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La inserción racial, un conflicto de todos los colores, está vigente

logotipo de LA NACION LA NACION 19/08/2017

PORT ELIZABETH, Sudáfrica.- El hincha desprevenido se sorprenderá cuando los Springboks salgan a jugar al césped del estadio Padre Martearena de Salta el próximo sábado. Por primera vez, lucirán una camiseta íntegramente roja. La decisión ha desatado fuerte rechazo en este país, no por lo que simboliza sino porque no es un color muy atractivo. Sin embargo, responde a una causa noble: conmemorar los 25 años de unión del rugby sudafricano.

Otrora dividido por etnias a causa del apartheid, en 1992 se produjo la fusión de las cuatro uniones existentes. Pero mientras el racismo está en franco repliegue, la disputa por la participación de los negros está en un momento álgido. Y Port Elizabeth, precisamente, se encuentra en el eje de una discusión que excede largamente el ámbito deportivo y afecta también a lo político y lo social.

Luego de sólo tres temporadas, los Southern Kings, representativos en el Súper Rugby de la provincia de la unión de rugby de Esatern Province y con sede en Port Elizabeth, fueron cortados por malos resultados y escasa repercusión en el público.

"Este equipo representa el corazón del rugby negro en Sudáfrica, una tradición que se remonta al establecimiento del rugby en nuestro país", dijo Andre Redman, presiden-te de la unión de Eastern Province, cuando los Kings fueron invitados a participar del flamante Pro 14 (ex Liga Celta) con los equipos de Gales, Irlanda, Escocia e Italia, además de los Cheetas sudafricanos, también cortados del Súper Rugby. "Vamos a darle un nuevo sabor al certamen. Los Kings pasaron por tiempos difíciles dentro y fuera de la cancha en los años recientes y ahora tienen la posibilidad de reclamar su estatus como una de las potencias del rugby sudafricano".

Fue en Port Elizabeth donde en 1936 se refundó la South African Bantu Rugby Union, que nucleaba a los jugadores de color. En realidad, a pocos años de que George "Gog" Ogilvie, un cura de Winchester, Inglaterra, introdujera el rugby en Ciudad del Cabo en 1861, ya había negros jugando al rugby organizadamente. En 1896, sin ir más lejos, comenzó la disputa de la Rhodes Cup en forma paralela a la Currie Cup. El rugby de blancos y negros, como la sociedad, iba por caminos distintos.

Durante el apartheid, Sudáfrica no fue marginada de la IRB, pero los conflictos fueron increscendo. Los neozelandeses, por ejemplo, no podían incluir a jugadores maoríes en sus giras a Sudáfrica porque allí los blancos no podían enfrentarse a jugadores de otras razas. Los ne-gros nunca dejaron de jugar, pero el rugby se erigió como el deporte de los blancos. Cuando jugaban los Springboks la cancha se llenaba con un 95% de blancos y 5% de ne-gros que se situaban en una tribuna apartada y alentaban a los rivales.

Esta división tuvo su epílogo concreto no con el fin del apartheid ni con la unificación de las uniones, sino con el acto simbólico que protagonizó Nelson Mandela en la final del Mundial de Sudáfica 1995, cuan-do le entregó la copa Webb Ellis al capitán Francois Pienaar, vestido con la camiseta verde y oro con el impala (springbok) en el pecho, el animal que era considerado por los negros como un símbolo de opresión. Un gesto mucho más fuerte que la presencia del negro Chester Williams en el equipo.

Un cupo tácito

En un intento por revertir la segregación sufrida durante 43 años, el gobierno está procurando aumen-tar la participación de los negros en el deporte. A esta política respondió la inclusión de los Kings en el Súper Rugby, un equipo armado con gran apoyo estatal y de la unión sudafricana para darles mayor participación a los jugadores negros y que resultó una fuente de conflictos, prime-ro porque en el año del debut (con Nicolás Vergallo y Tomás Leonardi en el equipo) obligó al descenso momentáneo de los Lions, y segundo porque cuando en plena competencia este año la Sanzaar acordó con la Sout Africa Rugby (SARU) cortar dos equipos de este país, hubo un gran debate sobre si los Kings debían permanecer o no, pese a los malos resultados y a la bancarrota financiera. Al final, la llegada al Pro 14 no deja de ser una salida decorosa.

Pero el mayor problema se presenta en el seleccionado, donde rige una ley no escrita ni oficializada por la cual el plantel Springboks debe tener un cupo de jugadores negros que para 2019 debe alcanzar el 50% a cambio de que el gobierno preste asistencia financiera para organizar el Mundial de 2023. ¿Si no fuera este cupo, estarían hoy entre los 23 jugadores como Bongi Mbonambi, Trevor Nyakane, Raymond Rhule o Uzari Casssiem? Para muchos especialistas, es una de las razones de la debacle de los Springboks en los últimos años junto con la sangría de jugadores hacia Europa. Heridas que no terminan de cerrar.

Camiseta polémica

Toda roja, para honrar los 25 años de unidad. La bandera de Sudáfrica contiene seis colores que re-presentan los de todas las etnias: verde, rojo, azul, amarillo, negro y blanco. La unión sudafricana dispuso una edición limitada de un modelo rojo, alternativo al uniforme oficial verde, amarillo y blanco. Para completar el arco iris diseñó los uniformes de entrenamiento amarillo y negro y azul y negro.

"Se trata de un mero instrumento de marketing". La iniciativa, sin embargo, recibió muchas críticas, la más ácida de ellas por parte del ex entrenador de los Springboks Jake White. "La explicación que dieron es basura. Se trata de un mero instrumento de marketing para vender más camisetas", protestó. "Si no podemos vender las camisetas verdes y tenemos que cambiar por el rojo, estamos en graves problemas".

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