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La verborragia improvisada dinamitó su propia estrategia

logotipo de LA NACION LA NACION 11/08/2017

WASHINGTON.- Justo cuando la estrategia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para Corea del Norte estaba empezando a arrojar dividendos, la encendida retórica del dirigente complica la jugada.

Por fin, su gobierno parecía estar hablando con una única voz en un tema clave de seguridad nacional, algo que parecía imposible en sus seis primeros meses en la Casa Blanca. Pero la situación cambió drásticamente tras su amenaza de golpear a Pyongyang con "fuego y furia como el mundo nunca ha visto" si volvía a provocar a Washington.

Al avivar la tensión, Trump podría haber socavado también la única perspectiva seria de resolver la crisis de Corea del Norte: la cooperación exitosa con China.

La estrategia de Trump se ha basado en una delicada acción diplomática: incrementar la presión sobre China con la esperanza de que, a su vez, Pekín utilice su influencia para hacer que Corea del Norte abandone sus aspiraciones nucleares. Trump estaba profundamente frustrado por la obstinación de China, pero había señales de que finalmente podría ceder, incluyendo su voto a favor de las duras sanciones de Naciones Unidas.

En este sentido, la declaración de Trump parece encajar en un patrón en el que el republicano se convierte en su mayor obstáculo para lograr sus objetivos. Unas veces expone divisiones dentro de su gobierno que otros pueden explotar. En otras, adopta posiciones tan impopulares que hace imposible que los socios que necesita puedan permitirse el lujo de trabajar a su lado. En otros casos representa las peores sospechas que sus críticos tienen sobre él.

Con Corea del Norte, su último movimiento imprevisto ha puesto en peligro la posible colaboración que buscaba en Pekín.

En los últimos meses, Trump estaba tan frustrado por la negativa de China a implicarse que dejó entrever que estaba considerando nuevas medidas comerciales punitivas.

El Departamento del Tesoro llegó a preparar "sanciones secundarias" sin precedente contra las empresas y los bancos chinos que operan con Pyongyang.

Pero Trump acordó frenarlas después de que China, con su voto en el Consejo de Seguridad de la ONU, diese señales de que finalmente avanzaba en la dirección que quería el republicano, señalaron funcionarios estadounidenses.

Molestias en China y Europa

Así que cuando el martes Trump pareció rebajarse al nivel del líder norcoreano, Kim, amenazando de forma agresiva a la hermética nación con la fuerza física, no sólo Washington se sorprendió.

"Que el líder del país más poderoso del mundo hable de la capacidad de aniquilar a otro país con un poder nunca visto no sólo provoca una reacción en Pyongyang, sino en Pekín y Europa", explicó Jeffrey Bader, ex asesor del presidente Barack Obama.

China podría considerar el apocalíptico mensaje de Trump como una prueba de que el republicano no está realmente interesado en el tipo de solución diplomática que preservaría el primer interés de Pekín: la estabilidad de la región. Sin la cooperación del gobierno chino, las sanciones tendrían un efecto insignificante.

Entonces, ¿qué llevó a Trump a alterar de forma tan dramática el equilibro con Corea del Norte? ¿Por qué ahora?

Uno de los posibles desencadenantes fue un reporte militar estadounidense que apuntaba que el Norte había mejorado su capacidad para colocar una cabeza nuclear en uno de sus proyectiles de largo alcance. Otro podría haber sido la amenaza de Pyongyang de vengarse "mil veces" por las nuevas medidas de la ONU.

La amenaza de Trump tomó por sorpresa a Tillerson durante su viaje a Asia, según funcionarios cercanos a los hechos. Y a pesar de que su literaria advertencia de "fuego y furia" parecía premeditada, los asesores del presidente insisten en que aunque se discutió el tono que emplearía en caso de ser preguntado por la crisis, no sabían exactamente qué iba a decir.

El "teléfono rojo", gran ausente de la crisis

Estados Unidos y Corea del Norte no tienen una forma ágil de comunicarse. No tienen relaciones diplomáticas y sólo pueden contactarse directamente en las misiones ante la ONU, sus embajadas en Pekín y en reuniones entre militares en la frontera de las dos Coreas.

Los dos gobiernos enemigos suelen recurrir a intermediarios. Se pasan mensajes a través del gobierno chino -el principal aliado de Corea del Norte- o de la embajada de Suecia en Pyongyang, que representa los intereses norteamericanos. Existe una línea militar de emergencia entre Corea del Norte y Corea del Sur, estrecha aliada de Estados Unidos. Pyongyang, sin embargo, ya cortó esa línea una vez y amenazó con volver a interrumpirla.f

Rusia

Por el contrario, en las profundidades del Pentágono funciona el mítico "teléfono rojo" que conecta a Washington con Moscú desde la crisis de los misiles rusos entre el gobierno de John F. Kennedy y la Unión Soviética en 1962. Esa línea de emergencia fue diseñada para prevenir el apocalipsis nuclear y los mandos militares la prueban regularmente. Más que un teléfono, primero fue un teletipo, luego un fax y más tarde, una línea segura de mail y chat. Existen otras conexiones a distancia entre los dos gobiernos. Las fuerzas armadas además mantienen reuniones, intercambios y ejercicios militares conjuntos, aunque éstos se fueron espaciando y enfriando en los últimos años.RusiaEstados Unidos y Corea del Norte no tienen una forma ágil de comunicarse. No tienen relaciones diplomáticas y sólo pueden contactarse directamente en las misiones ante la ONU, sus embajadas en Pekín y en reuniones entre militares en la frontera de las dos Coreas.

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