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La CGT ratificó la marcha del martes para descomprimir la puja interna

logotipo de LA NACION LA NACION 17/08/2017

En un intento por descomprimir la pelea interna que la atraviesa desde hace semanas, la CGT ratificó ayer que el martes próximo marchará a la Plaza de Mayo. La decisión se tomó después de una larga reunión del consejo directivo de la central obrera, en la que volvieron a aflorar las diferencias.

"Todos los sindicatos vamos a marchar", dijo Héctor Daer, tras el encuentro, en la sede de Azopardo. La frase del jefe de Sanidad e integrante del triunvirato que conduce la CGT buscó despejar las dudas sobre la participación de "los Gordos" (representantes de los grandes gremios de servicios) y de los autodenominados "independientes".

En las horas previas a la reunión, referentes de ambos sectores habían sugerido, incluso en público, que era mejor suspender la manifestación para no tensar la cuerda con el Gobierno, sobre todo en función del resultado electoral del domingo pasado.

La confirmación llegó después de casi cuatro horas de reunión, en las que no faltó tensión. Menos, pases de factura. Daer se cruzó fuerte con Pablo Moyano por los abucheos al trío de mando de la CGT en el último plenario de delegados en Ferro, a fines de julio. Daer está convencido de que Moyano hijo estuvo detrás de los silbidos a la conducción. También hubo intercambios calientes sobre la organización de la seguridad de la marcha.

A la movilización se sumarán las organizaciones sociales que en los últimos meses anudaron una alianza con la CGT. Resta la definición del MASA, el conglomerado de gremios del transporte que lidera Omar Viviani.

Pese a la disputa interna, y en un esfuerzo por escenificar unidad, los tres jefes de la CGT se mostraron juntos y fueron voceros de la reunión del consejo.

Las diferencias respecto de cómo pararse frente al Gobierno están latentes y alimentan el fantasma de la ruptura. De hecho, la CGT evitó definir si, además de marchar a la Plaza de Mayo, llamará a otro paro contra Mauricio Macri. La decisión la tomará el comité central confederal, a mediados de septiembre.

El fantasma del 7 de marzo atravesó todo el debate. Ese día, una movilización a la Secretaría de Comercio terminó en incidentes porque, pese a la presión de las bases durante la propia manifestación, los jefes de la CGT no definieron la fecha de lo que luego fue el primer paro nacional contra el Gobierno. El temor a que se repita la violenta tarde del "Poné la fecha, la puta que te parió" existe y es compartido.

La posibilidad de que se repita esa escena es el principal argumento de Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña, los otros dos integrantes del triunvirato, que presionan para que la fecha de una nueva huelga se decida en el corto plazo. Daer, en cambio, cree que no conviene avanzar hasta después de las elecciones de octubre. El debate no está zanjado ni mucho menos.

Los partidarios de no dilatar la convocatoria a la huelga suman otro razonamiento: si la presión para parar se sintió hace pocos días en el plenario de Ferro, un escenario acotado y contenido (no más de 300 personas), muy probablemente surja también, y multiplicado, en la Plaza de Mayo, el martes.

Ayer, Daer intentó transmitir calma. "Esta vez no habrá disturbios. Vamos a organizar a los cuadros sindicales para que no ocurran", aseguró. Y buscó aventar el fantasma de la ruptura. "No estuvo nunca en la cabeza de nadie", declaró.

Los otros dos triunviros sumaron su lectura del resultado de las PASO. "Los problemas por los que vamos a marchar siguen presentes y seguramente después de octubre van a estar", advirtió Schmid. Acuña acotó: "Por más espaldarazo que sienta el Gobierno, si no hay respuestas, cae todo en saco roto".

La decisión de los gremios de volver a la calle apenas nueve días después de las PASO alentará las lecturas políticas. Ocurrirá en las narices de un gobierno todavía eufórico por los resultados y de un peronismo dividido y derrotado en casi todo el país.

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