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Quedan claros los estilos opuestos de Le Pen y Macron

logotipo de Associated PressAssociated Press 27/04/2017 Por JOHN LEICESTER, Associated Press

PARÍS (AP) — Cuando la elección presidencial de Francia se convirtió esta semana en una pelea política de boxeo a las puertas de una fábrica de aparatos electrodomésticos amenazada con cerrar, la candidata de extrema derecha Marine Le Pen mostró que tiene una fuerte pegada. Pero Emmanuel Macron, su adversario de centro y novicio en la política que participa en sus primeras elecciones, demostró que puede soportar un golpe sólido a la mandíbula.

Antes de las caóticas escenas del miércoles en una planta Whirlpool de secadoras de ropa en el norte de Francia, la campaña electoral no tenía ningún tema dominante. Pero todo eso cambio cuando Le Pen y Macron hicieron visitas de campaña imprevistas y consecutivas a la planta para cortejar el voto de los obreros de Francia.

Ante un telón de fondo de neumáticos en llamas y trabajadores enojados, los estilos y programas diametralmente opuestos de los dos candidatos de la segunda y última ronda electoral quedaron al descubierto con total claridad.

Las fronteras cerradas de Le Pen frente a las abiertas de Macron. La Francia de Le Pen que se apartaría de la Unión Europea frente a un futuro de vínculos aún más estrechos entre Francia y sus vecinos. La promesa de proteccionismo económico de Le Pen ante la defensa de Macron del libre comercio. El populismo de Le Pen frente al rechazo de Macron de simplemente decirle a los trabajadores lo que querían oír desesperadamente: que sus empleos se pueden salvar a pesar de que Whirlpool mudará su producción a Polonia.

En su segunda contienda presidencial después de haber quedado en la tercera posición en 2012, Le Pen, de 48 años, desplegó toda su experiencia política para colocar una trampa de campaña en la que su adversario de 39 años cayó de cabeza, pero luego logró salir de ella con apenas unas arrugas en su traje y corbata. En lugar de convertirse en el Waterloo de Macron, su veloz pensamiento y tenaz determinación en tratar de razonar con los trabajadores descontentos durante más de una hora hizo que la contienda terminara en un empate.

Un empate que dice mucho sobre ambos.

Después de una campaña en gran medida deslucida antes de la primera ronda electoral del domingo que la impulsó a ella y a Macron a la segunda ronda del 7 de mayo, Le Pen ha redescubierto su encanto. Con contusiones después de los debates televisivos de la primera ronda en los que fue duramente golpeada por el mordaz candidato de extrema izquierda Jean-Luc Melenchon, ahora eliminado, está siendo más astuta que Macron, al menos hasta ahora, en el uso de la televisión.

Asimismo, ahora que también está fuera de la contienda Francois Fillon, el conservador cuyos escándalos financieros dominaron el principio de la campaña, Le Pen tiene una oportunidad de convertir los comicios en un debate sobre Francia, su futuro y su argumento de que una de las naciones fundadoras de la Unión Europea estaría mejor si se libera de las restricciones del bloque.

Al aparecer en la planta de Whirlpool mientras Macron estaba reunido con líderes sindicales de los trabajadores en otra parte de la ciudad, Le Pen fue devastadoramente efectiva. Los noticieros de televisión decidieron transmitir en vivo la sorpresiva visita, mostrándola tomándose fotografías con la gente y repartiendo abrazos y besos a los trabajadores en las puertas de la fábrica. Tuvo una plataforma para proyectarse como la candidata de los trabajadores de Francia en una era de desempleo crónico y para destacar su promesa, repetida el miércoles, de que no permitirá el cierre de la fábrica si es elegida.

Macron, quien fue mostrado simultáneamente en su reunión en una habitación indeterminada, parecía un completo tecnócrata distante y en el lugar equivocado, mientras que Le Pen estaba justo en el momento correcto.

"No estoy comiendo pastelillos con unos pocos representantes que, en realidad, sólo se representan a sí mismos", expresó ella con desaprobación. Fue un duro golpe para Macron.

Pero el candidato siguió adelante.

Los trabajadores fueron una audiencia hostil para los argumentos de Macron de que el Estado no puede impedir que los puestos de trabajo se vayan al extranjero, pero sí puede capacitar de nuevo a los obreros que los pierden. Al hacer frente a su frustración y debatir con ellos pacientemente, a veces apasionadamente, al menos pareció ganarse algo de respeto.

“No hay una receta mágica”, les dijo.

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