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La paradoja colombiana: es uno de los países que más crecen, pero la bonanza no llega a todos

logotipo de LA NACION LA NACION 24/05/2014 Maria Paula Markous - La Nacion

BOGOTÁ.- Colombia está de fiesta, pero son pocos los que se sienten invitados. Con un sólido crecimiento en la última década y cifras que despiertan la envidia de sus vecinos en la región, los especialistas hablan de un "milagro económico". Pero esa euforia no se respira en el país, donde tres de cada cinco personas sienten que las cosas van por mal camino y se preguntan dónde está la bonanza.

En Bogotá conviven las dos caras de la paradoja colombiana. La pujanza se vislumbra, sobre todo, en el norte de la ciudad. Allí, en el medio de los cerros -en los barrios La Cabrera y El Chicó-, vive la clase más acomodada y se alzan el centro financiero y la glamorosa Zona T, con sus shoppings y restaurantes chic. En el Sur, en cambio, la bonanza llega con cuenta gotas a los tugurios (villas miseria) de las localidades de Bosa y Ciudad Bolívar.

Los bogotanos se enorgullecen del Transmilenio (una especie de Metrobus, que se inauguró en 2000), las ciclovías y del centro histórico colonial en el barrio de La Candelaria. Pero, en paralelo, se quejan de la inseguridad, del estado de la salud y de los embotellamientos.

"Yo no veo ningún milagro económico. Me cuesta conseguir un trabajo estable, porque son todos contratos temporales; la salud está cara, y si salís a la noche, te roban", dijo Claudia Cerro, una empleada de 40 años.

Claudia pertenece a esa mayoría de colombianos que sienten que las cosas no están bien. Según una encuesta de Gallup publicada este mes, el 68% de la población es pesimista respecto del rumbo del país.

En el exterior, en cambio, Colombia está de moda. Este año, Le Figaro, The Economist y Financial Times elogiaron el buen ritmo que tienen las cuentas del país, que en los últimos cuatro años creció en promedio 4,6%, por encima de muchas economías de la región.

En febrero, The Wall Street Journal se sumó a la ola de elogios internacionales. Sostuvo que Colombia se había transformado en la tercera economía de la región, superando a la Argentina, aunque muchos desconfiaron de las mediciones por las fluctuaciones del peso local.

Sea cierto o no, las cifras macroeconómicas de Colombia despiertan la envidia de cualquier argentino. La inflación fue de 1,9% el año pasado (la cifra más baja en 50 años), el déficit fiscal descendió y las reservas internacionales treparon a 45.000 millones de dólares.

El desempleo, una de las principales preocupaciones de los colombianos, desciende mes tras mes y hoy se ubica en 10,7%. También bajó la pobreza, que en 2013 fue 30,6%, dos puntos menos que en 2012, aunque todavía es elevada. Una de las cifras que más admiración despiertan en la región es la tasa de inversión -el porcentaje de PBI que reinvierte el país-, que pasó de 15,5% en 2004 a 27,7% en 2014.

"Sin duda, hemos tenido viento a favor por el contexto internacional, pero la economía ha sido manejada de forma responsable. Esto no es algo nuevo. Colombia es un país que en los últimos años tuvo un manejo prudente de la economía", dijo el analista económico y director del diario Portfolio, Ricardo Ávila.

El crecimiento de Colombia ha estado estimulado por la producción petrolera y, en menor medida, por la exportación de carbón. "En los últimos años, los productos agrícolas, como el banano y el café, están sufriendo por la apreciación del peso", agregó el analista Pedro Medellín.

A los resultados económicos, podría sumarse otra buena noticia: las conversaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que emprendió hace un año y medio el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y que buscan ponerle fin a una guerra de más de 50 años. No es utópico pensar que en 2015 se podría firmar el acuerdo que tanto anhelan los colombianos.

Sin embargo, la paz, el caballito de Santos para buscar la reelección en los comicios de mañana, no convence a los colombianos, escépticos sobre la firma de un acuerdo y desconfiados, sobre todo, de las verdaderas intenciones de la guerrilla. En los últimos sondeos, Santos aparece cabeza a cabeza con el derechista e hijo político del ex presidente Álvaro Uribe, Oscar Iván Zuluaga.

La sólida gestión económica del presidente tampoco termina de conquistar a los colombianos. Santos dijo repetidas veces que tuvo problemas para comunicar sus logros. Pero el problema es más complejo.

"El hombre de la calle ve lo que le afecta más directamente. No entiende qué es eso del crecimiento del PBI y reservas internacionales. Ve que, si bien la inflación está controlada, los sueldos son bajos, el desempleo descendió muy poco y el transporte, por lo menos en Bogotá, es un desastre", sostuvo Medellín.

El desempleo es la principal preocupación de los colombianos, según la encuesta de Gallup. A pesar de que el trabajo formal aumentó, todavía la informalidad es muy alta y afecta a 10 millones de personas empleadas. En el mismo sentido, Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo. El Índice Gini, que mide la inequidad, fue de 0,539 tanto en 2013 como en 2012.

Hay otros temas más de fondo que explican el descontento. El año 2013 fue un año agitado socialmente, en el que hubo muchos paros sectoriales (de maestros, cafeteros, campesinos), que golpearon la capacidad de Santos de generar gobernabilidad. A esto se suma una gran crisis en el sistema de salud, afectado por las denuncias de corrupción, el hacinamiento y la mala atención. El descuido de la educación y la corrupción también figuran como preocupaciones de la gente. "Yo sé que aquí hay dinero, que vienen las empresas de afuera y que vamos bien. Pero a mí me cuesta pagar el alquiler. Es como mirar un baile desde afuera", dijo, resignado, Eusebio Gómez, un taxista de 50 años.

Durante la gestión de Juan Manuel Santos, Colombia creció a un rimo promedio de 4,6% anual Su economía se basa en la producción de bienes primarios para la exportación (14,9%) y bienes de consumo para el mercado interno (8,4%) Es el cuarto productor petrolero de América latina, con cerca de un millón de barriles diarios Bajaron el desempleo (10,7%) y la pobreza (30,6%), pero creció el subempleo (29,3%) En el Índice Gini, donde 0 es perfecta igualdad social y 1 desigualdad total (una sola persona tiene todos los ingresos y los demás, nada), está en 0,539

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