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Un crecimiento por debajo de las promesas de Trump

logotipo de LA NACION LA NACION 06/08/2017

NUEVA YORK.- La trayectoria de la economía de Estados Unidos en el primer año de la presidencia de Donald Trump se ve en gran medida como la del último año del presidente Barack Obama.

Según el departamento de Comercio la economía se recuperó en el segundo trimestre del año, luego de un comienzo lento en 2017, lo que lleva la tasa de crecimiento interanual en la primera mitad del año a alrededor de 2%. En 2016 la economía se expandió a un ritmo anual del 1,5%.

Las últimas cifras están muy lejos del 4% que Trump prometió y esto hace resaltar lo llamativamente consistente que ha sido el desempeño de la economía, aunque no precisamente espectacular, desde que comenzó la actual recuperación que este verano boreal cumple ocho años.

"Esto es más de lo mismo" dijo Patrick Newport, economista de IHS Markit. "Nos va mejor que a prácticamente cualquier otra economía occidental desarrollada, aunque esto no se corresponde con los estándares a los que estamos acostumbrados. Somos líderes de un grupo que avanza lentamente".

La tasa de expansión del último trimestre, de un nivel de 2,6% interanual, debería aplacar los temores provocados por la casi parálisis de la economía en enero, febrero y marzo, cuando el producto bruto interno creció a una tasa interanual de sólo el 1,2 por ciento. NewPort también sugiere que los responsables de la política de la Reserva Federal seguirán con su plan de elevar de manera gradual las tasas de interés mientras reducen el balance del Banco Central.

Pero la expansión camufla algunos cambios más profundos justo por debajo de la superficie de la economía. Sectores como los de la tecnología, la salud y la banca están en ascenso, al tiempo que otros como el comercio minorista despiden personal.

Y si bien la tasa del 4,4% de desempleo es la más baja de la última década, el aumento de los salarios se mantiene frustrantemente bajo.

La bolsa también ha trepado mucho y el mercado inmobiliario se ve similarmente robusto en muchas partes de país, especialmente en áreas costeras como Nueva York, Washington, San Francisco y Boston.

En el último trimestre, la economía se benefició de un consumo sostenido y una balanza comercial en mejoría, mientras que el gasto estatal y municipal más lento, junto con un crecimiento en desaceleración de los stocks actuaron como frenos. La demanda de los consumidores de bienes durables como autos, electrodomésticos y muebles aportó más de un punto porcentual al crecimiento.

Otro punto favorable últimamente ha sido la baja del dólar frente a otras divisas, especialmente el euro, lo que hace más competitivas las ventas estadounidenses hacia el extranjero.

Esta semana el gobierno también informó datos positivos en cuanto a pedidos de bienes durables en el mes de junio y una balanza comercial ligeramente más favorable.

La baja del dólar beneficia a las compañías estadounidenses con ventas en el extranjero, al traducirse esos ingresos del extranjero a dólares.

Diane Swonk, economista independiente de Chicago citó llamativos informes de ingresos de McDonald's y Caterpillar recientemente, y dijo que los ingresos en divisas extranjeras deberían actuar como viento de cola para las ganancias corporativas este año. El dólar ha declinado al dar señales de vida otras economías, especialmente las de Europa, al mismo tiempo que se enfrían las expectativas para la economía estadounidense este año.

Hace pocos meses los economistas esperaban una fuerte recuperación en el segundo trimestre. El consenso en mayo era que habría un crecimiento del 3,7%. Se hablaba de un "salto Trump", como efecto de una mejora en las expectativas de consumidores y empresas.

Pero esas esperanzas se hicieron más realistas, con un gasto moderado de los consumidores, que representa aproximadamente dos tercios de la actividad económica.

Y con profundas divisiones en el Congreso entre Republicanos y Demócratas, así como dentro de la mayoría republicana, se han desvanecido las esperanzas de un gran programa de infraestructura o una reforma impositiva general como prometió Trump.

"Como mucho esperamos una pequeña baja de los impuestos corporativos el año entrante, no un gran recorte", dijo Swonk. "No será el tipo de reforma general que necesitamos", agregó.

"Las peleas internas en la Casa Blanca y entre ambos partidos políticos superan la trabazón partidista a la que nos hemos acostumbrado" agregó. "El gasto en infraestructura parece haber desaparecido de la pantalla del radar".

Para la segunda mitad del año, economistas como Michael Gapen de Barclays están prediciendo que el crecimiento seguirá en el orden del 2 al 2,5 por ciento. "La economía sigue en un camino de crecimiento modesto y el último trimestre fue impulsado por avances en el gasto de los hogares y las empresas", dijo Gapen.

"La sorpresa vino en el área del comercio, donde parece que el crecimiento firme fuera de Estados Unidos y un dólar más débil fortaleció las exportaciones", agregó el analista. "Esto es un cambio respecto del año pasado, cuando el dólar más fuerte frenaba el crecimiento".

La Casa Blanca ha dicho que su meta a largo plazo de crecimiento es de 4% y Trump ha dicho repetidamente que la economía crecería más si se eliminara regulación y se endureciera la política comercial, como una manera de alentar a las compañías estadounidenses a fabricar más de sus productos en Estados Unidos.

Pero muchos economistas dicen que esa meta no es realista, por la existencia de factores fundamentales como una población envejecida y la jubilación de la generación del baby boom, junto con años de lentos avances en la productividad.

La última vez que el crecimiento económico anual superó en Estados Unidos el 4% fue en el año 2000, al final del boom alimentado por la tecnología de fines de la década de 1990. Desde entonces, el mejor desempeño de la economía de Estados Unidos se dio en 2005, justo antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. Entonces el crecimiento anual fue del 3,3 por ciento.

"Creceríamos ligeramente más que ahora si hubiese una reforma impositiva general y un programa de gasto en infraestructura a 10 años", sostuvo Gapen. "Eso podría llevarnos a un crecimiento del 2,5% al año o un poco más. Pero una tasa de 4% es muy improbable".

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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