Estás usando una versión más antigua del navegador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Muerte de Noriega deja en el limbo verdad sobre crímenes

logotipo de Associated PressAssociated Press 30/05/2017 Por JUAN ZAMORANO, Associated Press

PANAMÁ (AP) — ¿Dio la orden de asesinar a un compañero de armas, del que había sido padrino de bodas? ¿Dónde quedó la cabeza de un opositor decapitado?

Mientras Panamá pareció indiferente a la muerte del exdictador Manuel Antonio Noriega, familiares de las víctimas de los más horrendos crímenes que se le atribuyen al otrora hombre fuerte sintieron que con el fallecimiento se apagaba la posibilidad de conocer la verdad sobre esos hechos y responder a diversas interrogantes.

Noriega murió la noche del lunes a los 83 años en un hospital público donde permanecía desde marzo en cuidados intensivos tras sufrir una hemorragia luego de ser sometido a una cirugía en la que se le extirpó un tumor cerebral benigno.

Aunque nunca fue presidente, el hombre que gobernó de facto y con mano férrea tras su ascenso como comandante en jefe del ejército en 1983 hasta su expulsión por la invasión estadounidense seis años después, fue señalado en tres sonados asesinatos de los cuales resultó condenado: la decapitación del crítico Hugo Spadafora ocurrida en 1985 y el fusilamiento del mayor Moisés Giroldi y de un grupo de militares de una fallida rebelión en 1989.

Spadadora, un médico que integró las filas de la guerrilla que llevó al triunfo la revolución sandinista en Nicaragua a fines de los años 70, amenazaba con desenmascarar las actividades de Noriega en el narcotráfico.

“Nosotros ya lo habíamos perdonado por lo que ocurrió”, dijo telefónicamente a The Associated Press Josué Giroldi, hijo del mayor Giroldi, quien lideró aquella fallida revuelta y de quien Noriega era padrino de bodas. “Nunca confesó la verdad sobre esos hechos y esto sí nos deja en la zozobra para toda la vida”, agregó Giroldi, de 37 años, y quien es el segundo de tres hermanos del matrimonio del mayor fusilado.

Giroldi tuvo la oportunidad de verse cara a cara con Noriega en una audiencia judicial poco antes de la operación a la que se sometió el exgeneral el 7 de marzo. Allí Noriega negó que diese la orden para fusilar a su compañero de armas y de familia. El hijo del mayor ni se inmutó al salir de la casa el martes tras la muerte de Noriega pero dijo que pondría un mensaje al respecto en las redes sociales.

Noriega también rechazó que mandó a decapitar a Spadafora, según indicaron el martes algunos viejos opositores que lo visitaron en la cárcel en Panamá, pero esto no lo comparte la familia Spadafora, que imploró por mucho tiempo sobre información que diera con la cabeza de su ser querido.

“Ahora Noriega enfrenta la justicia divina”, tuiteó Alida Spadafora, hermana de Hugo. “Se lleva sus secretos a la tumba, pero muchos conocen la verdad de sus atrocidades y deben hablar”.

Debido a la condena por el caso de Spadafora, Francia accedió a repatriarlo en diciembre de 2011. El exdictador pagó más de dos décadas de cárcel en Estados Unidos y Francia por narcotráfico y lavado de dinero antes de regresar a Panamá.

Noriega también enfrentaba junto a otros siete compañeros de armas un proceso por el crimen del opositor comunitario Heliodoro Portugal, quien desapareció en 1970 y cuyos restos fueron encontrados poco después de la caída de Noriega.

“Realmente muchísimas familias panameñas no van a saber qué pasó con sus seres queridos. Esto es triste porque no puede haber reconciliación ni puede haber paz si no se sabe la verdad de las cosas”, dijo a la AP Patria Portugal, hija del opositor asesinado.

Sin embargo, muchos panameños consideraron que Noriega ya había pagado lo suficiente tras las rejas, incluso, otrora enemigos como el exlegislador de un partido civilista opuesto al régimen militar —Guillermo Cochez— abogó para que al que exgeneral se lo enviase a casa para terminar de purgar sus condenas. Dijo que lo vio en la cárcel aferrado a la biblia y en “paz”.

“Ya él había sufrido mucho”, dijo Adelina de Sánchez, una pensionada de 59 años que llegó el martes a acompañar a un familiar al hospital Santo Tomás, donde murió Noriega. “Ya pagó. ¿Qué más le podían hacer? Dios sabrá qué va a hacer con él”.

Balbina Herrera, una política que fue adepta al régimen de Noriega y excandidata presidencial en 2009, admitió que con la muerte de Noriega se cierra un ciclo que no aún no ha sido aclarado, pues “no tuvimos la capacidad como sociedad de ponernos de acuerdo a través de una reconciliación o una búsqueda de la verdad en este país”.

Una Comisión de la Verdad dijo a inicios del 2000 que documentó 110 casos de personas desaparecidas y asesinadas durante la era castrense (1968-1989), que en su mayoría esperan justicia.

El gobierno del presidente Juan Carlos Varela —el sexto en alcanzar el poder tras la transición a la democracia— aclaró el martes que será una semana normal de labores y que no corresponde declarar feriado por la muerte de Noriega porque fue designado jefe de gobierno en 1989 pero la justica luego declaró ilegal ese nombramiento. Panamá suele declarar duelo nacional y feriado en los fallecimientos de expresidentes. No se ha informado hasta el momento cuándo ni dónde será el sepelio.

image beaconimage beaconimage beacon