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Postales de la información sobre nosotros mismos

logotipo de LA NACION LA NACION 16/08/2017

El taxista le tocó un dedo cuando le dio el vuelto. Un señora la rozó con el hombro en la puerta. Le dio un beso a su hijo. Stefanie Posavec y Giorgia Lupi, una diseñadora norteamericana y otra italiana, tomaron nota de cada contacto físico que tuvieron durante una semana, graficaron los datos a mano, en postales, y se los mandaron una a la otra por correo. Durante un año registraron también cuántas veces miraron la hora, cuántos "gracias" recibieron o cuándo se miraron al espejo. El proyecto se llamó Dear Data y retrata sus vidas, pero también un fenómeno tan profundo que produce por igual belleza y temor: la disposición a cuantificarlo todo sobre nosotros mismos, voluntariamente.

Horas y calidad de sueño. Ritmo cardíaco. Momentos de descanso, meditación, ocio. Pasos. Todas estas cosas pueden ser medidas por pequeños aparatos adosados al cuerpo o al celular. Representan una revolución para el mercado de la salud, del bienestar y el de la productividad.

La transformación está impulsada por el crecimiento de Internet de las Cosas -que convierte cualquier objeto en un medidor de su propio uso-, el diseño de nuevos sensores y el apoyo inestimable de los celulares. Una vez que podemos medir fácilmente lo que hacemos, lo que sucede alrededor y lo que pasa en nuestro cuerpo, esa información puede cruzarse con otros datos disponibles para darnos nuevo conocimiento y nuevos servicios.

La empresa Propeller ofrece un sensor que se enchufa al inhalador que usan los pacientes asmáticos. La información del sensor, más otros datos que ingresan los usuarios, permite ofrecer recomendaciones, mandar recordatorios a la hora de la medicación y saber qué condiciones ambientales disparan los síntomas. Hay productos similares para medir cómo dormimos, controlar la actividad física, administrar las rutinas de un bebe, acompañar dietas o tratamiento de adicciones.

Clue, por ejemplo, es un servicio para registrar datos sobre el ciclo menstrual. A medida que ingresamos información recibimos mensajes personalizados sobre fertilidad, posibles cambios hormonales o patrones personales. Uno de los usos más frecuentes de la automedición es cuantificar el tiempo que dedicamos a cada cosa. Herramientas como Toggl o Tick son populares en la comunidad de creativos y programadores que trabajan en varios proyectos a la vez. Ya nadie ficha al entrar o salir, pero se ficha cada minuto. Estas apps vienen a resolver un problema de fondo para cualquier empresa de servicios que necesita respetar plazos de trabajo y contar sus horas de esfuerzo para facturarlas.

Pero los datos pueden estar también al servicio de las emociones. Quantified Self es un movimiento iniciado por los periodistas Gary Wolf y Kevin Kelly, que organiza encuentros en más de 30 ciudades, con personas que registran sus datos como camino para una vida mejor, basada en el autoconocimiento.

Las postales de Dear Data hoy son parte de la colección del MoMA y el proyecto derivó en varias otras iniciativas. Hay una que nos enseña a diseñar nuestras propias postales. Contar roces públicos, sorbos de café, lo que sea. Cada quien puede decidir qué hacer con sus queridos datos. O cómo encontrar un modelo de negocio en los ajenos.

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