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Isla Maciel, Avellaneda: a los tiros a la vera del Riachuelo

logotipo de LA NACION LA NACION 06/08/2017

Para Cambiemos todavía era utópico alcanzar el ballottage contra Daniel Scioli, pero el desafío electoral obligaba a penetrar en terrenos adversos. O, al menos, intentarlo.

Era una mañana de domingo cuando tres hombres con ropa de trabajo se daban maña para colgar, a la vera de la autopista Buenos Aires-La Plata, un cartel con el rostro de Mauricio Macri. Los operarios dejaron caer sus herramientas cuando empezaron a oír disparos. Eran tiros aislados.

"Acá manda Cristina, tómensela", les ordenó desde abajo un grupo de vecinos. A los desafiantes no les importó que apenas a unos 15 metros estuviera la comisaría 3» de Dock Sud, un destacamento que se ubica estratégicamente en el acceso a la isla Maciel. Con el trabajo sin terminar, el telón plástico con el rostro del actual presidente flameó hasta el soplido de la primera sudestada.

"El barrio estaba tranquilo hasta que se escucharon unos disparos. Los vagos los sacaron corriendo", recordó el episodio un chofer de Candombero, una de las dos agencias de remises que trabajan en la isla. Los "vagos" son referentes barriales, barrabravas, militantes, punteros. Cada barrio, como en casi todos, encuentra su sentido de pertenencia en el club de fútbol de la zona. En este caso, el corazón de la isla Maciel le pertenece a San Telmo.

Un recorrido por las calles de la isla basta para identificarlo como territorio kirchnerista. Por Montaña, la arteria principal, se distingue el único afiche. Es de Unidad Ciudadana, el frente de Cristina. Unas cuadras más al fondo está el búnker de La Cámpora. Y resiste al tiempo una leyenda de Scioli en un paredón descascarado. Hace dos años, en plena campaña, Scioli bajó en helicóptero en el corazón de la isla. El viento que levantaron las aspas de la aeronave, que aterrizó en la cancha de San Telmo, hizo volar más de un techo de chapa de los conventillos. Aquella vez, Scioli caminó con Jorge Ferraresi, intendente de Avellaneda.

Los vecinos le demuestran hoy mayor gratitud a Ferraresi que a Scioli. Le reconocen la finalización de una obra hídrica que evita las inundaciones. Fernando Leiro, el presidente de San Telmo, también es un agradecido: reconoció que el municipio aportó el 80% de los fondos para construir la única tribuna de cemento del estadio Osvaldo Baletto, el símbolo de la isla. Allí no hubo fútbol entre 2006 y 2011 por un durísimo fallo del Comité de Seguridad Deportiva por considerarla una "zona de alto riesgo".

Sin embargo, de entonces a hoy, nada cambió: la isla mantiene sus altos índices de peligrosidad. Lo reconocen vecinos, un agente de la comisaría de Dock Sud y dos choferes de las líneas 570 y 373, las únicas que atraviesan este barrio de astilleros oxidados que descansa sobre un brazo del Riachuelo. Jamás llegó hasta allí la urbanización tantas veces anunciada para los ribereños.

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