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Merkel, tan popular que no se priva de vacaciones a días de las elecciones

logotipo de LA NACION LA NACION 10/08/2017

PARÍS.- Ferviente admiradora del Tirol, Angela Merkel debe ser el único dirigente del mundo occidental que se permite el lujo de seguir de vacaciones cuando faltan 46 días para las elecciones. La razón es simple: todos los sondeos sostienen que la canciller alemana ganará su cuarto mandato en forma contundente.

Con las elecciones del 24 de septiembre a la vista, cualquier otro dirigente político estaría recorriendo febrilmente el país. Así lo hace su rival socialdemócrata Martin Schulz, mientras "mutti" (mamita), como la llaman sus conciudadanos, prefiere hacer largas caminatas por el flanco de los Alpes, junto a su marido, el científico Joachim Sauer.

Esa no es, sin embargo, la única costumbre que respeta rigurosamente. Con el título Las locuras vestimentarias de Angela Merkel, el diario sensacionalista Bild creyó ridiculizarla cuando publicó esta semana una serie de cinco fotos que la muestran vestida con la misma indumentaria de senderismo que utiliza invariablemente desde 2014: gorra y pantalón beige, y una camisa roja a cuadros, cada vez más desteñida. En realidad, le hizo un favor.

Para una parte de sus electores, esas fotos son más efectivas que cien actos políticos porque confirman que, a pesar de haber vivido los últimos 12 años en la cúspide del poder, sigue conservando la sencillez que tanto aprecian los alemanes. Aunque es la "reina de Europa" y la dirigente más respetada de Occidente, nunca se dejó encandilar por los flashes de los paparazzi.

El único lujo que se permite es asistir, una vez por año, al festival de ópera wagneriana de Bayreuth, generalmente vestida con el mismo vestido largo, audazmente escotado, de color azul petróleo.

Su estrategia de bajo perfil, que en realidad es una actitud natural, le da excelentes resultados. Así lo demostró la última encuesta Emnid, publicada hace 48 horas, que le acuerda 38% de las intenciones de voto con una ventaja de 15 puntos sobre su adversario Schulz.

El Partido Social Demócrata (SPD) creía haber encontrado la fórmula milagrosa cuando eligió a Schulz como su rival. Dopado en los sondeos por lo novedoso de su candidatura, el SPD relegó por un momento a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel. Pero ese espejismo se disipó después de las tres derrotas consecutivas sufridas en las elecciones regionales del Sarre, Schleswig-Holstein e incluso en el feudo socialdemócrata de Renania del Norte-Westfalia.

La canciller alemana, Angela Merkel © LA NACION La canciller alemana, Angela Merkel

Las esperanzas de Schulz sufrieron el golpe de gracia en otro baluarte socialdemócrata: el SPD, que dirige la región de Baja Sajonia desde 2013 gracias a una coalición con los ecologistas, acaba de perder su mayoría en el Parlamento regional. La responsable de ese cataclismo es la diputada Elke Twesten (Verdes), que traicionó a los Verdes para unirse a la CDU de Merkel. Su deslealtad obligó a convocar a elecciones regionales anticipadas para el 15 de octubre.

El golpe es particularmente duro porque Baja Sajonia es un land clave desde el punto de vista simbólico para el SPD: "Es el Estado natal o de actividad de una gran parte de sus dirigentes, incluyendo a Sigmar Gabriel [actual ministro de Relaciones Exteriores]", recuerda Simon Fink, profesor en la Universidad Georg-August de Göttingen.

El episodio de Baja Sajonia parece indicar que una parte de los Verdes se siente más cerca de la CDU que del SPD. A siete semanas de las elecciones, la caída del único gobierno regional dirigido por una alianza de socialdemócratas y ecologistas prefigura las dificultades que encontrará Schulz que, en caso de victoria, deberá recurrir al apoyo de los Verdes para constituir una mayoría de gobierno.

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