Estás usando una versión más antigua del navegador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Paraguay: de las drogas a la fabricación de guitarras

logotipo de Associated PressAssociated Press 14/07/2017 Por PEDRO SERVIN, Associated Press

ITAUGUÁ, Paraguay (AP) — En un correccional de menores en las afueras de la capital paraguaya Alex lleva tres clases moldeando madera de cedro en el taller de fabricación de instrumentos.

"Estoy decidido a fabricar mi primera guitarra. No son muy complicados los pasos a seguir pero hay que tener mucha precisión", explicó a The Associated Press el joven cuyo apellido no se puede divulgar por ley, mientras tarareaba una cumbia.

En el establecimiento penitenciario La Esperanza ubicado en el pueblo de Itauguá, a unos 26 kilómetros de Asunción, 16 menores procesados y algunos condenados por tráfico de drogas y hurto fueron incorporados al taller de lutería por su buena conducta.

"Las clases son dictadas por una familia de fabricantes, Aníbal Borja y su hija Luz, quienes ponen a disposición de los internos las herramientas, madera y su tiempo. Los jóvenes mostraron gran predisposición para aprender el oficio. Se venderán las guitarras y el dinero se les entregará en partes iguales cuando estén en libertad", explicó Orlando Castillo, director del correccional.

Julio, otro de los internos y ex consumidor de crack, contó a AP que “es una alegría participar del taller porque la vida no es agradable sin hacer nada. Además, tenemos clases para arreglar motocicletas", agregó mientras mostraba sus dedos con los rastros de las quemaduras que le dejó la pipa artesanal que usaba para fumar crack.

En Paraguay existen ocho centros educativos para recuperar a adolescentes infractores pero el que dirige Castillo es el más antiguo y conocido. En la institución hay 130 internos de los cuales sólo 22 recibieron condena firme. El resto, en su mayoría de clase baja, está en prisión preventiva mientras se desarrollan sus procesos judiciales.

El programa de lutería incluye contacto con los familiares para que los jóvenes no se sientan abandonados.

Castillo indicó que como el correccional es parcialmente abierto no hay guardias con armas de fuego. A veces los menores se fugan, reconoció, “pero en menos de dos días retornan voluntariamente porque en la institución hay cinco comidas al día, un techo y la oportunidad para aprender un oficio".

image beaconimage beaconimage beacon