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Por qué los europeos no quieren a la Unión Europea

logotipo de Infobae Infobae 31/05/2014 Darío Mizrahi

Los diputados euroescépticos o abiertamente críticos de la Unión Europea (UE) no eran más de 50. Tras las elecciones de la semana pasada, pasaron a ser cerca de 130.

Su crecimiento, de aproximadamente un 160%, contrasta con el retroceso experimentado por los partidos que dominan el Parlamento y que históricamente fueron los principales sostenes de la integración, el Partido Popular Europeo (PPE) y la Alianza de los Socialistas y Demócratas (S&D).

Si bien siguen siendo fuerzas marginales, que sumadas no tienen en su poder más del 17% de los 751 escaños de los que se compone la cámara, su importante avance marca una tendencia que preocupa a los defensores de la UE.

Aunque carezcan del poder necesario para imponer un cambio de rumbo a la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la unión, su éxito revela un descontento creciente de parte de la ciudadanía con las decisiones que se toman desde Bruselas.

Las causas del malestar

"En las últimas elecciones aumentó la presencia de euroescépticos, representados por partidos de ultraderecha, populistas moderados o fuerzas de izquierda, que en España y en Grecia están en contra de las recetas económicas de la UE. ¿Por qué este euroescepticismo? Hay cuestiones de distinto tipo. La situación económica, la crisis, el desempleo, el problema de la inmigración, la burocracia de Bruselas, la propia organización de la UE", dice Mario Serrafero, doctor en Sociología y Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid, en diálogo con Infobae.

Otros analistas minimizan el impacto de la crisis económica sobre los resultados electorales, y le dan más importancia a otros factores.

"Los grupos eurófobos ya existían desde hace tiempo en algunos países, como en Reino Unido, que entró por puro pragmatismo a la UE, no por compartir la necesidad de integración. Pero en otros, su aparición resulta extraña. Sobre todo porque se produjo en países ricos y sin crisis, como Holanda y Austria", explica Araceli Mangas Martín, catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, consultada por Infobae.

"Esto se debe a que las críticas de estos partidos apuntan a la política migratoria de la UE, no a su manejo de la crisis. Consideran que no ha habido un control adecuado de la presencia de personas provenientes de los países adheridos recientemente a la UE, como Bulgaria, Rumania y Croacia, que no son técnicamente inmigrantes, ya que gozan del derecho a circular libremente", agrega.

La principal denuncia de las fuerzas euroescépticas es que quienes migran desde los países más pobres del continente hacia los más ricos se aprovechan del ingreso de sus naciones a la comunidad para reclamar los mismos subsidios que les corresponden a los nativos. En segundo lugar, se quejan por lo que consideran una inmigración descontrolada de africanos, que en muchos casos ingresan ilegalmente a Europa para huir de distintos desastres humanitarios.

Si bien sus consignas son xenófobas, extremistas y en muchos casos inaplicables, parte de su relativo éxito electoral se debe a que interpretaron el descontento de ciertos sectores de la ciudadanía europea. Para Mangas Martín, esa insatisfacción se debe a errores cometidos por la UE en estos años.

"Las macroampliaciones se han hecho muy mal -dice. Entraron 13 estados casi de golpe: 10 en 2004, Bulgaria y Rumania en 2007, y Croacia en 2013. Y no han podido ser asimilados por las instituciones de la unión. Además, el peso de los estados fuertes es demasiado grande, y a través del Consejo Europeo (que reúne a los presidentes de los países miembros), quieren estar en el día a día, cuando antes no era así. No han estado a la altura de las circunstancias".

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"Quedó desarticulado el sistema de pesos y contrapesos, donde el engranaje fundamental era la Comisión Europea, en lugar del Consejo, y no se dependía tanto de los gobiernos de cada país. Así no se puede gobernar la UE. Ha habido mucho descontrol", agrega.

La asociación masiva, y en un lapso relativamente corto, de varias naciones con realidades muy diferentes a las de los socios históricos, generó una inestabilidad desconocida para el bloque.

"Con el ingreso de los países del este -dice Serrafero-, la asimetría se fue agrandando. Los desequilibrios son un problema en todos los mecanismos de integración. Para que haya un esquema que funcione, uno de los requisitos es que las unidades a integrarse sean relativamente equivalentes. Aunque hubiera sido mejor esperar a que se desarrollaran más las economías del este, es algo que puede resolverse. La consigna era integrarlos a Europa. Hubo un criterio esencialmente político".

La política migratoria es un caso testigo de los inconvenientes que experimenta la UE. Tanto del desequilibrio como de la inoperancia organizativa.

"No creo que esté en peligro la integración europea porque algunos grupos euroescépticos hayan doblado sus escaño"

A pesar de los profundos cambios producidos por la incorporación de los países del este y por la crisis económica mundial de 2008, no se modificó la legislación migratoria. Al no haber establecido diferencias entre los derechos de los ciudadanos de otros países de la UE y los nacionales, se generaron conflictos.

"Los rumanos y croatas se han desplazado hacia países que otorgan muchas subvenciones, lo que despierta malestar, porque viven de los fondos públicos sin haber contribuido. No hay ninguna norma que establezca la imposibilidad de cobrar hasta tanto no se tenga trabajo, o se haya cumplido un período previo", sostiene Mangas Martín.

"Tendría que haber un sistema de cupos -continúa-, para que no haya descontrol. Eso provoca un daño en la hacienda pública, y genera disgustos entre los ciudadanos, que sienten que pagan impuesto altos para sustentar a ciudadanos de otros países".

El verdadero poder de los eurófobos

"No creo que esté en peligro la integración europea porque algunos grupos euroescépticos hayan doblado y casi triplicado sus escaño, porque eran muy pocos antes. Además son muy distintos entre sí, algunos ponen en peligro el sistema, pero otros no", dice Mangas Martín.

"De los 751 eurodiputados, 550-575 son claramente integracionistas. Y a pesar de tener distintas ideologías, son todos europeístas. La población también apoya la unidad, por más que critique cómo se está haciendo. No quieren esta Europa, pero si quieren Europa. No está en peligro la propia integración", agrega.

Hay consenso entre los analistas en que no hay motivos para temer por la supervivencia de la UE. Sin embargo, probablemente sea necesario hacer cambios para evitar que se profundice el descontento de la sociedad civil.

"Es simplemente una alerta. No sé si roja. Tal vez amarilla. No estamos en un escenario de desintegración. Lo que puede ocurrir es una especie de detenimiento, de puesta entre paréntesis, que de ninguna manera implica ir marcha atrás o desactivar la estructura de la UE", concluye Serrafero.

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