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El enfermero que adoptó a un bebé abandonado: "Cuando abrió los ojos sentí que era su padre"

logotipo de Clarín Clarín 24/03/2019
Padre e hijo. Un amor incondicional. © Proporcionado por Arte Gráfico Editorial Argentino S.A. Padre e hijo. Un amor incondicional.

Una sola mirada puede cambiar la vida, una sola mirada puede dar el valor para hacer algo que no teníamos pensado, una sola mirada hizo que dos vidas se reunieran en un camino común. Esto le ocurrió a Matías Devicenzi, ahora con 31 años y enfermero especializado en neonatología, cuando sus ojos se cruzaron con los ojos de un bebé que estaba internado en la sala de neo del hospital en que trabaja y decidió adoptarlo.

Matías, que realiza reemplazos en el hospital del Este Eva Perón en el municipio de Banda del Río Salí, llegó un día de enero de 2017 a su trabajo, pero aquel día ocurrió algo que cambió sus plantes: no tenía pensado ser padre aún y pensaba poder viajar. Pero el destino juega sus cartas y cambia todo. Allí estaba Santino (no es su nombre real), un bebé que había sido abandonado en el centro médico y con un pronóstico complicado.

El enfermero se acercó a la cuna de plástico, miró la historia clínica: tenía problemas genéticos, malformaciones, deficiencia respiratoria y una enfermedad uronefrológica. El muchacho relata: “Me fui de vacaciones en febrero. Cuando regresé lo primero que hice es preguntar por el bebé y aun permanecía internado. Estaba en estado grave. Me acerco a la cuna, como hago con todos y me gusta hablarles, y le digo 'Si abrís los ojos te llevó a mi casa´”.

No terminó de decirlo y el pequeño lo miraba con dos enormes ojos negros pese a estar conectado a una serie de aparatos de soporte vital y que ayudaban a frágil cuerpito a seguir con vida. “No pensé más y me sentí que era su papá. Muchos se sorprendieron y otros me decían que estaba loco. ¡Cómo te vas a meter en algo así solo y a los 29 años! No me importó y comencé los trámites”, señala el emocionado padre.

Los primeros pasos fueron complicados no sabía nada sobre el proceso de adopción. Se inscribió en el registro de adopción. Luego se sometió a una serie de entrevistas sociales que fueron superadas y “reunía todos los requisitos para ser padre”, agrega. Santino había llegado a los cinco meses y su salud seguía grave. Tuvo que ser operado por un problema en la vejiga y “asumí que era su padre aún sin serlo. Le dije: ´acá estoy, vas a estar bien y vamos a ser felices juntos”.

Tras ello el pequeño fue llevado a la Sala Cuna y Matías no pudo verlo por dos meses. Pero el destino volvió a jugar sus cartas y el 12 de octubre de aquel año, precisamente el día del cumpleaños número 30 del enfermero, se le informó que le había sido concedida la guarda legal. El periodo de adaptación, de unas tres semanas normalmente, “se acortó a una por la por la gran conexión que teníamos” señala este muchacho que tiene 6 hermanos y 20 sobrinos. Santino presentaba un retraso madurativo y su papá lo llevó a estimulación temprana que junto al amor de toda la familia alcanzó rápidamente el nivel acorde a su edad.

Este padre con todas las letras, la adopción fue resuelta pocos días atrás, se mudó junto a su hijo y viven juntos en un pequeño monoambiente lleno de juguetes, donde la televisión solamente parece tener dibujos animados. Cuando Matías debe ir a su guardia, unas 15 al mes ya que no está nombrado aún en su trabajo, Santino va a la casa de la abuela. “Mi mamá está chocha, toda mi familia está contenta y todos lo cuidamos”, agrega el muchacho.

Santino tiene un solo riñón por lo que debe comer sin sal y debido a ello hasta la dieta de su padre cambió quien ahora cocina sin sal. “Es de buen comer, le gusta todo pero debemos respetar la dieta en cuanto a la sal”, indica el joven que ya realizó un viaje en avión a Buenos Aires junto a su hijo.

“Siento mucha emoción no puedo creer que estamos juntos. Estoy feliz. Él es un chico normal, tiene una gran fortaleza y lo admiró por que es un luchador”, expresa con orgullo Matías. El niño, que cumplió dos años, presenta una vitalidad y una fortaleza que hace olvidar el tremendo cuadro clínico que presentaba. Según su padre lo que más le gusta es “ir a la plaza” junto a los autos y los caballos, quizás en esto último tenga mucho ver el abuelo que le encantan y es “burrero” según una confidencia.

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