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Una puesta en escena para mantener en pie la frágil unidad interna

logotipo de LA NACION LA NACION 23/08/2017

El Escenario

La imagen de una multitud dispersa por la Plaza de Mayo contrasta con la señal de fortaleza que intentó enviar ayer un sector de la CGT. La protesta en las narices de la Casa Rosada para rechazar una eventual reforma laboral y defender el empleo genuino nació débil, sin consenso y lejos de una estrategia común. Ni siquiera estuvieron en el escenario los tres jefes de la central obrera, lo que refleja una división virtual.

La marcha se mantuvo a flote sólo para conservar la frágil unidad interna, en la que chocan dos posturas antagónicas que salen ahora más nítidas a la superficie: la más dura, que pretende definir la fecha de un paro nacional el 25 de septiembre, y otra más moderada, que apuesta a conservar el diálogo y la negociación con la Casa Rosada hasta después de las elecciones legislativas de octubre. Es una dicotomía histórica, que tuvo capítulos y protagonistas similares en tres de las últimas cuatro divisiones de la CGT que se encadenaron entre el menemismo y el kirchnerismo.

La protesta reflejó la avanzada de la tropa de Hugo Moyano para tomar el poder en soledad de la CGT. En el llano, miles de militantes de camioneros que no lograron garantizar una protesta en paz. En el palco, todos los integrantes del consejo directivo que responden a Moyano. Hubo excepciones aisladas: Andrés Rodríguez, Rodolfo Daer, Víctor Santamaría y Sergio Romero.

Juan Carlos Schmid, el representante de los Moyano en el triunvirato de mando y único orador, llamó a un comité central confederal para el 25 de septiembre. Es una manera de patear la interna y de explorar acuerdos intermedios con el Gobierno.

El confederal es una suerte de cabildo abierto en el que los gremios definirán si avanzan hacia un paro nacional que ya se vislumbra imposible. "Si no se define por consenso, se vota. Y la mayoría no quiere parar", echó por tierra la cruzada combativa un dirigente que lleva tres décadas en la cima de su organización gremial.

Más allá del ímpetu de Schmid y su voz trémula para animar una resistencia en contra de una reforma laboral, la madurez del paro será difícil. La medida la empujan el moyanismo, un raquítico sector del barrionuevismo y la Corriente Federal, que encabeza el bancario Sergio Palazzo. Ni "los Gordos" (grandes gremios de servicios), que no estuvieron ayer en el palco, ni los ferroviarios y colectiveros, dos gremios decisivos para garantizar una medida exitosa, avalarían una huelga antes de las elecciones del 22 de octubre.

El Gobierno sigue de cerca el ajedrez sindical y se siente victorioso en la pulseada. Desde lo escénico, avivó ayer la interna al divulgar una foto del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, reunido con los gremios de las 62 Organizaciones Peronistas, el oxidado brazo político que supo articular la CGT. E identificó a los convocantes de la marcha con el kirchnerismo sindical que encarnan los ceteístas Hugo Yasky y Roberto Baradel.

Números y promesas

Desde lo retórico, el Gobierno dio a conocer cifras de empleo que vislumbran un repunte en dosis homeopáticas (unos 93 trabajos registrados nuevos entre el sector público y privado) y convocó para hoy a los gremios para agilizar el reparto de $ 8000 millones de las obras sociales, la caja que más les importa a los jerarcas sindicales. El próximo paso sería una convocatoria a una mesa tripartita, con empresarios y con la CGT, según informaron a LA NACION fuentes oficiales y sindicales.

El presidente Mauricio Macri se fastidió muchísimo cuando se enteró de la movilización. El malestar bajó en los mensajes de uno de sus colaboradores: acusó de "hipócritas" a algunos sindicalistas que dicen respaldar al oficialismo, pero que se mostraron desafiantes en la marcha. Apuntó a Gerardo Martínez (Uocra), Andrés Rodríguez (UPCN) y José Luis Lingeri (AYSA), el sector autodenominado "independiente" que se caracterizó siempre por estar cerca del poder de turno.

El doble juego también acorrala al Gobierno. El oficialismo cuestionó a Pablo Moyano por su perfil combativo, pero Macri privilegió desde que llegó a la Casa Rosada a Hugo Moyano como su interlocutor sindical favorito. En sus charlas se habla de fútbol y hasta de la idea oficial de reducir costos laborales para facilitar la llegada de inversiones. También debaten sobre el futuro de OCA, la empresa postal que el jefe camionero considera propia. Se llevan bien desde que Macri era jefe de gobierno porteño.

"Hablan más de fútbol que de política", intentó minimizar la relación Macri-Moyano un ministro. Si el fútbol le abre a Moyano las puertas de Olivos, deberá entonces en unas semanas terminar con el misterio y anunciar que irá por la reelección en Independiente, la excusa perfecta para mantenerse influyente en lo más alto del poder.

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