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Las críticas le tuercen el brazo a Trump y lo fuerzan a condenar a los grupos racistas

logotipo de LA NACION LA NACION 15/08/2017

WASHINGTON.- Tras dos días de mordaces críticas, Donald Trump cedió a la presión y condenó al Ku Klux Klan, a los neonazis y a los supremacistas blancos, a quienes calificó de "criminales y matones" por la violencia que causaron en Charlottesville, una histórica ciudad que vivió el último rebrote de tensión racial en Estados Unidos.

"El racismo es malvado. Y los que causan violencia en su nombre son criminales y matones, incluyendo el KKK, neonazis, supremacistas blancos y otros grupos de odio que son repugnantes a todo lo que queremos como norteamericanos", dijo Trump, en un breve mensaje desde la Casa Blanca.

Con esa frase, leída desde un teleprompter, el presidente, que no respondió preguntas, intentó sepultar la ola de repudio y críticas, de propios y ajenos, que había desatado su primer mensaje tras los incidentes en Charlottesville en medio de una de las mayores congregaciones de grupos de ultraderecha de Estados Unidos en los últimos años.

El encuentro, titulado "Unamos a la Derecha", generó repudio nacional y disparó contramanifestaciones en la ciudad que chocaron, en más de una ocasión, con los grupos extremistas. El máximo pico de violencia ocurrió cuando un joven de 20 años vinculado al movimiento neonazi, James Alex Fields, embistió al volante de un auto deportivo contra una multitud que protestaba contra el rally supremacista. Una mujer de 32 años, Heather Heyer, murió, y otras 19 personas resultaron heridas.

El fiscal General, Jeff Sessions, calificó ayer a ese crimen como un "acto de terrorismo interno", el primer atentado reconocido por el gobierno federal desde que asumió Trump. Hubo ya un ataque con una bomba a una mezquita en Minnesota, que no dejó víctimas, que fue ignorado por la Casa Blanca.

Trump, al regresar ayer a la Casa Blanca tras unos días afuera © Jonathan ErnstJonathan Ernst Trump, al regresar ayer a la Casa Blanca tras unos días afuera

Trump comenzó su breve mensaje, de poco más de cinco minutos, con elogios al desempeño de la economía y reiteró su condena "en los términos más fuertes posibles" a la "exhibición flagrante de odio, fanatismo y violencia" que se vivió en Charlottesville.

"No tiene lugar en Estados Unidos", afirmó el presidente. Otra vez, ensayó un llamado a la unidad: "Debemos amarnos unos a otros, mostrarnos afectuosos el uno por el otro y unirnos juntos en la condenación del odio, la intolerancia y la violencia. Debemos redescubrir los lazos de amor y lealtad que nos unen como americanos", agregó.

Luego, soltó la frase que todos esperaban escuchar.

Trump, un presidente que ha mostrado soltura para atacar y rara vez ha dado marcha atrás o ha cedido ante la presión, condenó así por primera vez de manera directa e inequívoca al rincón más repudiado de su coalición de votantes: el "supremacismo blanco", una minoría envalentonada con el ascenso político del magnate, ferviente entusiasta de su plataforma xenófoba y nacionalista. El sábado, Trump había condenado la violencia "de muchos lados".

La reacción en Twitter al nuevo mensaje presidencial fue instantánea: llegó dos días tarde. Muchos descreyeron de la condena por ser forzada. Y hubo críticos que insistieron en que el presidente debía aun ir más allá y despedir a los tres colaboradores suyos que más han sido vinculados con la ultraderecha: su estratega, Stephen Bannon, el arquitecto de su política migratoria, Stephen Miller, y Sebastian Gorka, todos miembros del "ala populista" del gobierno.

"No importa lo que el presidente diga ahora. El primer instinto siempre es revelador, y el suyo fue mirar a la cámara y decir «muchos lados». Eso no puede ser borrado", dijo John Kerry, antiguo senador, candidato presidencial demócrata y canciller de Barack Obama.

Kerry fue uno de los que pusieron como evidencia un evento que ocurrió ayer: antes de su mensaje, Trump atacó en Twitter a Kenneth Frazier, CEO de Merck, afroamericano, que presentó ayer su renuncia al Consejo Manufacturero. Merck justificó su decisión en que sintió "una responsabilidad de marcar posición contra la intolerancia y el extremismo", según un comunicado.

Ya para ese entonces las críticas a Trump, que habían arreciado todo el fin de semana en Estados Unidos, comenzaron a llegar desde fuera del país. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, condenó anteayer la "violencia racista", y el vocero de la canciller alemana, Angela Merkel, dijo ayer que "las escenas de la marcha de extremistas de la derecha fueron absolutamente repulsivas".

La reticencia de Trump a denunciar a la ultraderecha tras los incidentes de Charlottesville había contrastado incluso con la postura de su propio vicepresidente, Mike Pence, y de su hija Ivanka.

Más allá de la reacción, el daño a la imagen del presidente ya era evidente, y ayer se materializó en un dato concreto: la última encuesta continua de Gallup marcó un nuevo piso en la cantidad de gente que aprueba la gestión de Trump del 34%, el más bajo desde que asumió, y un nuevo pico del 61% en la desaprobación al presidente, el más alto.

La web de los neonazis se queda sin proveedor

La página de Internet de extrema derecha The Daily Stormer, que alienta la supremacía blanca, se quedará sin servidor, después de que el proveedor GoDaddy les dijo a los administradores del sitio que se busquen otra empresa.

The Daily Stormer fue informado de que en 24 horas deberá buscar un nuevo proveedor, publicó ayer GoDaddy en Twitter, que explicó que se debe a una violación de los términos del servicio.

El sitio web promocionó el fin de semana las manifestaciones de supremacistas blancos y neonazis en Charlotesville, en el estado norteamericano de Virginia.

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