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Se multiplican las críticas a Trump por evitar condenar al supremacismo blanco

logotipo de LA NACION LA NACION 14/08/2017

WASHINGTON.- Donald Trump desató el repudio de progresistas, conservadores, demócratas, republicanos, organizaciones civiles y casi toda la prensa por omitir una condena explícita e inequívoca al supremacismo blanco al hablar sobre la violencia en Charlottesville, epicentro del último brote de tensión racial en Estados Unidos.

Desde su resort en Bedminster, Nueva Jersey, Trump había recurrido a una fórmula genérica al condenar la violencia -"de muchos lados", dijo- tras el ataque en Charlottesville, donde un joven embistió en un auto deportivo a una multitud que protestaba contra una congregación de neonazis, miembros del Ku Klux Klan (KKK) y supremacistas blancos que generó una fuerte condena nacional.

Una mujer y dos policías murieron, y decenas de personas quedaron heridas en ese ataque y otros enfrentamientos. El sospechoso, James Alex Fieds Jr., de 20 años, está arrestado, y ya fue vinculado con el movimiento neonazi.

El silencio de Trump, que persistió ayer, recicló la preocupación por su vínculo con la ultraderecha de Estados Unidos, una minoría envalentonada con su ascenso a lo más alto del poder político, y con la cual el presidente, un político que ha mostrado sobrada soltura para confrontar y criticar, evitó chocar.

Bajo presión, y ante las preguntas de la prensa sobre las palabras de Trump, un vocero de la Casa Blanca insistió -desde el anonimato- en que el presidente había condenado "todas las formas de violencia, intolerancia y odio", y agregó: "Por supuesto que eso incluye a supremacistas blancos, el KKK, neonazis y todos los grupos extremistas. Él llamó a la unidad nacional y a la unión de los estadounidenses".

Ivanka Trump, hija y asesora del presidente, que se convirtió al judaísmo para casarse con Jared Kushner, fue la única funcionaria del círculo íntimo del presidente que condenó a los neonazis.

Jason Kessler, organizador de "Unamos la derecha", fue tacleado por una mujer cuando intentaba hablar con la prensa © Justin IdeJustin Ide Jason Kessler, organizador de "Unamos la derecha", fue tacleado por una mujer cuando intentaba hablar con la prensa

"No debe haber lugar en la sociedad para el racismo, la supremacía blanca y neonazis. Debemos unirnos como estadounidenses, y ser un país unido", escribió Ivanka en Twitter. Trump no retuiteó el mensaje.

Uno de los funcionarios de Trump más respetados, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, H. R. McMaster, se apegó al mensaje oficial, y fue el primero en llamar al ataque de Fields un acto de terrorismo, algo que Trump no hizo.

"El terrorismo es el uso de violencia para incitar terror y miedo, y por supuesto que fue terrorismo", afirmó McMaster.

Figuras mediáticas que defienden a Trump, como la autora Ann Coulter, contraatacaron con críticas a la izquierda y a la prensa, a la que acusaron de poner demasiado énfasis en la violencia de la protesta neonazi, y no el suficiente en las contraprotestas. Un mensaje similar surgió de la Casa Blanca.

Pero las explicaciones oficiales no lograron calmar las críticas ni dejar conformes a propios y ajenos. Varios legisladores republicanos exigieron una respuesta más enérgica no sólo de la Casa Blanca, sino, sobre todo, del presidente. Sus críticos lo deshilacharon.

"Hoy es, por lejos, el día más deshonroso de la presidencia de Donald Trump", fustigó anteayer en Twitter el periodista de la revista The New Yorker Ryan Lizza.

El alcalde de Charlottesville, Michael Signer, fue uno de los más duros, al poner la culpa por los incidentes "en los escalones de la Casa Blanca". Ayer, insistió en su punto en una entrevista con la cadena CNN: "Miren la campaña que hizo", disparó.

Detrás de todo aparece el vínculo de Trump con grupos de la extrema ultraderecha, entusiastas de su plataforma nacionalista y xenófoba, a quienes el presidente nunca condenó inequívocamente. El "ala populista" de su gobierno, liderada por Stephen Bannon y Stephen Miller, ha sido vinculada al supremacismo blanco.

David Duke, la cara actual más visible del KKK, quien viajó a Charlottesville para el encuentro supremacista, reiteró allí su apoyo al mandatario: "Estamos decididos a recuperar nuestro país, vamos a cumplir las promesas de Donald Trump. Eso es lo que creemos, por eso lo votamos, y eso es lo que vamos a hacer".

En Charlottesville se vieron banderas con la esvástica, la vieja bandera confederada, ligada al pasado esclavista del país, milicias, manifestantes vestidos con túnicas del KKK y, también, banderas de campaña de Trump y gorras con la leyenda "Make America Great Again". Muchos marcharon al grito de "Heil, Trump!"

El sitio Daily Stormer, uno de los portales del supremacismo blanco, elogió la reacción del presidente: "Los comentarios de Trump fueron buenos. No nos atacó. Sólo dijo que la nación debe unirse. Nada específico sobre nosotros", señala la actualización.

El ex vocero más polémico habla de un complot

WASHINGTON.- El ex director de comunicaciones de Donald Trump Anthony Scaramucci, el hombre que duró solamente 10 días en el cargo, insinuó ayer que existe un complot para desplazar al presidente norteamericano, en el que estarían implicados actuales funcionarios de la Casa Blanca. "El presidente no representa al establishment político, así que por la razón que sea se ha tomado la decisión de que quieren expulsarlo", dijo ayer Scaramucci en una entrevista con el canal ABC que sacudió el clima político del país. Según el ex funcionario, que fue removido tras insultar a funcionarios ante la prensa, "la clase política" no ve con buenos ojos que "gente del mundo financiero" haya llegado a la presidencia de Estados Unidos. Además, Scaramucci indicó que "el presidente sabe quiénes son los que filtran [información]", en relación a las constantes publicaciones en la prensa de información secreta.

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