posible desarrollo excesivo. Gran parte del territorio es una zona salvaje protegida, pero Brasil tiene un historial de grandes intereses económicos que vencen a las protecciones medioambientales. El año pasado, secretario de Medio Ambiente del estado invitó a los residentes de Ilha Grande a presentar ideas para su futuro, desde proyectos de desarrollo a temas medioambientales. Aunque se presentó como una vía para generar consenso, muchos residentes sospechan que era solo un intento de introducir grandes cambios.

A medida que la isla se abre al exterior, sus industrias y su demografía cambian. Aunque la pesca sigue siendo el principal negocio para muchos residentes, cada vez más de estos barcos se usan para trasladas turistas. Y a algunos foráneos la zona les gusta tanto que buscan la forma de quedarse.

"Ahora tenemos argentinos, brasileños de otros estados e hippies viviendo aquí", apuntó Selma dos Santos Garcia, una nativa de Ilha Grande de 34 años que vende aperitivos en las playas. "Y estamos la merced de los turistas".

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Si va a...

ILHA GRANDE: http://www.visitbrasil.com/en/destinos/ilha-grande/

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Peter Prengaman es director de noticias de The Associated Press en Brasil, desde Río de Janeiro. Está en Twitter en twitter.com/peterprengaman.

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