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La historia de Marcelo Diez, el hombre que podrá acceder a una muerte digna

logotipo de LA NACION LA NACION 07/07/2015

© La Nación Hace 20 años, Marcelo Diez, un joven neuquino, se dirigía en su moto a una chacra para comer con su familia. En el camino, fue embestido por un auto. El choque fue tan fuerte que le causó severos politraumatismos. Pero su situación se agravó a raíz de una infección intrahospitalaria que lo llevó a un estado vegetativo en el cual continúa hoy.

Diez, hoy de 50 años, padece una grave secuela con desconexión entre ambos cerebros, destrucción del lóbulo frontal y severas lesiones en los lóbulos temporales y occipitales. Según consignó el Centro de Información Judicial, desde hace más de 20 años no habla, no muestra respuestas gestuales o verbales, no vocaliza ni gesticula ante estímulos verbales y tampoco responde ante estímulos visuales. Carece de conciencia del medio que lo rodea, de capacidad de elaborar una comunicación, comprensión o expresión a través de lenguaje alguno y no presenta evidencia de actividad cognitiva residual. Diez necesita atención permanente para satisfacer sus necesidades básicas y es alimentado por una sonda conectada a su intestino delgado.

Su estado es irreversible, y así lo corroboraron numerosos estudios y especialistas. Si bien Diez no había brindado ninguna instrucción formalizada por escrito respecto a qué conducta médica debía adoptarse en una situación como la que se encuentra en la actualidad, él le había manifestado a sus hermanas, Andriana y Andrea, que, "en la eventualidad de hallarse en el futuro en esta clase de estado irreversible, no era su deseo que se prolongara artificialmente su vida", según indica el CIJ. Por eso sus hermanas solicitaron la suspensión de las medidas de soporte vital que se le vienen suministrando desde hace dos décadas.

Esta solicitud se judicializó. En febrero de 2011, meses antes de que se sancionara la ley de muerte digna, la jueza neuquina Beatriz Giménez denegó el pedido de la familia, argumentando que el cuerpo de Diez no exhibía "el deterioro propio de alguien que va directamente a una muerte natural".

A su vez, el obispo de Neuquén, monseñor Virginio Bressanelli, rechazó la aplicación de la denominada muerte digna al paciente y les pidió a los familiares del hombre que lo dejen "a su cuidado" y al de la institución donde permanece internado.

"No corresponde decir que quitarle el sostén básico es dejarlo partir en paz", sostuvo Bressanelli.

Sus hermanas siguieron insistiendo por la vía judicial, ya que consideraron que no se estaba respetando la voluntad de Diez al mantenerlo con vida de manera artificial.

El caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, que hoy falló a favor de que se le conceda la muerte digna.

LA CARTA DE SU HERMANA

Antes de que se sancionara la Ley de muerte digna, su hermana había hecho públicas estas palabras:

"No soy una cronista imparcial en esta historia. Porque Marcelo era mi hermano. Y tampoco soy neutral. Porque, a instancias de mi hermana, he solicitado a la justicia que le retiren la alimentación por sonda y que no le den más antibióticos en caso de infección. Hemos pedido que lo dejen ir (.) Hace años, saliendo de una de las visitas que realizaba habitualmente en la institución donde está internado, me topé con una psicóloga que me dijo: 'Es difícil entrar y verlo y pensar que tal vez esté muerto ¿no?'. En realidad mi tristeza era porque, una vez más, había llegado a verlo y comprobaba que continuaba vivo. ¿Qué les sucede a tantos profesionales de la salud con la muerte?".

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