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Una batería de anuncios y recortes pone fin a la luna de miel de Macron

logotipo de LA NACION LA NACION 06/08/2017

PARÍS.- Su estado de gracia duró apenas 80 días. Después de un comienzo triunfal, las dudas parecen apoderarse en Francia sobre la capacidad de Emmanuel Macron. La popularidad del presidente francés, que accedió al poder el 14 de mayo, se desplomó 10 puntos en el último mes debido a una serie de medidas impopulares que afectan los ingresos de la clase media y de los sectores más desfavorecidos.

Esa alarmante caída en los sondeos, la más fuerte en más de 20 años en el comienzo de un mandato, es incluso más profunda que la sufrida por el ex presidente François Hollande poco después de llegar al poder, en 2012.

Más grave aún: la desilusión parece apoderarse de sus propias tropas. Según el sitio Huffington Post, hubo una baja brutal de 14 puntos entre sus propios simpatizantes. Es decir, los miembros de su partido, La República en Marcha (LREM), y los centristas de UDI y del Modem.

Macron comenzó su presidencia con el anuncio de que, a diferencia de su predecesor, sería "un presidente jupiteriano", pero "su regreso a la atmósfera es brutal. Está enfrentando el recelo de varios sectores de la sociedad", estimó el director de encuestas del instituto de opinión Ifop, Jerome Fourquet.

Entre las causas del fin de la luna de miel se ubican en primera línea sus anunciados aumentos en materia fiscal, que afectan directamente a los jubilados; las medidas para reducir ventajas de los empleados públicos; la desconfianza que provoca la reforma del código de trabajo -en trámite parlamentario-, e incluso la crisis con el jefe del ejército, general François de Villiers, que tuvo que renunciar después de criticar los recortes de presupuesto.

Pero gran parte de las objeciones residen en que Macron ejercería "una presidencia basada en la comunicación", precisa Fourquet.

A ese signo negativo se suma la caída del índice de confianza del primer ministro, Édouard Philippe. Su popularidad disminuyó ocho puntos, al pasar de 64% a 56% en sólo 30 días.

Otra encuesta divulgada recientemente por el instituto Odoxa-Guibor reveló que la opinión pública confía en que la política económica probusiness de Macron será "eficaz para recuperar el país", pero -al mismo tiempo- tendrá "consecuencias desfavorables para los más desprotegidos".

El 64% de los encuestados afirma que las orientaciones definidas por Macron favorecen a los empresarios y altos ejecutivos y -en cambio- resultan socialmente injustas para los obreros, los jubilados y los desempleados, así como para los jóvenes. Todos esos sectores estiman que serán las principales víctimas de esa política, señala Odoxa-Guibor.

La primera prueba de fuego para el gobierno en materia social será la discusión parlamentaria sobre la reforma del código de trabajo, que acaba de comenzar en la Asamblea Nacional. Si bien Macron tiene suficiente mayoría en la Cámara baja como para obtener su aprobación, el trámite de esa ley podría dar lugar a ásperos debates y, posteriormente, a una fuerte protesta en la calle.

Marcron pierde popularidad por una batería de anuncios de su gestión © LA NACION Marcron pierde popularidad por una batería de anuncios de su gestión

Pero el gobierno tiene por delante un mes de relativa calma. Francia se encuentra en pleno período de vacaciones estivales, una tregua que se prolongará hasta casi fines de agosto. Los sindicatos y los partidos de izquierda anunciaron en todo caso que, una vez agotado ese plazo, volverán a movilizarse para oponerse a esa legislación.

Incluso en el plano internacional las gestiones de Macron no parecen dar los resultados esperados por el joven mandatario: anteayer, la administración Trump anunció ante las Naciones Unidas que Estados Unidos comenzará el proceso de retiro del Acuerdo de París sobre el clima. Esperando convencerlo de lo contrario, el presidente francés había invitado a su homólogo norteamericano a los festejos de la fiesta nacional del 14 de julio.

Tras esa operación de charme, Macron se declaró confiado en que Trump cambiaría de opinión. Pero -célebre por su rencor inextinguible- el jefe de la Casa Blanca podría no haber digerido los dos o tres gestos de impertinencia de su homólogo al inicio de su relación, como el célebre apretón de manos en Bruselas, que terminó transformado en una suerte de pulseada ganada por el francés delante de todas las cámaras del planeta.

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