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Un bloqueo de Libia a las ONG de rescate agrava el drama en el Mediterráneo

logotipo de LA NACION LA NACION 17/08/2017

TÚNEZ.- El drama humano en el mar Mediterráneo, donde se han ahogado miles de migrantes los últimos años tratando de llegar a "Eldorado" europeo, tiene visos de agudizarse las próximas semanas.

Tras anunciar una ampliación de la franja marina bajo su plena soberanía, las autoridades libias se han propuesto expulsar a las ONG que desempeñan labores de rescate entre las costas italianas y las libias. Sin embargo, es fácil ver una mano europea detrás de las acciones libias, pues la ola xenófoba arrecia en toda Europa, y sobre todo en Italia, convertida en el principal receptor de migrantes.

El cambio en las reglas de juego en el Mediterráneo se ha cocido a fuego lento. Todo empezó a principios del verano, cuando Francia y Austria decidieron reforzar los controles de sus fronteras con Italia e impedir la entrada de migrantes y refugiados procedentes de África. De nada sirvió la apelación italiana a la solidaridad en una Unión Europea cada vez más egoísta y ensimismada en sus propios temores.

Con su capacidad de acogida al borde del colapso, Roma amenazó con cerrar sus puertos a las ONG humanitarias y desviarlas a los de otros países europeos. No obstante, la medida, que habría dificultado las operaciones de salvamento, nunca llegó a ser aplicada.

Entonces se inició una escalada de acciones hostiles contra las ONG. En Italia, políticos y gobernantes calumniaron estas entidades, acusándolas de colaborar con las mafias que trafican con personas. Además, el gobierno aprobó un nuevo código de conducta para las ONG con severos controles y limitaciones. Por ejemplo, las obligaba a contar con al menos un policía a bordo. De las nueve que operan en la zona, tan sólo tres aceptaron firmar el documento.

Tras la guerra civil de 2011 en Libia, y con el país magrebí sumido en el desgobierno, la marina italiana se había hecho cargo de la coordinación de las ingentes tareas de rescate de los migrantes. Los guardacostas libios, casi sin medios, tan sólo patrullaban una franja marina paralela a la línea de costa de unas 12 millas de profundidad. Esta situación cambió de repente el jueves de la semana pasada, cuando los guardacostas libios arrebataron a sus homólogos italianos el control de unos 350.000 kilómetros cuadrados de mar. "Queremos enviar un mensaje claro a todos aquellos que infringen la soberanía de Libia", declaró el general Ayb Qassem, que envió una amenaza directa a las ONG.

"Nadie nos ha notificado nada. Pero los guardacostas libios no tienen capacidad de controlar la zona. Es imposible", declaró aquel día a LA NACION Laura Lanuzo, vocera de la ONG catalana Proactiva Open Arms, que tiene dos buques de rescate. Uno experimentó en carne propia la nueva actitud libia: una patrulla se le acercó y lanzó una ráfaga de disparos al aire. Pocos días después, la otra nave, el Golfo Azzurro, fue "secuestrada" durante horas por la marina libia cuando estaba en aguas internacionales.

Mientras las ONG evaluaban el nuevo escenario creado por las autoridades libias, el canciller italiano, Angelino Alfano, mostraba su satisfacción en una entrevista en La Stampa. "Todo esto es signo de un reequilibrio en el Mediterráneo", dijo, tras asegurar que su país había proporcionado una nueva asistencia técnica y material a los guardacostas libios. De los 117.000 migrantes llegados a Europa en 2017, el 85% lo hizo a Italia, una realidad inconveniente para un gobierno que en los próximos meses se someterá al veredicto de las urnas.

El fin de semana pasado, tres de las nueve entidades humanitarias con naves en el Mediterráneo dieron su brazo a torcer. Médicos Sin Fronteras (MSF), Save the Children, y la alemana Sea Eye suspendieron de forma temporal sus operaciones y denunciaron que las nuevas reglas condenarían a la muerte a muchas personas.

Se teme que el resto siga sus pasos los próximos días. Además, a partir de ahora, las personas interceptadas antes de naufragar serán devueltas a Libia, en lugar de ser trasladadas a las costas europeas, como hacían las ONG. Esta circunstancia es también motivo de discrepancia entre los gobiernos europeos y su sociedad solidaria.

"Quieren hacer con Libia lo mismo que con Turquía", comenta Michele Traini, coordinadora de MSF, haciendo alusión al acuerdo entre la UE y Turquía por el que Ankara aceptaba gestionar los campos de refugiados en su territorio, evitando su salida en barcos hacia Grecia, a cambio de financiación de la UE.

"Pero la situación es muy diferente. En los centros de detención en Libia se practica la esclavitud y las condiciones son deplorables", añade Traini. De acuerdo con un informe de la ONU, en los centros, controlados a menudo por las milicias, las agresiones sexuales y violaciones graves de derechos humanos son moneda corriente.

España rescata a 599 personas en el mar de alborán

Los guardacostas españoles rescataron ayer a casi 600 personas que navegaban en 15 embarcaciones y una moto acuática en las aguas entre Marruecos y España, una ruta cada vez más usada por los migrantes que quieren llegar a Europa.

"Según el conteo, unas 599 personas" fueron socorridas entre el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán (sudeste de España), indicó un vocero del servicio de salvamento marítimo.

Entre ellas se encontraban 35 menores, uno de ellos bebe.

"Alrededor de 430 personas, llevadas al puerto de Tarifa, han sido rescatadas a bordo de 10 pateras", y "en la zona de Almería se ha recogido a 169 personas que se trasladaban en cinco pateras y una moto de agua", explicó.

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