Estás usando una versión más antigua del navegador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Se intensifica batalla por el dilapidado centro de Sao Paulo

logotipo de Associated PressAssociated Press 12/07/2017 Por SARAH DiLORENZO, Associated Press

SAO PAULO (AP) — Era casi la medianoche cuando ocho individuos con palancas trataron de forzar las enormes puertas metálicas de un edificio en una calle arbolada del dilapidado centro de Sao Paulo.

Se habían congregado unas 100 personas que gritaban “¡hacia arriba!”, “¡un poco más abajo!”.

Antes de que las puertas cediesen, no obstante, llegó la policía y comenzó a tirar gases lacrimógenos al grupo, que respondió con piedrazos. Hubo un enfrentamiento de media hora, hasta que la gente se dispersó.

Fue una pequeña escaramuza en el marco de una batalla más amplia por el centro de Sao Paulo, donde ocupantes ilegales se apoderan de edificios abandonados y piden viviendas accesibles, mientras que el nuevo alcalde Joao Doria sueña con una ambiciosa renovación financiada mayormente por capitales privados, que haga que tanto residentes como negocios vuelvan al corazón histórico de la ciudad.

Los jóvenes y la multitud que los alentaba habían sido organizados por el Frente para la Lucha por Viviendas, una agrupación que aduce que los dueños de estructuras abandonadas violan las leyes que estipulan que los edificios deben servir alguna “función social”. Afirman que esos edificios podrían ofrecer viviendas de calidad en un sitio privilegiado, con abundante transporte público, a gente que a menudo se ve obligada a vivir en las afueras.

El 80% de los edificios abandonados están ocupados ahora ilegalmente, según el Departamento de Viviendas de la ciudad. Miles de personas, en su mayoría familias enteras, se han instalado en edificios que alguna vez albergaron hoteles, las oficinas de una empresa textil e incluso la vieja jefatura de la policía.

La municipalidad se comprometió en el pasado a comprar edificios ocupados y hay planes en marcha para renovar algunos de ellos y ofrecer viviendas subsidiadas.

La batalla en curso enfrenta visiones contrastantes sobre el futuro de esta megaciudad, que es el motor de la economía brasileña y un importante centro financiero. Doria habla de crear una “ciudad mundial”, de vender los estadios propiedad de la municipalidad y de privatizar las terminales de autobuses y los parques para enderezar las finanzas municipales y atraer inversiones y negocios.

Los activistas que defienden la causa de las viviendas públicas, por su parte, lo acusan de tratar de expulsar a los pobres del centro y de cerrar parques y plazas públicas.

Doria, quien es mencionado a menudo como un posible candidato a la presidencia en el 2018, se presenta como una alternativa al político tradicional, un empresario multimillonario que apela a técnicas administrativas del sector privado para resolver los problemas municipales.

Los alcaldes de Sao Paulo vienen prometiendo revitalizar el centro desde las décadas de 1970 y 1980, en que la zona comenzó a vaciarse porque empresas y residentes buscaban más espacio y estructuras más modernas en otros sectores de la ciudad y sus alrededores.

La zona céntrica comienza en la Catedral da Sé e incluye algunos de los sectores más viejos de la ciudad, aunque la mayoría de sus edificios datan de los siglos 19 y 20, cuando Sao Paulo vivía un boom económico por la producción del café. Allí se encuentran importantes instituciones culturales y buena parte de las dependencias municipales, pero monumentos arquitectónicos como el edificio Copan de Oscar Niemeyer están ahora rodeados de negocios deteriorados.

El barrio ya empezó a renovarse y combina estructuras dilapidadas con otras modernas. Todo puede cambiar en una cuadra. Una calle puede tener un bar o una cafetería atractivos y la de al lado estar llena de edificios con ventanas rotas. En casi todas las calles hay gente durmiendo en las entradas a los edificios. La mayoría de los edificios abandonados del centro son de propiedad privada y sus dueños probablemente esperan que el barrio empiece a repuntar para renovarlos.

Doria ya lanzó una campaña para embellecer las plazas y las avenidas céntricas, borrando los grafiti y limpiando un sector de varias cuadras del que se apropiaron adictos al crack, que desde hace años se manejan con impunidad.

Fernando Chucre, secretario de viviendas de Doria, dice que la municipalidad espera suministrar unas 25.000 unidades subsidiadas bajo el gobierno de cuatro años del actual alcalde, incluidas 4.000 o 5.000 en el centro. Pero Doria adoptó una línea dura hacia las ocupaciones ilegales y dice que los ocupantes deben irse.

Las propiedades ocupadas lucen vistosas y bien organizadas. Unas mil personas viven en un edificios de mediados del siglo 20 que otrora ocupara el hotel Maua. Los pasillos están limpios, las puertas se cierran con candados y hay hasta un portero que permite el ingreso de los visitantes.

En lo que supo ser el hotel Cambridge, una residente cuida un jardín en el techo con vegetales que usan los empleados del edificio en sus comidas. Hay una sala de juegos con juguetes y mesas para niños y una panadería y una sastrería abiertas por residentes del edificio.

En ambos edificios las familias pagan unos 60 dólares al mes para gastos de mantenimiento.

“Una familia que ocupa el edificio está en condiciones de pagar” por la vivienda, afirmó Helo Regina, coordinador del Frente para la Lucha por Viviendas. “Pero no podemos comprometer todos los ingresos de la familia al pago de un alquiler, quedándonos sin dinero para otras cosas”.

Muchos ocupantes ilegales que residieron en localidades alejadas de la ciudad dicen que vivir en el centro les da más acceso a trabajos, servicios y transportes públicos.

Las autoridades municipales han mostrado distintos niveles de tolerancia hacia los ocupantes ilegales. Bajo un alcalde izquierdista, por ejemplo, los bomberos visitaban algunos edificios y les daban a los ocupantes cursos sobre seguridad.

Los mismos ocupantes pueden haber alentado el regreso de la gente al centro al revivir edificios en ruinas y hacer que el barrio sea lo suficientemente seguro como para que se instalen familias enteras.

“No digo que esté bien ocupar o tomar edificios por la fuerza”, declaró María das Neves, una costurera de 61 años que vive en el Cambridge. “Pero estaba vacío, ¡lleno de basura y de ratas””.

___

Sarah DiLorenzo está en Twitter: www.twitter.com/sdilorenzo

image beaconimage beaconimage beacon