Estás usando una versión más antigua del navegador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

San Luis: perseguir "traidores", la receta de los Rodríguez Saá para exorcizar el miedo a la derrota

logotipo de LA NACION LA NACION 20/08/2017

SAN LUIS.- Traición, vanidad, hartazgo y desamor son sólo algunos de los ingredientes de la apasionante novela que explica la estrepitosa caída en las primarias de la dinastía Rodríguez Saá, primera derrota electoral que los hermanos líderes del PJ de esta provincia sufren desde aquel lejano comicio legislativo de 1985.

La magnitud del golpe quedó plasmada en el volantazo que se vio obligado a pegar Alberto Rodríguez Saá. En menos de una semana, el gobernador eyectó de su gabinete a cuatro ministros y un secretario de Estado. La crisis promete nuevas víctimas si se toma en serio la promesa de "limpiar de traidores" que hizo Adolfo Rodríguez Saá, candidato a reelegir su escaño en el Senado y protagonista principal de la derrota.

El impacto para el PJ es más duro aún si se toma en cuenta que la violenta caída (19 puntos de desventaja) fue a manos de Claudio Poggi, un hombre surgido de sus propias entrañas y gobernador provincial entre 2011 y 2015. Harto de sentirse bloqueado por la conducción personalista de los Rodríguez Saá, este sanluiseño por adopción (nació en Alcira Gigena, Córdoba, hace 53 años), decidió el año pasado formar su propio partido, Avanzar, y aliarse a Mauricio Macri.

En el peronismo confían en que podrán remontar la cuesta y revertir el resultado en octubre cuando, ahora sí, estén en juego tres bancas para el Senado e igual cantidad de escaños para la Cámara de Diputados.

La estrategia para lograrlo se definirá el lunes 28, fecha fijada por Adolfo Rodríguez Saá para un congreso del PJ al que convocó para "hacer un gran debate sobre los temas que tenemos que corregir para lograr el triunfo que ambicionamos".

Sin embargo, la maquinaria peronista ya se puso en marcha. Y empezó con la búsqueda de los supuestos traidores responsables de la catástrofe del domingo pasado. En medio de un clima de paranoia, se apuntaría a aquellos dirigentes que, según acusan, "quieren quedar bien" con Poggi.

Si bien los ministros eyectados del gabinete no entrarían en esta categoría, fuentes del PJ sanluiseño confiaron que esos funcionarios pagaron con sus cargos las derrotas en los "circuitos" que tuvieron a su cargo en las primarias. LA NACION intentó hablar con Alberto Rodríguez Saá, pero el mandatario provincial no respondió a la requisitoria de este diario.

Por qué perdieron

Son las 11 de la mañana del jueves posterior a la derrota y el Salón Blanco de la moderna sede de gobierno local rebosa de funcionarios, dirigentes y militantes del PJ local. Es la ceremonia de asunción de los nuevos ministros y el clima es de optimismo. Pero también hay bronca contenida. "¡Alberto, y lo que nos queda por cortar cabezas!", grita, de pronto, una mujer sentada en las primeras filas, arrancando las carcajadas de los presentes y una sonrisa medida del gobernador. Es, otra vez, la tesis de los traidores, que se ha convertido en la primera explicación a flor de labios en un PJ que todavía tiene su piel escaldada.

Pero en las calles de esta capital el fenómeno Poggi encuentra otras explicaciones. "La gente se cansó", asegura Ernesto, un taxista que reconoce que los Rodríguez Saá "han hecho mucho por San Luis" en los 34 años que llevan manejando los destinos de la provincia, pero que está molesto con los hermanos porque "quieren el poder siempre para ellos".

Con este factor confluye otro: la buena imagen que dejó Poggi en sus cuatro años de gobierno y el contraste con Alberto Rodríguez Saá. "El Poggi estuvo cerca de la gente; el Alberto es un soberbio, nunca lo vas a ver por acá", explica Sandra, comerciante del centro de la capital provincial.

Este contrapunto se puede traducir en números: en 2015 Poggi encabezó la lista de candidatos a diputados nacionales y sumó 20.000 votos más que los conseguidos por Rodríguez Saá para la gobernación. Un corte de boletas notable si se toma en cuenta que en esos comicios votaron menos de 300.000 personas.

La controvertida personalidad del gobernador es todo un tema; incluso hacia el interior del peronismo, en donde es muy común escuchar diferentes opiniones sobre los hermanos. "El Adolfo es carismático, tiene más cintura política", es la sentencia que más se repite. En un arranque de originalidad, un dirigente del PJ local comparó el rechazo que genera el gobernador con el que Yoko Ono provoca en los fanáticos de los Beatles.

Aficionado al arte, Alberto Rodríguez Saá traslada esa pasión a su gestión con la realización de obras monumentales que pretende erigir en íconos arquitectónicos de la provincia.

Su último gran emprendimiento es el complejo La Pedrera, de Villa Mercedes, con un estadio de fútbol para 28.000 espectadores. Sin embargo, en esa misma ciudad una mujer debió parir pocos días atrás a la luz mortecina de los celulares de los médicos que la atendían porque se había cortado el suministro eléctrico y el hospital no cuenta con un generador.

Varios de esos claroscuros se descubren en una provincia donde la pobreza escaló al 29%, pero sin casos de miseria como los que se pueden detectar en el conurbano bonaerense. Así, por ejemplo, el gobierno provincial aumentó su plantilla de personal en más de mil empleados. La contracara de esa política es que los sueldos estatales de San Luis son los más bajos del país, aun cuando durante este año, y con la mira puesta en las elecciones, Rodríguez Saá otorgó mejoras salariales de hasta el 60%, es decir, muy por encima de la inflación.

En este contexto, Poggi se entusiasma con obtener un triunfo más resonante en octubre. "Es como cuando le ponés la Coca al Fernet: la espuma va subiendo, subiendo y subiendo", afirma. "Se percibe que estamos transitando el final de un ciclo de más de 30 años de poder", agrega, con la mira puesta en la elección de gobernador de 2019. Desde el oficialismo provincial quieren recuperar terreno. "Sabemos escuchar las críticas", dijo Alberto Rodríguez Saá al tomarle juramento a la nueva ministra de Salud, el jueves último. La gran duda es si la respuesta del gobernador llega a tiempo. En dos meses se sabrá el final de esta apasionante historia.

Más de LA NACION

image beaconimage beaconimage beacon