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Una mochila negra, el nexo entre un robo en Caballito y dos narcopolicías

logotipo de Tiempo Argentino Tiempo Argentino 26/05/2014 Juan Diego Britos

 Las andanzas de Roberto "El Ninja" Mora, el ex comisario de la Policía Federal que el viernes pasado fue procesado con prisión preventiva junto a los policías Andrés Martínez y Daniela Cainzos, acusados de formar una asociación ilícita, son piezas dignas de un guión cinematográfico. Quizás haya sido la codicia lo que empujó a este oficial de alto rango a cometer delitos de todo tipo, al punto de intentar embaucar a la célula del Cártel de Sinaloa que había llegado a la Argentina para despachar más de dos toneladas de cocaína rumbo a México. Pero no sólo de mentiras audaces se llenaban los bolsillos de Mora, hoy alojado en la cárcel federal de Marcos Paz, mismo destino que padece su cómplice Martínez. También, en la alocada carrera por engordar el patrimonio personal con propiedades y camionetas de lujo, a las que hacía verificar en su propio garaje y no en las plantas verificadoras policiales como debe hacer cualquier ciudadano, se animó a encubrir los asaltos a mano armada que Martínez cometía junto a otros hombres, que no pudieron ser identificados por los investigadores del Juzgado Federal N°1 de San Isidro.

Uno de los hechos revelados en la causa Nº 31016298/2012, y que la Policía Federal jamás había podido esclarecer, es el extraño intento de robo que el 24 de abril de 2013 sufrió Roberto Stasi en su departamento del tercer piso del edificio de Pedro Goyena 1672, en Flores.      Esa madrugada, Stasi dormía junto a su esposa en la habitación matrimonial cuando lo despertaron ruidos extraños. El jubilado, que por entonces tenía 67 años, se levantó de la cama y en la oscuridad del feriado descubrió a un par de desconocidos que trataban de avanzar por el living sin hacer demasiado alboroto. "Estaba en la cama con mi señora –explicó Stasi en diálogo con Tiempo Argentino, asombrado por el desenlace de esta historia– cuando empezaron los ruidos. Me levanté y ya estaban adentro. Todavía no me explico cómo pudieron haber entrado. Pero ya pasó más de un año y la verdad es que prefiero olvidar lo que pasó después." "Lo que pasó después" dejó como recuerdo el aroma de la pólvora. Cuando Stasi se asomó a ver lo que pasaba, uno de los ladrones se abalanzó sobre él y disparó dos veces.  El anciano sorteó con éxito los balazos y respondió con el mismo tenor de los ladrones, que salieron tan rápido del departamento que olvidaron una mochila negra que en su interior guardaba un guante de tela, una pistolera interna también negra, una linterna, una cinta de embalar gris y ocho precintos plásticos. La investigación del intento de robo jamás llegó a buen puerto. Los oficiales de la Comisaría 12, que hallaron el bolso olvidado dentro del departamento de la víctima, no insistieron en resolver el asunto. Tuvo que pasar más de un año para que alguien se ocupara de la cuestión. Fue la jueza Sandra Arroyo Salgado, quien investigando un cargamento de droga que saldría de Jujuy rumbo a Buenos Aires, se topó con el comisario Mora y compañía. Durante el análisis de las escuchas telefónicas ordenadas por Arroyo Salgado, que además probó el vínculo de los policías con Matías Faubel, detenido por traficar cocaína junto al mexicano César Cornejo Miranda y otros empresarios argentinos, surgió el diálogo que puso al descubierto los alcances del poder criminal de los federales. "El tema es así. Tenía una llave de un lugar. Fuimos, yo me quedé a la vuelta pero cuando entró, el viejo le tiró un tiro, que le rozó el cuello. Él tiró dos tiros para poder irse y no le pegó al viejo. Encima dejaron una mochila con un par de precintos y la cinta, y justo en la esquina del lugar hay un domo", le dijo el cabo Martínez al comisario Mora, que fiel a su estilo, buscó serenar la inquietud de su hombre. "Sí sí, te entiendo, eso lo vamos a tener que ir a manejar allá. Depende quién es el pibe, si es uno como El Bocha hablo directamente", respondió el oficial, revelando que todo el tiempo había estado al tanto del robo. Con esta prueba, pero a ciegas de qué hecho se trataba, Arroyo Salgado tuvo que cruzar datos con juzgados porteños para enlazar a los policías corruptos con el robo fallido a Stasi. En este sentido, el fallo firmado por el subrogante Daniel Gutiérrez –la jueza pidió dos semanas de licencia luego procesar a Faubel y compañía–, es claro. "Frente a las concurrentes similitudes existentes entre el evento denunciado por Stasi y aquél en función del cual Martínez le solicitaba a Mora que averiguara si una cámara de seguridad pudo haber captado alguna imagen comprometedora; no queda más que concluir que efectivamente nos encontramos ante el mismo hecho", explicó Gutierrez. Sobre la participación  de Martínez en el caso, el juez señaló que "si bien no se encuentra determinado si participó de la tentativa de robo en cuestión, la elocuente descripción que brindó del evento y la circunstancia temporal en la que se comunicó con Mora solicitando su cobertura, resultan más que suficientes para tener por acreditadas las deliberadas conductas realizadas por los antes nombrados, tendientes a garantizar la impunidad de los autores de dicho acto delictivo". Lejos de los expedientes judiciales y los berretines de las rejas, con tono monocorde y amable, Roberto Stasi se limitó a sonreír al enterarse de la suerte que corrieron los policías que trataron de robarle y que casi lo matan. "Unos buenos muchachos", soltó con ironía, antes de despedirse y volver a sentarse a la mesa, donde su mujer lo esperaba.  «    

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