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Instinto, cabeza y resiliencia: Rafael Nadal sigue alimentando su propio mito

logotipo de LA NACION LA NACION 15/08/2017

Atormentado por los trastornos físicos, Rafael Nadal evaluó la posibilidad de retirarse del tenis en más de una oportunidad. Las lesiones han sido el eterno castigo del español. Esos obstáculos indeseados lo martirizaron, inclusive, antes de ganar la primera de sus diez coronas en Roland Garros: en 2003, dos temporadas antes de conquistar el Abierto francés, Rafa padeció una fisura en el codo derecho durante un entrenamiento en Manacor que no le permitió viajar al Bois de Boulogne. Aquello fue, apenas, una advertencia.

Con los años, la lista de padecimientos físicos se acrecentó a un ritmo infernal (casi a la par de sus títulos). De hecho, por momentos meditó sobre la posibilidad de dedicarse profesionalmente al golf, deporte que practica con pasión -como todo lo que encara en su vida-. En 2012, una dolencia en el tendón rotuliano de la rodilla izquierda lo dejó siete meses fuera de circulación después de caer en la segunda rueda de Wimbledon (se perdió los Juegos Olímpicos de Londres). En 2014, con problemas en la espalda, se sometió a un doloroso tratamiento de células madre para tratar de regenerar el cuerpo. Cuando en 2016 se retiró de Roland Garros antes de disputar la tercera etapa y algunos meses después abandonó la temporada por las mismas afecciones, se encendió la alarma. Una vez más, los interrogantes sobre su futuro en el tenis quedaron planteados. El optimismo no abundaba; al contrario.

"Mi carrera está como está y es muy buena. Decir que está hecha no significa que no quiera mejorarla. Siendo realistas, lo que está hecho hasta el día de hoy es mucho más de lo que había soñado cuando tenía 20, 22, 23 y 25 años (.) Sin embargo, eso no me quita la ilusión de seguir estando arriba, esforzándome para conseguir objetivos ambiciosos en este nuevo año", declaró Nadal en el diario El Español, en enero pasado, antes del Abierto de Australia. El mensaje, después de haber interrumpido su actuación en 2016, desprendía confianza. Claro, de las palabras a los hechos concretos parecía haber mucha distancia. Hasta que empezó a competir., y las dudas quedaron enterradas por ese instinto asesino y esa capacidad de superación fabulosa con la que cimentó su carrera. Finalista en Australia, Acapulco e Indian Wells, campeón en Montecarlo, Barcelona, Madrid y Roland Garros, octavos de final en Wimbledon y tercera rueda en Canadá. Con Roger Federer fuera de Cincinnati por una molestia en la espalda y Andy Murray hostigado por una cadera maltrecha, desde el próximo lunes Nadal (ganador de 15 trofeos de Grand Slam) inaugurará a los 31 años su cuarta etapa como número 1 del mundo, sitio en el que estuvo durante 141 semanas (46 entre agosto de 2008 y julio de 2009, 56 entre junio de 2010 y julio de 2011, y 39 entre octubre de 2013 y julio de 2014).

Más allá de cualquier consideración estética y debate alrededor de su enfrentamiento histórico con Federer, Nadal deslumbró resistiendo el estrés, enfrentando el dolor. Es, probablemente, de los tenistas más perseverantes de la historia. Superó largos períodos de padecimientos y siempre salió con mayor impulso. Su mente lo es todo. Exigente al máximo, obsesivo, con una fuerza naturalmente desbordante, inteligente y talentoso. Y, sobre todo, comprometido. Así construyó el mito. Así lo sigue alimentando.

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