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No sin mi mascota (virtual): así es la vida de un coleccionista de Tamagotchis

logotipo de El Confidencial El Confidencial 15/07/2017 Álvaro Hernández

Llegaron hace dos décadas para conquistar el mundo desde Japón. Si ahora los ‘fidget spinners’ ocupan las manos de niños (y no tan niños), a mediados de la década de los 90 unas mascotas virtuales residentes en pequeños dispositivos con forma y tamaño de huevo se atrevieron a desafiar a los reyes del patio: los Tamagotchis sustituyeron a los tazos, ese invento que gozó de popularidad y aupó a la categoría de icono ‘pop’ al mismísimo Chiquito de la Calzada.

El éxito de aquel juguete comercializado por Bandai se fue igual que vino, y los Tamagotchis se quedaron habitando en la nostalgia de toda una generación. Sin embargo, si Nintendo rescató hace unos meses su NES con una versión Mini y Nokia ha hecho lo propio con su 3310 mientras en la televisión española se emitía el reencuentro de ‘Operación Triunfo’ y se anunciaba una nueva edición del ‘talent show’ (todo, absolutamente todo, vuelve), Bandai no se ha quedado atrás y ya existen nuevas versiones del Tamagotchi, que por el camino ha protagonizado de todo: juegos para Nintendo DS y Wii, una serie animada, una película y, cómo no, una ‘app’ lanzada hace un par de años que permite cuidar a una mascota virtual en la pantalla del móvil.

Sin embargo, para un grupo de amantes del juguete creado en 1996 por Aki Maita, la llama de los Tamagotchis no llegó a estar apagada jamás. De hecho, veinte años después, ellos siguen el camino que iniciaron entonces: mientras muchos están orgullosos de coleccionar sellos, soldaditos de plomo o cromos de la liga, ellos son coleccionistas de Tamagotchis.

“Tengo alrededor de unos 50”, cuenta a Teknautas uno de estos coleccionistas, que responde al ‘nick’ de psychotama en la comunidad de amantes de los Tamagotchis Tama Talk. Tras el avatar se encuentra un joven estadounidense, estudiante de conservatorio, que a sus 21 años cuenta ya con una colección de mascotas virtuales que él mismo valora en algo más de 1.500 euros. “Colecciono Tamagotchis porque me divierto mucho con ellos y aún encuentro nuevos diseños que me gustan, así que sigo coleccionando”, explica el joven coleccionista con sencillez.

Pensándolo ahora, es difícil recordar cuál era su atractivo: un garabato tirando a feo que vivía en un huevo y que requería tu atención a base de pitidos para que le alimentases o limpiases. Y aún así, todos tuvimos o quisimos uno. Incluso presumíamos de ellos: los llevábamos enganchados en las trabillas de los vaqueros, como un accesorio más. © Proporcionado por El Confidencial Pensándolo ahora, es difícil recordar cuál era su atractivo: un garabato tirando a feo que vivía en un huevo y que requería tu atención a base de pitidos para que le alimentases o limpiases. Y aún así, todos tuvimos o quisimos uno. Incluso presumíamos de ellos: los llevábamos enganchados en las trabillas de los vaqueros, como un accesorio más.

Lo paradójico de su colección está, precisamente, en la juventud del propietario. Él mismo cuenta que comenzó con solo 8 o 9 años. Por aquellos tiempos los Tamagotchis ya no estaban precisamente en la cresta de la ola; no obstante, eran ya un objeto de culto. De hecho, el propio psychotama afirma que en su colección hay ejemplares que cuestan alrededor de unos 150 euros. “Los Tamagotchis pueden ser muy costosos para los coleccionistas, dependiendo de la versión”, concreta. “El Devilgotchi es muy raro y por lo general cuesta alrededor de los 300 euros, mientras que el Tamagotchi Ocean podría costar entorno a los 500 o 600 euros”, enumera.

Efectivamente, y aunque muchos propietarios de un antiguo Tamagotchi desconozcan (o no recuerden) el vasto mundo creado por Bandai, el amplio abanico de personajes virtuales y carcasas creados por la compañía nipona hacen que el coleccionismo sea prácticamente infinito. Sin ir más lejos, se han comercializado más de medio centenar de versiones distintas del dispositivo, del que se han vendido a lo largo de estos 20 años más de 80 millones de unidades, según la propia empresa.

Un foro para presumir de colección

Ahora, psychotama recurre a TamaTalk para redactar, día a día, una suerte de diario en el que incluye el tiempo que le dedica a su colección de Tamagotchis. Acude a sus clases con varios de ellos, los sienta en su regazo y trata de cuidarlos mientras sigue el ritmo de su día a día. “Estoy deseando que llegue mañana porque tendré mucho tiempo para practicar (y, por supuesto, para pasar tiempo con mis ‘tamas’)”, escribe en una de las entregas de ese diario.

La comunidad nació en 2004 y es una muestra de que los amantes de los Tamagotchis no son cuatro gatos, precisamente. De hecho, según el creador y administrador del foro (un norteamericano de más de 30 años con hijos que prefiere mantenerse en el anonimato), TamaTalk está habitado por cerca de 100.000 usuarios registrados “y muchos más ‘invitados’ que no se registran”.

“La gente puede encontrar información sobre Tamagotchi y otras mascotas virtuales”, cuenta el administrador a Teknautas. “Tenemos áreas para discutir consejos y trucos y zonas para guardar diarios sobre el cuidado de nuestras mascotas”, describe. Él mismo confiesa tener una caja llena de los Tamagotchis que ha ido coleccionando en estas últimas décadas. El trabajo, su familia y el propio tiempo que le dedica a la gestión de la comunidad hacen que ya no pueda cuidar de mascotas virtuales, y ni tan siquiera sabe a ciencia cierta cuántos tiene en su poder.

De lo que sí parece estar seguro es del motivo por el cual, dos décadas más tarde, el Tamagotchi resurge de sus cenizas y aún goza de éxito (con ejército de coleccionistas incluido). “Las mascotas virtuales responden a la necesidad que tenemos las personas de disfrutar cuidando a algo o a alguien”, plantea. No obstante, no es la única razón que señala: “Algunas personas tienen nostalgia de su juventud y, para otros, se trata de un descubrimiento novedoso”. Según él, el hecho de tener un objeto físico entre las manos diferencia a los Tamagotchis originales de otros intentos en formato ‘app’ que, en realidad, son exactamente lo mismo pero metido en la pantalla de un teléfono móvil.

Por su parte, psychotama explica que el hecho de que salgan versiones nuevas constantemente explica que el de los Tamagotchis sea un universo prácticamente infinito. “Han evolucionado mucho desde el original: ahora están a color y son capaces de interactuar entre sí”, comenta.

Aunque formen parte de dos generaciones distintas, son conscientes de que comparten un gusto que puede parecer un tanto extravagante a ojos extraños. “Seguro que hay personas que piensan que mi colección es una locura, pero todo el mundo tiene cosas que le apasionan”, argumenta psychotama.

“¿Quién no ha tenido algo de su pasado que todavía le encanta incluso cuando a los demás no les parece apasionante?”, se pregunta, por su parte, el orgulloso padre de la comunidad. Ya sea por nostalgia o por estar en constante evolución, lo cierto es que los Tamagotchis nunca llegaron a irse: sus coleccionistas siempre velaron por su supervivencia fuera de ese rincón llamado memoria.

© Externa

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